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Seguridad Colectiva y Defensa Nacional.

 

 Expertos

Rafael Vidal Delgado

Coronel de Artillería(R)
Diplomado de Estado Mayor
Doctor en Historia por la Universidad de Granada

Diplomado y profesor del Master Ejecutivo en Dirección de Seguridad Global (MEDSEG)
Diplomado y profesor principal del Master Ejecutivo en Dirección de Sistemas de Emergencia (MEDSEM)
Asesor de Planificación Estratégica de Belt Ibérica, S.A.

BELT IBÉRICA S.A.
rvidal@belt.es

Héroe o Villano


La muerte en acto de servicio del comandante de la Guardia Civil, don Gonzalo Pérez García, marca un hito muy importante en el papel de España en el mundo y las misiones que deben asumir las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado o al menos una parte significativa de ellas.

Al margen de consideraciones políticas si era conveniente o no la intervención española en tareas humanitarias y de reconstrucción del país y, de apoyo explícito a la acción militar interaliada, es una realidad que fuerzas militares españolas se encuentran en dicho país, con unas funciones cuanto menos confusas, porque al mismo tiempo que forman a los nuevos cuerpos de policía iraquí, reconstruyen las infraestructuras vitales, dotan de elementos educativos los centros de enseñanza, proporcionan seguridad militar a la zona territorial, prestan apoyo a la nueva administración iraquí, y un largo etcétera, al mismo tiempo ejercen misiones cuasipoliciales, para las cuales no están preparados nuestros magníficos soldados profesionales.

En la organización del contingente español se barajó la conveniencia de incluir una unidad de la Guardia Civil, precisamente para que se pudieran asumir esas funciones policiales, que en un país desestructurado y con fuertes tensiones sociales y religiosas era inevitables. Pero el gobierno, que asumió planteamientos internacionales, muy contestados por la oposición política y por una parte considerable de la sociedad española, no se atrevió a ello, inmerso además en un debate cíclico y a mi entender inútil y perjudicial, de la desmilitarización de la Guardia Civil y su posible unificación con el Cuerpo nacional de Policía. Por ello se organizó la brigada española con unidades estrictamente militares, sin dotarla siquiera de una sección de la Guardia Civil, a modo de policía militar, incluyendo exclusivamente algunos mandos de dicho Cuerpo, como el comandante Pérez García, con misiones de asesoramiento en seguridad ciudadana, tanto al general español como a las autoridades políticas iraquíes.

Desde el primer momento se pudo comprobar que la zona asignada a España tenía sus propias peculiaridades: territorio chiíta; no existían confrontaciones importantes entre los seguidores del antiguo régimen y las nuevas autoridades; necesidad urgentes de reconstrucciones; buena sintonía entre los españoles y la población y sus dirigentes; y una inseguridad ciudadana, principalmente de noche y en determinadas áreas, que iba a ser precisamente el caballo de batalla de todo el conjunto.

Se reorganiza de la forma más rápida posible a la policía iraquí, con las vulnerabilidades que ello conlleva al poder quedar impregnada de elementos afines a Sadam Hussein y por tanto hostiles y fuentes de información para el enemigo. El sistema usual de atajar el mal: rodear la “zona de la redada” de fuerzas militares, para evitar fugas de los malhechores y penetración de la policía para registros y detención de delincuentes, acción efectuada con el acompañamiento de un mando de la Guardia Civil.

Aquella noche fatídica la operación se llevaba a cabo de la misma manera, pero los delincuentes pueden huir del cerco, ante ello la unidad militar de acompañamiento se retira al campamento, persiguiéndo a los huídos la policía iraquí. ¿Podía el comandante Pérez García regresar al campamento base?, desde luego que sí, pero si ello hubiera hecho él mismo sentiría que estaba traicionando al espíritu del Cuerpo de la Guardia Civil, cuyo himno describe con palabras hermosas y emotivas. No, un guardia civil, con su firmeza, constancia, honor y lealtad, intenta erradicar el mal allí donde se encuentra, para que como dice el himno, se pueda cultivar la tierra y la Patria goce de calma.

España está asumiendo planteamientos internacionales, y la Guardia Civil, lo mismo que prometió se “guarda fiel de España entera”, ha prometido en su interior ser guarda de las gentes allí donde se encuentre. Por eso el comandante Pérez García no se podía comportar como un villano abandonando a su suerte a los policías iraquíes y permitir que los delincuentes siguieran haciendo fechorías, y se comportó como un héroe, como lo hacen la mayoría de los integrantes del Cuerpo cuando se reclama su servicio a la comunidad. Por eso la Guardia Civil se encuentra cerca del corazón de todos los españoles de bien. Descansa en paz, Gonzalo Pérez García.


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Fuente: Belt Ibérica S.A.
Fecha: 11/02/2004

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