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Rod Eddington
Consejero Delegado de British Airways
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Seguridad aérea y armas en los aviones
Mi lema ha sido que las armas y los aviones no deben mezclarse. sin embargo, acepto que, dadas las circunstancias actuales, un oficial de policía armado viaje a bordo de un avión concreto, pudiendo ser útil para la seguridad aérea
Mucho ha cambiado el mundo de la aviación desde que uní al sector por primera vez a finales de los 70. Sin embargo, mi prioridad de todos los días no ha cambiado: mantener la aeronave a salvo.
Habiendo mantenido mi carrera fiel a este mantra, ustedes comprenderán por qué yo y mis compañeros de British Airways estamos especialmente interesados en el debate actual que suscitan los oficiales aéreos.
Mi postura, desde el principio ha sido la de las armas y los aviones no deben mezclarse. Sin embargo, acepto que, dadas las circunstancias actuales, un oficial de policía armado viaje a bordo de un avión concreto, pudiendo ser útil para la seguridad aérea.
Nuestra postura en British Airways es que si, de hecho, un oficial de policía armado y a bordo, puede garantizar la seguridad en un vuelo concreto, estamos dispuestos a aceptarlo. Igualmente, seguimos pensando que si existe cualquier duda respecto a la seguridad de un vuelo concreto, sencillamente, no se lleva a cabo ese vuelo, cosa que ya hemos demostrado con las recientes cancelaciones.
Para cumplir las duras normas que nosotros mismos hemos trazado, el despliegue efectivo y seguro de oficiales aéreos armados han de reunir una serie de criterios específicos. El tema central es, para nosotros, relativamente simple pero con soluciones potencialmente complejas. Todo lo relativo a la seguridad del aeropuerto que gestionamos está diseñado para mantener las armas alejadas de la aviación comercial. Por eso, ahora tenemos que encontrar una forma de llevarlas a bordo con seguridad y, sobre todo, que no comprometa la naturaleza secreta del despliegue de oficiales aéreos. Por razones obvias, no es apropiado revelar los asuntos importantes y las medidas.
Dentro de British Airways, un equipo de altos directivos de los departamentos de seguridad y operaciones de vuelo está diseñando un protocolo para el despliegue de oficiales aéreos que, creemos, trabajarán para nuestros pasajeros y nuestra tripulación. Por supuesto, también pueden aceptarse en el Departamento de Transporte.
Tengo que decir que estoy impresionado por cómo el Ministro de Transporte Alistair Darling ha abordado o que, sin duda, es un tema espinoso. Ha adoptado una visión madura y comedida, además de demostrar verdadero liderazgo mientras, bajo con cierta presión, alivia las preocupaciones generadas tanto por el sector de la aviación como por el público. Los temas que con él suscitó Jim McAuslan, secretario general del Sindicato de Pilotos Balpa, dio lugar a importantes preocupaciones en todo el sector.
El reciente aumento del estado de alerta de EEUU ha conllevado una serie de interesantes lecciones. Por razones de seguridad, la semana pasada, las autoridades estadounidenses tuvieron que examinar la lista de pasajeros de uno de nuestros vuelos de Washington, el BA223. Se trataba de la ampliación de las normas del Sistema de Información de Pasajeros Avanzada (APIS) que ahora son un requisito que establece EEUU para todas las compañías aéreas. Esto supone un retraso diario de hasta tres horas para los pasajeros de este vuelo tras haber subido a bordo.
Soy un fan de la vigilancia y British Airways no hace apología de sus estrictas medidas de seguridad. Nuestros clientes las esperan y reconocen que BA significa, en parte, seguridad. Pero tampoco soy un fan de una burocracia innecesaria. Los retrasos de la semana pasada se debían, en parte, al hecho de que un total de veintidós agencias distintas pedían una razón para examinar la lista de pasajeros. Sin reducir en absoluto el nivel de minuciosidad de las comprobaciones, ahora trabajamos con el Gobierno de EEUU para coordinar, en el futuro, este proceso sin comprometer dicho nivel de minuciosidad. Nuestros cliente, sean de Reino Unido, Europa, EEUU o cualquier otra parte, han reaccionado con un notable estoicismo ante estos últimos acontecimientos. En lugar de criticar las comprobaciones extra, éstas las han reforzado. Además, hemos visto un escaso impacto en las reservas subsiguientes.
Los pasajeros me dicen que se sienten animados por lo que ven a bordo de nuestros aviones. Fuimos la primera aerolínea que instaló puertas de seguridad en las cabinas de los pilotos y televisiones en circuito cerrado que uniesen la cabina del piloto y la de la tripulación. Nuestra tripulación está entrenada para tratar cualquier eventualidad. Nuestro gasto extra al año en seguridad desde el 11-S alcanza los cien millones de libras y éste está aumentando a medida que encontramos innovadores métodos para seguir minimizando los riesgos de nuestras aeronaves y pasajeros. Parte de nuestras recientes alertas de seguridad han sido una mezcla de lo serio y lo surrealista, como el vuelo de Air France a Los Angeles, que se canceló debido a que el nombre de una niña de 5 años que tenía que volar era similar al de un terrorista sospechoso.
Falsa alarma
En octubre de 2002, la Fuerza Aérea Real mezcló dos Tornados, aviones de caza a reacción, con dirección a Heathrow, cuando se temía que nuestro servicio de Baltimore, a punto de llegar, era objeto de un intento de secuestro.
La alerta se produjo después de que el capitán informara al Control de Tráfico Aéreo de que un pasajero había oído a dos hombres que estaban a bordo, agitadamente, tener la siguiente conversación:
Primer hombre: “¿Es la hora correcta?”.
Segundo hombre:”Hemos estado esperando esto durante seis meses, hagámoslo”.
Primer hombre:” ¿Seguro?”.
Segundo hombre: “Hagámoslo ahora”.
Un pasajero nervioso, sentado detrás de los hombres, les oyó, se alarmó, alertó a la tripulación y el incidente trascendió.
De hecho, los dos hombres eran un padre y un hijo estadounidenses que estaban debatiendo las ventajas de una reunión familiar con una tía perdida, desde hace tiempo, en Inglaterra. El padre pensaba que era una gran idea y el hijo no estaba tan convencido. Alerta de secuestro. Alguno que otro se sonrojó pero el asunto acabó bien.
¿Tuvo reacción inapropiada? En retrospectiva, si. ¿Es preferible no decir nada ante un posible peligro? En absoluto.
A medida que todos nos hacemos a la nueva realidad en materia de seguridad aérea, sé que la seguridad sigue siendo nuestra prioridad más absoluta. Me siento cómodo con eso, al igual que los clientes de British Airways deberían sentirse.