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Dirección y Gestión de la Seguridad Global.

 

 Expertos

Isaac Martín Barbero


Técnico comercial y economista del Estado.

Economía del terrorismo y contraterrorismo económico


En estos días, en los que en el ámbito internacional se suceden las atrocidades terroristas, abundan los análisis políticos, históricos y sociales. Por contra, las referencias a las consecuencias y efectos económicos de estos ataques son raras. Además de raras, esperemos que sean escasas. Esto es, confiemos en que su ausencia no responda a la falta de interés. El terrorismo tiene implicaciones económicas sectoriales, nacionales y globales.

Dado que el terrorismo se materializa a través de acciones criminales contra «blancos de oportunidad», necesariamente los espacios y actividades de convivencia se resentirán. Las empresas vinculadas al turismo y el esparcimiento quedan especialmente expuestas.Así, por ejemplo, los transportistas acusarán la acumulación de impactos negativos que el terrorismo origina en su actividad (retracción de la demanda, elevación de los costes de los seguros obligatorios o encarecimiento de la financiación en una industria intensiva en capital).

Asimismo, puesto que el terrorismo impone la amenaza de futuras tragedias, las empresas encargadas de gestionar el riesgo (aseguradoras) y aquellas otras que tienen en la confianza una de sus materias primas fundamentales (bancos y servicios financieros) se verán particularmente afectadas.
La elevación de la prima de riesgo originada por los ataques terroristas tiene importantes repercusiones. En las inversiones financieras y reales se producen importantes movimientos derivados de una generalizada huída hacia la calidad. Con carácter general, la renta variable y la renta fija verán lastradas sus cotizaciones.El acceso de los sectores privado y público a la financiación quedará encarecido o recortado, según los casos. El consumo se verá dañado por el efecto combinado de la caída del valor de los activos en los que el público tiene depositada su riqueza, y el repunte de los factores de descuento.

Por si lo anterior no fuera suficiente, la proliferación de controles dirigidos a prevenir sabotajes y ataques terroristas originará una pérdida de eficacia en la asignación de los recursos.

Las mayores exigencias de información, el racionamiento de la financiación, el encarecimiento de portes y fletes, el endurecimiento de la regulación, el mantenimiento de mayores niveles de inventarios o la ralentización del tráfico de personas tendrán el efecto equivalente al establecimiento de un impuesto sobre la economía global pero con la particularidad de que no se generará recaudación.En todos los casos, se trata de elementos que invierten el sentido de la marcha de la economía mundial durante las últimas décadas y que resultarán en pérdida de productividad y recortes de los niveles de crecimiento potencial.

En definitiva, con los mismos recursos alcanzaremos menos producción gracias a la mano invisible del terror.

Además de contraerse el producto nacional, una parte mayor de éste deberá asignarse a actividades de seguridad que, aunque absolutamente esenciales, no contribuyen a incrementar ni la calidad ni la cantidad de bienes accesibles al público, con anterioridad a la irrupción de la amenaza terrorista.

De todo lo anterior se deduce que el terrorismo suscita riesgos económicos globales:

1. Dado el papel que el turismo juega en los países periféricos como instrumento de reequilibrio económico, modernización social y generación de empleo, un fuerte retroceso del mismo afectará de manera especial a los que más podían aprovecharse de él.

2. El encarecimiento de los transportes afectará a los países pobres de modo especial. En el caso de sus exportaciones, generalmente de bienes de bajo valor unitario, la subida de los fletes encarecerá más que proporcionalmente sus productos. Cuando estos mismos países intenten mantener sus importaciones de bienes, ahora encarecidos, sus cuentas exteriores se resentirán. Con frecuencia, al añadirse este hecho a desequilibrios estructurales y a mayores dificultades de financiación, las consecuencias económicas pueden ser severas.

3. Otro ámbito particularmente vulnerable a los efectos de la actividad terrorista es el de las infraestructuras energéticas.Estas afrontarán simultáneamente dificultades para su financiación, elevación de los costes de aseguramiento, y posibles replanteamientos geoestratégicos. Las consecuencias de esta situación para el abastecimiento energético global son bastante inciertas.

4. Dada la superior movilidad del capital y del trabajo más cualificado, allí donde el fenómeno terrorista sea particularmente intenso, además de mayores dificultades para captar recursos de otras latitudes, se registrarán salidas de los segmentos más rentables de sus factores productivos.

5. El recrudecimiento del terrorismo internacional producirá una mayor concentración de los flujos de capitales en destinos considerados centrales, o de mayor seguridad (jurídica y política) y liquidez financiera.

Consecuentemente, ante el asentamiento de una amenaza terrorista global, el reforzamiento de la política de ayuda al desarrollo constituye un poderoso instrumento contraterrorista. El terrorismo, en ausencia de políticas decididas, traerá a los países pobres más hambre, menos estabilidad macroeconómica y menos intercambios comerciales.

Una apuesta decidida por la lucha contra la pobreza, constituiría un magnífico instrumento para elevar el coste de oportunidad (el sacrificio implícito en una determinada elección) de los potenciales terroristas del mañana y contribuiría decisivamente a socavar la receptividad de muchos ante el credo del odio y la destrucción.

Mi impresión personal es que los terroristas intuyen todo lo anterior. Sospecho que han hechos sus cálculos partiendo de la convicción de que, en este campo, no seremos capaces de desplegar una «estrategia preventiva» global y eficaz.

 


Fuente: www.elmundo.es
Fecha: 06/01/2004

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