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Seguridad Colectiva y Defensa Nacional.

 

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Wesley Clark


Ex comandante en jefe de las fuerzas de la OTAN

Bush debe mirar más allá de esta guerra


Tony Blair y George W. Bush han discutido en Camp David las actividades que habrán de emprenderse en la posguerra. Y está muy bien que lo hagan, porque tenemos que enfrentarnos a la realidad: la posguerra en Irak va a ser un problema real y Naciones Unidas deberá desempeñar un papel protagonista a la hora de resolverlo.

Hasta ahora, no se han rendido esos cientos de miles de soldados iraquíes, como se suponía. En el sur, tampoco se han producido los previstos levantamientos masivos de la población para acabar con el régimen de Sadam Husein. Nuestro poderío aéreo no ha conseguido todavía destruir el régimen iraquí ni ha logrado empujar a todas las unidades iraquíes hacia campo abierto, en pleno desierto.Empero, la operación está, esencialmente, siguiendo el curso previsto.

Las fuerzas aéreas están operando eficientemente y, paso a paso, las armas de precisión están destrozando los objetivos iraquíes previamente establecidos: defensas aéreas, centros de mando, comunicaciones y arsenales.
Los dispositivos de interceptación e interferencia del sistema GPS, presuntamente suministrados por Rusia, no parecen haber tenido ningún impacto sobre las operaciones, como tampoco han resultado efectivas las baterías antiaéreas iraquíes. Las fuerzas de EEUU y de Gran Bretaña se han estado desplazando a voluntad, sin sufrir un número de bajas significativo.
Se han asegurado los yacimientos petrolíferos del sur del país y se han neutralizado -hasta ahora- los posibles ataques por medio de misiles Scud contra Israel controlando, para ello, aeródromos y territorios clave en el oeste de Irak.

Por otra parte, tenemos el asunto del establecimiento de unas líneas de suministro lo suficientemente amplias. En este sentido, lo único que tenemos que hacer es limpiar las rutas de abastecimiento y mantenerlas convenientemente despejadas. Lo que no resultaría suficiente sería limitarnos a contestar el fuego enemigo tras caer en una serie de emboscadas. En lugar de esto, es preciso que llevemos a cabo un trabajo paciente en el interior de unas áreas bien definidas. Disponemos de las fuerzas suficientes como para establecer un área de seguridad en la retaguardia, aunque esto pudiera suponer tener que librar algunos combates en zonas urbanas cerca de Bagdad.
En consecuencia, tendremos que ser pacientes, porque todo ataque de artillería sobre las ciudades originaría enemigos a los que habría que enfrentarse en la posguerra. Es necesario que trabajemos sobre el terreno, manteniendo aislada, por una parte, a la población civil y asegurándonos de que se encuentra a salvo y, por otra, deteniendo a ese tipo de civiles que muy bien podrían formar parte de las fuerzas de Sadam. Además, es de esperar que seamos capaces de reducir, hasta unos términos de mero trámite táctico, el fuego procedente de francotiradores.

Pero hay una cuestión clave desde el punto de vista militar, y que en última instancia va a ser la que determine el desarrollo de esta campaña, que sigue sin obtener una respuesta adecuada: ¿será nuestra abrumadora superioridad aérea capaz de ser efectiva a la hora de acabar con la Guardia Republicana? Si los A-10, los Harrier y los Apache son realmente eficaces, la Guardia Republicana se vendrá abajo en tan sólo unos cuantos días. Pero, en el caso de que los iraquíes hubieran aprendido la lección de los serbios en Kosovo -dispersar, esconder y proteger sus fuerzas de tierra frente a los ataques aéreos- y sean capaces de resistir los proyectiles tierra-tierra de las fuerzas de Estados Unidos, entonces la batalla para entrar en Bagdad va a ser mucho más ardua. En tal caso, las fuerzas de la coalición se verán obligadas a avanzar cautelosamente -y a veces a pie- con el fin de dar con los objetivos precisos para la artillería, los helicópteros y la fuerza aérea, a luchar kilómetro a kilómetro para conquistar cada palmo de terreno y, en consecuencia, a pagar un alto precio en bajas por cada error cometido, por muy leve que éste sea.

En tales circunstancias, se producirían movimientos casa por casa y movimientos de retorno a las áreas ya controladas que nos obligarían a bloquear el tráfico de civiles. Con los uniformes de protección frente a ataques químicos ya muy usados, probablemente seríamos mucho más vulnerables ante cualquier ataque iraquí con armas químicas que eventualmente pudiera producirse. Y si el número de bajas en nuestras filas comienza a aumentar, el ritmo de avance se vería sensiblemente ralentizado. En este caso, necesitaríamos disponer de más fuerzas, lo cual, a su vez, supondría un retraso de semanas.

Pero, si bien es aún pronto para hacer reclamaciones de orden estratégico, no resulta demasiado precipitado comenzar a trabajar sobre los problemas que habrán de surgir durante el periodo de posguerra. Porque, al final, se demostrará que esta guerra ha sido una guerra política, además de militar. Si los esfuerzos que se lleven a cabo en la posguerra son los correctos, se habrá logrado cercenar, muy notablemente, tanto los nacionalismos árabes como los sentimientos antinorteamericanos.

Y es en este ámbito donde el premier británico va a ser, una vez más, un aliado indispensable.

 


Fuente: www.elmundo.es
Fecha: 28/03/2003

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