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Seguridad Pública y Protección Civil.

 

Expertos

Juan Velarde Fuertes


Catedrático de Estructura Económica de la Universidad Complutense de Madrid.

La Economía y el 11-M


Las situaciones bélicas actuales nada tienen que ver ni con las contiendas nacionalistas que concluyen en 1945 ni menos aún con las pugnas medievales. Todo es diferente actualmente. La Guerra Fría fue un arquetipo de este nuevo planteamiento polemológico. Se declaró ésta tras el alzamiento comunista de los «kapetanios» griegos, que estuvo a punto de triunfar como nos señaló en 1968 el general Manuel Díez-Alegría en su discurso de ingreso en la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, «Reforma y sociedad: un enfoque actual del problema externo de los ejércitos». Se inició esta contienda, para mostrar cómo todo había cambiado, sencillamente con un artículo firmado por X -en realidad su autor era el funcionario del Departamento de Estado norteamericano George Keenan-, aparecido en la revista «Foreign Affairs». El final de la Guerra Fría fue, asimismo, poquísimo convencional: los berlineses se cansaron, y comenzaron a demoler el Muro de Berlín en octubre de 1989.

El año 2001, el 11-S se inició otra nueva situación bélica, con la destrucción de las Torres Gemelas en Nueva York, el ataque al Pentágono en Washington y otras agresiones. Derrotado el comunismo ha surgido, para el mundo occidental, otro enemigo muy poderoso que ha comenzado a actuar como Gustavo de Aristegui señala en su artículo «Terrorismo y armas no convencionales», en «Política Exterior», marzo-abril de 2004: «El nuevo terrorismo es ideológico-religioso, o si se quiere, de inestabilidad y dominio geoestratégico con cobertura o excusa religiosa. El fundamento de su liderazgo es «espiritual», goza de fuentes más diversificadas de financiación, tiene mayor flexibilidad operativa, fomenta formas temerarias de actuación, incluidos los ataques suicidas, y ha adquirido una profunda capacidad de desestabilización... La disuasión armada es imposible en los muchos focos de tensión que hay en el mundo, sobre todo en Oriente Próximo... El mayor riesgo real es la posible combinación entre el terrorismo y las armas no convencionales. Un ataque químico, bacteriológico o nuclear táctico, en un puerto, aeropuerto o en el centro urbano de alguna ciudad, tendría implicaciones catastróficas para nuestra civilización. Afectaría de forma grave al comercio mundial, a los viajes, al turismo, y a un principio fundamental de la economía como es la confianza».

España, el 11-M ha experimentado una acción terrorista de este tipo. Ya sabíamos, por desgracia, bastante de lo que significan las consecuencias económicas del terror por padecer las acciones de ETA. Bien reciente está la publicación del libro dirigido por Mikel Buesa Blanco «Economía de la secesión. El proyecto nacionalista y el País Vasco» (Instituto de Estudios Fiscales, 2004), que expone, bajo el epígrafe «Inversión productiva y actividad terrorista» algunas de estas cuestiones, en el capítulo de Rafael Myro, Alberto Colino y Patricio Pérez, «Crecimiento económico y conflicto social en el País Vasco». También a eso se refiere el artículo de A. Abadie y J. Gardeazábal, «The economic costs of conflict: a case study of the Basque Country», publicado en «The American Economic Review», marzo 2003. Pero esta acción etarra, al circunscribirse a una acción nacionalista muy concreta, si bien se proyectaba regionalmente con mucha fuerza, no tenía trascendencia internacional.

El conflicto actual es muy serio y va en aumento. Acabamos de sufrirlo los españoles el 11-M y sus bases islámicas -y al mismo tiempo, con muy valiosas referencias bibliográficas recientes-, acaban de ser ofrecidas en un valioso artículo, «Islamismo: una espiral, inquietante: Cuando el choque se llama desencuentro», publicado por Serafín Fanjul en «Blanco y Negro Cultural», 27 de marzo de 2004. Tampoco es posible olvidar el brillante, y ahora vemos que profético, ensayo de Fabián Estapé sobre los planteamientos premonitorios de Ibn Jaldún. Ha quedado claro que lo que, definitivamente, se ha abierto en Madrid, es una «nueva Guerra Fría». Hay que estar de acuerdo con Bruce Hussbaum y su excelente artículo «Fighting a New Cold War. The U. S. and Europe must commit to a global offensive to defeat terrorism akin to the decades-long battle against communism», publicado en «Business Week» el 29 marzo 2004, en línea con lo que, como comentario inmediato al 11 de marzo de 2004 se escribió en «Le Monde»: «Los europeos pueden ahora ser obligados a admitir que ha sido declarada una nueva forma de guerra mundial». Uno de sus focos principales ha pasado a ser el Mediterráneo.

Mas he aquí que este mar es, actualmente, uno de los puntales básicos de la economía española. Expliquémoslo. El nuestro es un país ávido consumidor de energía importada. La recibe en buena medida por ese mar. El tráfico creciente de tres grandes puertos españoles -Algeciras, Valencia y Barcelona, aparte del papel creciente de Cartagena-, está ligado a la paz en el Mediterráneo. El turismo, desde la Costa del Sol a la Costa Brava, más el complemento de Baleares, a él esta ligado. Y además, España es fronteriza desde la Península, Canarias, Ceuta y Melilla, a focos muy peligrosos de acción ofensiva en esta II Guerra Fría. Simultáneamente, no es posible dejar a un lado cuestiones tan importantes como, en este mundo globalizado, las que plantea Primo González en su artículo «El dinero busca refugio tras el 11-M. Los fondos huyen de la Bolsa tras los atentados. 2000 millones de euros se mueven hacia productos conservadores», publicado en «Cinco Días» el 27 de marzo de 2004. Todo ello se complementa, en la misma publicación y el mismo día con el excelente trabajo de David E. Díez, «La Bolsa se instala en la volatilidad. Warrants y futuros, grandes beneficiarios». Conviene recordar que este camino concreto, si continúa, siempre con subidas en los tipos de interés, genera freno a las inversiones -concretamente en construcción y energía- y menor desarrollo económico.

La panoplia de reacciones a tener es muy variada. Desde apertura de los mercados europeos al libre comercio con los del Norte de África, a la presencia de fuerzas armadas, en colaboración con todos los afectados -norteamericanos y europeos en cabeza-, en las áreas de riesgo, desde Palestina a Pakistán; desde ayudas económicas a estos pueblos -para lo que es imprescindible, por la carga que se adivina a causa de las nuevas incorporaciones a la Unión Europea, ayuda económica complementaria norteamericana- hasta generosidades con los inmigrantes. Todo menos contribuir en política a consolidar lo que es para Claude Imbert, en «Pour qui sonne le glas», en «Le Point» de 18 de marzo de 2004 «la primera e inquietante victoria del terrorismo»: haber logrado derrotar políticamente a Aznar, aunque, según Imbert «La Historia le devolverá los laureles que Al-Qaida le arrebata»

 


Fuente: www.abc.es
Fecha: 05/04/2004

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