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Seguridad Colectiva y Defensa Nacional.

 

 Expertos

Francisco L. De Sepúlveda


General y Periodista

De las matanzas a "Zero Deaths"


Hoy por hoy no cabe imaginar otra batalla comparable al desembarco de Normandía. La enorme concentración de fuerzas atacantes, atraería armas nucleares. Las tropas aliadas acumularon en el sur de Inglaterra una fuerza próxima a un millón y medio de hombres, para abrir un nuevo frente en el que ejército alemán disponía de cerca de 1.900.000 efectivos. El Día D, fueron 150.000 los hombres que cruzaron el Canal de la Mancha, para desembarcar en las playas de Normandía o lanzarse en paracaídas, con el apoyo de la mayor flota jamás vista, formada por 5.400 naves de guerra, contando las lanchas anfibias, y más de 12.000 aviones. Sólo en la primera jornada de combates los aliados sufrieron 9.400 bajas, de las cuales 3.000 fueron muertos.

Para ver en directo la impresionante dureza de aquella batalla, similar a muchas otras en las dos guerras mundiales, basta contemplar las secuencias inicial y final de la innovadora película 'Salvar al soldado Ryan'. Por otra parte, un choque de tal envergadura resulta imposible tras la desaparición del Pacto de Varsovia.Asia y el Pacífico pueden deparar sorpresas, difíciles de concretar en tanto EEUU siga ejerciendo de potencia hegemónica única.

Las horribles matanzas cometidas en el siglo XX dieron lugar a una evolución del pensamiento humano y social contra la guerra en los países desarrollados.

Recordemos para arropar tal evolución que en la I Guerra Mundial murieron en los frentes 5,2 millones de combatientes del bando aliado y 3,4 millones de las potencias centrales. En la II Guerra Mundial, 44 millones de aliados y 11 del Eje. Por primera vez en la Historia, tras este último conflicto global se recogieron datos aproximados sobre personas civiles fallecidas por causas relacionadas con la guerra: unos 55 millones.

Unas matanzas organizadas y legalizadas oficialmente, con represalias patibularias para algunos dirigentes perdedores, que hicieron reflexionar al mundo occidental. Desde 1945 hasta el desplome del comunismo, la paz entre los poderosos se mantuvo gracias al equilibrio y la amenaza nuclear. Ello no impidió que la descolonización y las pugnas de influencia de los grandes bandos en el mundo no desarrollado crearan gran número de conflictos locales y tribales con millones de víctimas raramente bien contabilizadas. Al extenderse algunos de estos conflictos, en especial en los Balcanes y Oriente Medio, surgió la necesidad dentro de EEUU y la naciente Unión Europea de establecer nuevas reglas para unas guerras en las que ellos intervenían directamente. Reglas basadas, lógicamente en la superioridad tecnológica de los más poderosos y que, de paso, satisficiesen política y electoralmente la presión social contra la guerra y la consiguiente muerte de jóvenes ciudadanos.

Paulatinamente, a finales de los años 80 fue naciendo el concepto zero deaths, o cero muertos, sin que se sepa quién lo acuñó.Consiste en reducir al máximo las bajas de soldados propios, prescindiendo de las del enemigo. Concienzudos estudios sobre la evolución histórica de las bajas en combate, como el libro How to make war de James F. Dunnigan (1988), no concuerdan gran cosa con el nuevo concepto, a falta de conocer las maravillosas armas entonces en pruebas. La realidad demostró de forma palpable la reciente teoría durante el mes que duró la primera guerra contra Irak, en febrero de 1991. De los 537.000 norteamericanos participantes sólo murieron 79 con 45 desaparecidos o prisioneros.Ahora bien, de los 79 caídos únicamente 28 lo fueron en combate terrestre, y cuatro de éstos por fuego amigo.

Las bajas en los otros ejércitos aliados fueron de este orden o, aun inferior proporcionalmente. En palabras del general Schwarzkopff, algo maravilloso. Compárense estas cifras con el promedio de muertes estadounidenses mensuales en las cuatro guerras siguientes: 11.790 (I Guerra Mundial), 18.700 (II Guerra Mundial), 3.050 (Corea) y 2.600 (Vietnam). El conflicto de Irak todavía en curso mantenía la línea al registrar 106 (EEUU) y 31 (Gran Bretaña), cifras que la desastrosa posguerra está incrementando fuertemente.

En la génesis del zero deaths en EEUU, y su implantación en Europa aunque sin esa denominación, es de apreciar una incongruencia.La más joven nación y luego imperio, adalid además de una democracia que se empeña en instalar por doquier, se caracteriza por el culto a las armas, la práctica de la violencia de legalidad a veces opinable y la pena de muerte.

A no dudar, la guerra zero deaths fue adoptada a la vista de la eficacia y letalidad de las armas guiadas y de precisión que permiten matar y destruir a largas distancias y sin necesidad de arrimarse al enemigo. El arsenal resulta efectivo... siempre que no aparezca un enemigo fanatizado por el odio y la desesperación, bien anclado a su tierra y dispuesto a morir matando. Somalia, Palestina, Irak y el terrorismo global islamista constituyen los casos más claros.

El síndrome de Vietnam, más reciente que las guerras mundiales, también había pesado lo suyo. Entre 1964 y 1973 participaron 8.744.000 estadounidenses de los que 58.153 murieron y más de 300.000 resultaron heridos, varios miles irrecuperables. Aquella fue una humillación nacional más que una aventura con retirada a la carrera. Además, bajas humanas y 8.600 aeronaves destruidas aparte, allí se vivieron barbaridades militares inéditas. ¿Recuerda algún adulto ya mayorcito y enterado a qué se llamó fragging?


 


Fuente: www.elmundo.es
Fecha: 05/06/04

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