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Dirección y Gestión de la Seguridad Global.

 

 Expertos

José Luis G. Calvo

Director de seguridad en empresas por la Universidad Pontificia Comillas de Madrid
Director de seguridad del Gremio de Joyeros de Madrid
Asesor de la Comisión de Seguridad de CEIM (Confederación Empresarial de Madrid
Asesor de seguridad de COCEM (Confederación Comercio Especializado Comunidad Madrid)
Consultor-auditor independiente de seguridad en empresas

¿''Quo Vadis'' Director de Seguridad?


Desde hace varios años, la simbiosis universidad – empresa, viene dando excelentes resultados en el campo de la formación de profesionales de la seguridad privada. Me refiero en este caso concreto, a los Directores de Seguridad. La citada simbiosis funciona, por que en casos como el que nos ocupa, la universidad aporta el prestigio de su institución y el rigor de su calidad formativa, y la empresa aporta el pragmatismo de formar el perfil y el número de profesionales, que las necesidades y demandas de la sociedad en general y el mundo de la empresa en particular, vienen reclamando. Se necesitaba, se necesita, y cada día se necesitará más, en el mundo de la empresa pública y privada, un tipo de profesional que dirija y se responsabilice de la seguridad corporativa, que abarca la protección de las personas y del patrimonio, desde una óptica distinta aunque complementaria del riesgo y salud laboral, como es la protección por riesgos debidos a actos antisociales, en donde hay que distinguir el doble aspecto del riesgo y del agente causante del mismo. Así por ejemplo, un riesgo de incendio puede tener como agente causante a un accidente laboral, caso de un trabajo de soldadura, o a otro tipo de agente causante, como un acto antisocial, caso de un incendio premeditado. Recordemos a tal efecto, la sutil adjetivación de no premeditado, que los legisladores han introducido en el artículo 1 del vigente Reglamento de Prevención de Incendios de la Comunidad de Madrid, refiriéndose al incendio en la edificación y actividades, para poner así un umbral entre lo premeditado, como evidente acto antisocial, y lo no premeditado como posible accidente laboral. El establecimiento de la figura del Director de Seguridad, los casos en que es obligatorio que las empresas dispongan de estos profesionales, y la especificación y regulación de sus funciones, están recogidos desde el año 1992, en la Ley de Seguridad Privada. La figura del Director de Seguridad, ya ha alcanzado en el mundo de la empresa, una plena consolidación y el marco competencial con el que la Ley del 92 le dotó, se le ha quedado insuficiente. El Director de Seguridad, continua siendo a efectos de habilitación y formación, una especialidad del Jefe de Seguridad, (Artículo 52.c, del Reglamento de Seguridad Privada), y sigue teniendo las mismas funciones que este, a excepción de lo referente al control de la formación permanente, y la dirección de los ejercicios de tiro del personal de seguridad que de ellos dependa, cuando sus cometidos por necesidad de seguridad de las empresas, han rebasado con mucho dichas funciones establecidas hace catorce años. En consecuencia, parece necesario que el Director de Seguridad del siglo XXI, al día de hoy, catorce años después de su establecimiento y regulación, en el marco del Real Decreto 2364/1994 de 9 de diciembre, tenga un estatus y una regulación más acorde con la realidad actual. Dichos estatus y regulación podrían sintetizarse en los cuatro puntos siguientes: 1. Reconocimiento expreso de la figura del Director de Seguridad, no como especialidad del Jefe de Seguridad, incluso a efectos de habilitación, formación y funciones. 2. Reconocimiento de las nuevas y mayores competencias, que actualmente ya viene desempeñando en el seno de las empresas, o desde fuera como asesor, consultor o auditor de las mismas. 3. Ampliación de los supuestos de existencia obligatoria del Director de Seguridad. 4. Mayores contenidos formativos, pero teniendo presente el tipo de formación que pueda hacer asequible su realización, por parte de un alumnado que generalmente tiene que simultanear trabajo y estudio, y que mayoritariamente, aunque no exclusivamente, procede del mundo de la Seguridad Pública o Privada o de las Fuerzas Armadas. Unos profesionales que para satisfacer las necesidades para las que fueron creados, necesitan actualizarse constantemente, no puede tener su propia profesión estancada. El establecimiento de los requisitos formativos de los Directores de Seguridad, sobre base mínima de ciento veinte horas, complementadas con materias relativas a gestión y dirección de actividades de seguridad privada y, en general, de cualesquiera otras relacionadas con la seguridad en general, ya están ampliamente superadas en la mayoría de los cursos que se imparten actualmente, y por lo tanto debieran tener un reconocimiento oficial de derecho, que permitiese una mayor condición del nivel formativo de los estudios de Director de Seguridad, incluso el universitario. Incluso ¿Por qué no establecer formalmente, una ampliación de las horas formativas de los cursos de Directores de Seguridad, mediante una parte de enseñanza a distancia, que complementase la insustituible enseñanza presencial?. Si asistimos a la actualización de funciones, formación y estatus en el mundo laboral de los Técnicos Superiores y Medios en Riesgos Laborales, con los que se comparten actuaciones y con los que es necesaria la máxima colaboración, cada uno desde el respeto de sus propias competencias, llama cuanto menos la atención, que todo lo que corresponde al Director de Seguridad no se actualice, a pesar de la creciente complejidad, que requieren las actuales necesidades de seguridad en el seno de las empresas. El título de presente trabajo, parafrasea lo que San Pedro le dijo a Jesucristo, cuando éste se le apareció camino de Roma para ser crucificado de nuevo, ante la huida del apóstol. “Quo Vadis”? (“¿A donde vas?”), y esa es la pregunta que cabe hacerle a la figura profesional del Director de Seguridad, ¿Hacia donde vas?, ¿Hacia donde te diriges o te dirigen?. Su respuesta no debiera ser la del “sacrificio” en aras de otras figuras profesionales que pudieran a medio o largo plazo llegar a asumir sus competencias, sino la de un gozoso futuro, fruto del reconocimiento, de la ampliación de sus cometidos, y de la posibilidad de un mejor servicio a la empresa y a la sociedad en general. Los numerosos alumnos que se incorporan año tras año ilusionados a los cursos para ser Directores de Seguridad. El esfuerzo del binomio universidad – empresa, que tan buenos resultados en materia formativa de los mencionados Directores de Seguridad están proporcionando. La labor del personal docente y, el eficaz ejercicio profesional de los que ya son Directores de Seguridad, merecen ese deseado futuro, y este sólo se asegura mediante la continua mejora, la actualización y la adaptación a las necesidades que la sociedad demanda en cada época.


Suplemento Temático: Formación y Seguridad

 


Fuente: Jose Luis G. Calvo
Fecha: 05/07/04

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