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Seguridad Corporativa y Protección del Patrimonio.
Seguridad Pública y Protección Civil.

 

 Expertos

Ignacio Rami Soriano

Diplomado en Magisterio
Licenciado en Geografía e Historia
Diplomado en Dirección de Seguridad Corporativa y Protección del Patrimonio
Director de Seguridad
Consultor Operativo del Dpto. de Seguridad Corporativa y Protección del Patrimonio.
BELT IBÉRICA S.A
irami@belt.es

Seguridad vial en la escuela


El trayecto de casa a la escuela y viceversa es para los niños el más frecuente, y, por lo tanto, el que ofrece mayor posibilidad de presentar situaciones de riesgo. De hecho, es durante este trayecto en el que se producen la mayoría de los accidentes en el que hay niños involucrados. Para la mayoría de niños, además es el primero que realizan solos o acompañados de otros niños y niñas, especialmente en las zonas urbanas. Es también, por lo tanto, aquél en el que los niños empiezan a experimentar su condición de peatones y, en muchos casos, de usuarios de transportes públicos.



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El niño como peatón: las capacidades necesarias para realizar andando el trayecto desde el domicilio a la escuela son más complejas de lo que en un primer momento pueden parecer. Lógicamente, la dificultad dependerá de cuál sea ese trayecto, pero en todos los casos implica elementos cognitivos tales como la atención, la prevención de riesgos, la orientación espacial, la memoria espacial o la lateralidad. También, existe la necesidad de tener cierto nivel de atención, una adecuada velocidad de reacción, una correcta y rápida evaluación de distancias y velocidades, cierto grado de madurez para la toma de decisiones, percibir riesgos, anticiparse a la conducta de otros, etc. Los padres, en general, de forma intuitiva, son conscientes de la necesidad de ese aprendizaje y, por eso, a medida que sus hijos se hacen mayores, van ejerciendo de guías en ese proceso: les enseñan el significado de las señales y las normas básicas, les señalan los lugares donde hay que prestar más atención, los advierten ante posibles peligros, y les muestran principalmente con su actitud, la forma correcta de circular por la calle. Sólo cuando están seguros de poder dejar a los niños y niñas solos para realizar ese trayecto, lo hacen, y a menudo bajo la supervisión de hermanos o vecinos mayores. Una norma básica que hay que interiorizar en el niño, es la de que andar por la calle significa hacerlo por la acera. Aún así, eso no significa que en ella estemos completamente a salvo de obstáculos y riesgos y, por lo tanto, podamos relajar la atención y olvidar las normas. La mayor parte de las aceras tienen vados, entradas y salidas de garaje y talleres, en los que hay que tener especial cuidado. Cruzar las calles: sólo se debe bajar de la acera para cruzar una calle o subir a un medio de transporte. Más de la mitad de los atropellos a peatones se deben a infracciones de éstos al cruzar la calle, muchos de ellos al hacerlo por lugares indebidos. La calle debe cruzarse siempre por el paso de peatones, mirando en ambas direcciones tanto si hay semáforo cono si no, porque puede haber un conductor despistado. También hay que concienciar a los niños de que a menudo su altura no es superior a la de un coche, por lo que unos vehículos impiden a los conductores de los otros ver a los niños hasta que no están lo suficientemente cerca. El peatón visto por los conductores: hay que recordar que en los entornos rurales algunos niños caminan hasta la escuela por la carretera. En esos casos lo correcto es caminar siempre por la izquierda y mirando hacia delante, para poder ver a los coches que vienen de frente e incluso si se diera el caso, poder esquivarlos. Si se camina en grupo, hay que hacerlo en fila india, ya que en caso contrario, en una curva, los conductores pueden no ver a tiempo a un peatón que ha invadido el carril. La visibilidad de los conductores, como la de los peatones, también disminuye con la lluvia, la niebla o la noche. Así por ejemplo, más de la mitad de accidentes suceden en las horas del crepúsculo o en condiciones de poca visibilidad, por lo que es mucho mejor llevar elementos reflectantes en la ropa. Los niños en los medios de transporte: la norma básica más generalizada tiene que ver con el conductor; no distraerle. La atención es la principal condición para la conducción, y todo aquello que la disminuya puede poner en peligro la seguridad de los pasajeros y de los otros vehículos. A menudo, el momento de acceder al transporte es el que encierra más peligro, por el poco tiempo que se dispone, la aglomeración de gente y los mecanismos de las puertas en el caso del transporte público. Así pues, la entrada y salida del vehículo debe realizarse tranquilamente, respetando la cola y sin correr. En el caso de trenes y metros, hay que recordar que antes de entrar se debe esperar a que salgan los pasajeros. Los autobuses, normalmente, tienen una puerta para la entrada y otra para la salida. Los metros y trenes emiten una señal acústica que indica el cierre de las puertas. Nunca se debe entrar ni salir una vez haya sonado ésta, como tampoco acercarse a la puerta ni tocarla, pues la mano puede dañarse. En el transporte privado, hay que sentarse adecuadamente. Los menores de 14 años deben sentarse en el asiento de atrás y abrocharse el cinturón de seguridad. En España cada año sufren accidentes 2000 jóvenes peatones (menores de 14 años). La franja de edad que corre más riesgo es la comprendida entre 10 a 14 años. En la mayoría de los casos, el accidente se produce cerca de la escuela o del domicilio familiar. Dos terceras partes de los niños accidentados sufren el percance cuando cruzan la calle, en el 18,5% de los casos, por no utilizar un paso de peatones: (DGT “anuario estadístico accidentes” 1999).


Suplemento Temático: Formación y Seguridad

 


Fuente: Belt Ibérica S.A.
Fecha: 03/09/04

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