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Seguridad Pública y Protección Civil.

 

Expertos

Ignacio Cortés Delgado

Ingeniero Superior de Telecomunicación
Diplomado en Dirección de las Tecnologías y los Sistemas de Información por el IE
Master Ejecutivo en Dirección de Seguridad Global (MEDSEG)
Master Ejecutivo en Dirección de Sistemas de Emergencia (MEDSEM)
Diplomado en Dirección de Seguridad Informática y Redes
Certified Information Systems Auditor (CISA)
Certified Information Systems Security Professional (CISSP)
Profesor del Master Ejecutivo en Dirección de Seguridad Global
Profesor del Master Ejecutivo en Dirección de Sistemas de Emergencia

Ex-Director de Desarrollo de Negocio y de Nuevas Tecnologías Aplicadas a la Seguridad y Asesor Técnico de BELT IBÉRICA, S.A.
Director Técnico de próXXIma

elcortex@terra.es

Las medidas preventivas en Seguridad: el caso de la Seguridad Vial (I)


Existe una reflexión que nos inunda a todos, al igual que se inundan nuestras carreteras en épocas vacacionales, cuyos coletazos aún sufrimos o disfrutamos, según se mire…

Es la vuelta de las vacaciones y, con ella, las temidas operaciones salida, regreso y paso del estrecho. La información vial adquiere el carácter de “de interés nacional”, siendo portada en diarios, semanales y primer titular de casi todos los informativos, aunque por mucha información que se tenga, los problemas terminan siendo los mismos.

Foto:www.terra.es


En la teoría de riesgos, hay básicamente cuatro formas de atajarlos. En el caso de accidentes viales:

- Evitarlos: es decir, no conduzca usted y vaya en otro medio de transporte.

-Transferirlos: que sea otro el que sufra las consecuencias. Esto es factible económicamente a través de los seguros o subcontratando a alguien que conduzca por usted —autobús público para la mayoría, chófer particular para los menos—, pero ninguna de las dos opciones puede impedir las lesiones físicas si el accidente se produce.

- Asumirlos: conduzca usted normalmente y cargue con las consecuencias.

- Reducirlos: minimizar tanto las posibilidades de que se produzcan, como las consecuencias si éstos se producen.

Y aunque todas las opciones se emplean, vamos a centrarnos en la más interesante: la reducción.

La reducción de los riesgos se consigue empleando medidas de seguridad, medidas correctoras, salvaguardas o como se le quiera denominar. Estas medidas son de dos tipos, que podemos concretar para el tema que nos ocupa:

- Preventivas: tratan de reducir la posibilidad de que ocurran. Por ejemplo, el buen asfaltado de las carreteras, la estabilidad de los vehículos, la señalización adecuada, etc.

- Correctivas: tratan de minimizar las consecuencias en caso de que los accidentes se produzcan. Por ejemplo, las estructuras resistentes de los coches, los cascos, chaquetas, pantalones y botas de los motoristas, el cinturón de seguridad, los airbags, los quitamiedos —algunos motoristas desearían estrangularme al leer estas líneas; ya saben la polémica con las viguetas de soporte de los quitamiedos y la sección que presentan en forma de “I” que se comporta como un fino bisturí amputando brazos y piernas de muchos motoristas accidentados—, y un largo etcétera que no es necesario reflejar.

Foto:www.motomotivo.it


La raza humana es borrega por naturaleza y muchos de los problemas que sufrimos, nos los buscamos nosotros mismos por no pensar un poco más en global. Uno de ellos, son precisamente los accidentes de tráfico. Las normas están ahí por algo, por el bien de todos y, si se cumplieran estrictamente, no deberían existir los accidentes; sin embargo, ahí están. Por ello, es necesario tomar toda una serie de medidas adicionales para evitarlos.

Desde mi punto de vista, en seguridad, las medidas ideales deben ser las preventivas, puesto que evitan que las amenazas se materialicen y —“con triple poder antimanchas” como dirían los anuncios de detergente— con ello el golpe físico y/o psicológico del suceso ocurrido, los costes de reconstrucción que ello implique y el lucro cesante, es decir, las pérdidas generadas por la parada de la actividad económica en la que interviene el activo dañado. Para que esto no sea un lío, pongamos un ejemplo: si yo tengo un accidente de moto, existe claramente un efecto producido por el golpe, tanto físico (p. ej. 3 días de baja) como psicológico (p. ej. miedo a subir de nuevo en una moto). Además existe una pérdida clara asociada a recuperar la normalidad: los costes de reparación en el taller para el caso de la moto, los días de baja en el caso del piloto. Además existe una pérdida asociada a la inactividad de la moto durante todo el tiempo que tarda en tramitarse el arreglo —aseguradora, perito, taller— que a veces dura meses.

El principal problema es que las medidas preventivas suelen costar caras y, en muchas ocasiones no son evidentes, ni sencillas de implantar, ni producen un efecto unívoco sobre la reducción del riesgo, sino que entran más factores en juego. Por ejemplo, para evitar un despiste en la carretera, una medida preventiva es conducir descansado, pero no es la única. Para el 11-S, una medida preventiva hubiera sido poner baterías de misiles tierra-aire en las azoteas de los edificios —pregunta real de una persona que trabajaba en la torre Sears de Chicago al Director de Seguridad de la misma—. De ellas y su aplicación en la segunda parte del artículo.

 


Fuente: Belt Ibérica S.A.
Fecha: 13/09/04

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