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Seguridad Colectiva y Defensa Nacional.

 

 Expertos

Rafael Vidal Delgado

Coronel de Artillería(R)
Diplomado de Estado Mayor
Doctor en Historia por la Universidad de Granada

Diplomado y profesor del Master Ejecutivo en Dirección de Seguridad Global (MEDSEG)
Diplomado y profesor principal del Master Ejecutivo en Dirección de Sistemas de Emergencia (MEDSEM)
Asesor de Planificación Estratégica de Belt Ibérica, S.A.

BELT IBÉRICA S.A.
rvidal@belt.es

Isabel la Católica y la Seguridad


Permitanme que como historiador y persona relacionada con la seguridad rinda desde esta columna un homenaje a uno de los personajes más singulares de la historia de España, Isabel I de Castilla, cuando acaba de conmemorarse el quinto centenario de su fallecimiento.

La Historia ha manipulado la figura de esta reina y la ha adornado con los epítetos más lisonjeros, como culminadora de la Reconquista, Evangelizadora, Descubridora de nuevos mundos; Imperial, hacedora de la unidad de España, etc., sin embargo Isabel I, nunca se sintió como realizadora de todo lo anterior, sino que con un sentido práctico de la situación que se vivía en los reinos hispánicos, lo que ella pretendió y creo que logró a lo largo de su reinado, fue el de proporcionar “seguridad”, en su más amplio sentido, en la península Ibérica, territorio, que debido a su división en numerosos reinos independientes, era solar de continuas guerras entre ellos, que absorbían los recursos reales y empobrecían a los pobladores. Por eso la idea de doña Isabel era sencilla pero eficaz, todos los reinos tenían que estar regidos por el mismo monarca, única forma de garantizar la seguridad interior. A este pensamiento dedicaría todos sus esfuerzos diplomáticos, políticos y militares.

Su niñez, bajo el reinado de su medio hermano Enrique IV el Impotente, se vio perturbada por las agitaciones, el poder de los nobles y las contradicciones con judíos ymusulmanes, pensando seguramente en la necesidad de un monarca con carácter para dominar tanta diversidad. No estaba destinada a ser reina, dado que el rey tenía una hija, la famosa “Juana, la Beltraneja” y un hermano, Alfonso, pese a ello, se preparó intelectualmente, pudiéndose decir que fue pionera en el movimiento humanístico-renacentista.

Nombrada, por las circunstancias de la vida, que sería largo y prolijo relatar, heredera al trono de Castilla, al que accedió tras una guerra civil, se casó años antes con el heredero de la corona de Aragón, pactando entre ellos que gobernarían conjuntamente los dos reinos más poderosos de la península, acordándose la necesidad de que todos los reinos estuvieran regidos por ellos, asignándose esta misión aglutinadora a Castilla, por ser el reino mas poblado y más rico, dado además que Aragón se encontraba inmerso en su política mediterránea.

Consolidada la tranquilidad en Aragón y Castilla, los ojos de Isabel se posaron en el reino más diferente a los demás, el de Granada.
La llamada “reconquista” de Granada, en realidad no fue tal, ni ella se consideró que con dicho gesto culminaba la epopeya que inició Pelayo hacía 800 años. ¿No son demasiados ocho siglos?. Para los posteriormente llamados “Reyes Católicos” (que quiere decir universales), la conquista significaba eliminar una frontera insegura llevándola hasta el mar, a la par que ocupaban un territorio con una próspera agricultura. Terminada la tarea, comprendió que era imposible mantener la seguridad, sin integrar a todos los habitantes de aquel reino con los demás de Castilla, siendo todos de la misma etnia, pero de distinta religión, por lo que propició la conversión de sus pobladores. Tal vez no exigió la violencia, pero los obispos ejecutores de la orden obligaron a la abjuración de sus creencias mahometanas y a la aceptación de la religión cristiana, asegurando la certeza del cambio mediante la Inquisición. Algunos historiadores evalúan la población del reino nazarí en cerca de cuatro millones de habitantes, muchos de los cuales evacuaron el territorio, permaneciendo solamente y conservando secretamente su religión, los de las Alpujarras, levantándose en varias ocasiones para defenderla, siendo en todas ellas sofocadas con sangre y fuego, la última reinando su bisnieto Felipe II.

La reina pues,no fue evangelizadora exclusivamente por vocación religiosa, sino fundamentalmente por proporcionar seguridad a su reino, motivo por el cual obligó a la otra minoría, la judía, a convertirse, obligándolas por el mismo procedimiento y requiriendo a los no aceptadores de los hechos a abandonar la tierra de sus mayores, naciendo con ello la “diaspora” del pueblo sefardí.
Antes de culminarse la ocupación del reino granadino, uno de los señores castellanos, con el beneplácito de los reyes, puso el pie en las islas Canarias, en principio con características “señoriales”, aunque posteriormente y viendo que eran necesarias para proporcionar seguridad a la ruta marítima hacia el nuevo mundo descubierto por Colón, asumió mediante “realengo”, es decir bajo gobierno real, las llamadas islas mayores. Como siempre la reina pensaba en la seguridad.

Tampoco fue su concepción evangelizadora, sus órdenes de conversión de los nuevos súbditos americanos, sino que consideraba imprescidibles que para mantener la seguridad era necesario la homogenización religiosa.

Necesitaba para culminar su misión protectora, que los otros reinos peninsulares: Portugal y Navarra, estuvieran regidos por el mismo monarca que los de Castilla y Aragón, planteando para ellos una estrategia política, casando a su numerosa prole, entre los que se encontraba su heredero Juan con princesas y príncipes portugueses, implementando esta política casamentera con otras casas reinantes europeas, como Inglaterra y el Imperio.

Con Navarra no pudo asegurarse la unión por este procedimiento, por lo que ya fallecida ella, su esposo Fernando, tuvo que recurrir a la guerra, para integrarla en el solar castellano.

La historiografia española habla del pensamiento africano de Isabel I, en realidad ella pensaba no en imperialismo, sino en seguridad, por lo que alentó la ocupación de determinadas plazas norteafricanas, dotadas de excelentes puertos, para desde ellas proteger la navegación e impedir los ataques de sus enemigos, focalizado en el naciente imperio turco, que desde hacía cincuenta años había destruido al imperio cristiano-bizantino en el Mediterráneo oriental, y que dominaba ya gran parte de las costas africanas.

Isabel siente en la hora de su muerte que ha fracasado en su misión, Portugal el reino querido, se ha escapado de sus manos, su hijo que hubiera pasado a la posteridad con el nombre de Juan III, no reinaría en la Península, sabiendo que ha de entregar su legado a otro que tergiversará su tarea, su nieto Carlos de Austria.

Fronteras y rutas comerciales seguras, todo ello sinónimo de fortaleza y prosperidad, ese fue el ideal de esta gran reina, a él dedicó todos sus esfuerzos, los epítetos se lo pusieron posteriormente. Rindamos homenaje a esta extraordinaria mujer, cuya visión política deja completamente oscurecidos a todos los gobernantes que ha tenido España.

 


Fuente: Belt Ibérica S.A.
Fecha: 03/12/04

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