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Seguridad Pública y Protección Civil.
Seguridad Colectiva y Defensa Nacional.

 

 Expertos

Rafael Vidal Delgado

Coronel de Artillería(R)
Diplomado de Estado Mayor
Doctor en Historia por la Universidad de Granada

Diplomado y profesor del Master Ejecutivo en Dirección de Seguridad Global (MEDSEG)
Diplomado y profesor principal del Master Ejecutivo en Dirección de Sistemas de Emergencia (MEDSEM)
Asesor de Planificación Estratégica de Belt Ibérica, S.A.

BELT IBÉRICA S.A.
rvidal@belt.es

La dictadura de las minorías


El título de la presente columna no es novedoso, ya es una frase que se encuentra suficientemente difundida, que todo el mundo critica, pero quien tiene capacidad para ello no lo hace.

Otra frase que se está acuñando últimamente en España es la de “eso no tiene importancia”, y de esta forma hemos trastocado el código civil dando entrada a un nuevo concepto de “matrimonio”; se difumina la definición del “español” como lengua hablada, para considerarnos una comunidad multilingüistas; se admite las declaraciones de insolidaridad regional; y un largo etcétera, y como colofón de todo se deja estupefactos a autoridades y medios internacionales, al ver que en un acto institucional exterior, presidido por un representante de España -o del Estado como la denominan los nacionalistas-, como es el presidente de una Comunidad Autónoma, se desprecia la bandera de su propia nación, terminando el incidente, según declaraciones de nuestro embajador, como un mero accidente. A decir de todo lo anterior, nada tiene importancia y por nada hay que luchar.

Como historiador y militar, podría indicar que la estrategia de que “eso no tiene importancia”, en el ámbito político-militar se denomina de la “alcachofa” o de las “rodajas de salchichón”, así como suena, y que fue aplicada por Hitler entre 1936 y 1939 tragándose países y vulnerando convenios, con el lema “eso no tiene importancia” y “no se merece ir a la guerra por eso”. Al final, por un estrecho pasillo, el de Dancing, menos importante que las anexiones de Austria y los Sudetes y los protectorados sobre Checoslovaquia (lo que quedaba de ella), Inglaterra y Francia, dijeron “basta ya”, expresión que también nos suena, e iniciaron una guerra que ensangrentó al mundo, ocasionó cuarenta millones de muertos y dejó un estela de “guerra fría” de cincuenta años.

Las actuales minorías políticas que existen en España no tendrían representación parlamentaria en otros sistemas políticos que exigen un porcentaje superior de votos en el cómputo general del cuerpo electoral, que el exigido en el nuestro.

Siempre han ido de víctimas, protestando airadamente por la “opresión” a que los someten los partidos mayoritarios, los cuales se apresuran a declarar que “hay que escuchar y atender sus más importantes razones”, sin embargo cuando estos grupos minoritarios, asumen una parcela de poder, no atienden a nada, y manteniendo en alto su bandera victimista, arremeten sin descaro contra cualquier colectivo, por muchos votos que tenga, que osen criticar cualquiera de sus actuaciones. Por si fuera poco, al ser sus votos imprescindibles para un gobierno minoritario, llegan hasta el chantaje, sin pudor ni rubor, sabiendo que los otros tienen que aceptarlo, como única forma de seguir detectando el ansiado poder.

Que a nadie se le ocurra criticar a una minoría, porque eso puede atentar contra la “dignidad de las personas”, pero cuando ellos atentan contra el resto lo hacen con la pancarta de la “libertad de expresión”.

No solamente es la controversia sobre las críticas patrimonio de los nacionalistas, también de otras minorías intelectuales, religiosas, culturales, étnicas, etc., que existen en España. Siempre es lícito criticar e incluso hasta menospreciar, insultar y cosas peores, a la Iglesia Católica y a los católicos, pero que a ninguno de éstos se le ocurra criticar a un agnóstico, no digamos otro colectivo, porque las fuerzas mediáticas se volverán como lobos sobre el que ha cometido tal falta.

En el reciente debate del “estado de la Nación”, se ha acuñado desde el poder el eslogan de que el “Partido Popular se ha quedado solo”, en realidad la soledad de una “minoría” de diez millones de personas, que son los que las han votado, pero esta minoría no tiene ningún derecho, ni ser escuchada ni ser atendidas ninguna de sus peticiones.

Debe preocuparnos lo que ocurre en España, ya que bajo el lema de “eso no tiene importancia” estamos desintegrando poco a poco a la patria común e indivisible de todos los españoles. ¡Ah! Eso hasta que se revise la Constitución, porque “eso no tiene importancia”.

 


Fuente: Belt Ibérica S.A.
Fecha: 21/05/05

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