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Seguridad Colectiva y Defensa Nacional.

 

 Expertos

Rafael Vidal Delgado

Coronel de Artillería(R)
Diplomado de Estado Mayor
Doctor en Historia por la Universidad de Granada

Diplomado y profesor del Master Ejecutivo en Dirección de Seguridad Global (MEDSEG)
Diplomado y profesor principal del Master Ejecutivo en Dirección de Sistemas de Emergencia (MEDSEM)
Asesor de Planificación Estratégica de Belt Ibérica, S.A.

BELT IBÉRICA S.A.
rvidal@belt.es

España indefensa


Ya me lo advirtió un dirigente político: “La España en la que tú piensas ya no existe”. La frase fue como una descarga eléctrica en mi interior y empecé a repasar el sentimiento de España a lo largo de su historia. El sentimiento de pertenencia a la misma colectividad, a la idea de Hispania, ha impregnado las conciencias de los hombres que han vivido en estas tierras en el pasado romano como en los reinos cristianos durante la edad Media, pudiéndose traer a colación muchísimos ejemplos de ello, una de cuyas manifestaciones fue la batalla de las Navas de Tolosa. El sentimiento eclosiona en el reinado de los Reyes Católicos, los mejores políticos que hemos tenido, a pesar de las manchas que se quieren arrojar sobre Isabel I por la expulsión de los judios (1), aunque a partir de ese momento siempre hay voces discrepantes sobre el ser de España.

Estas voces se convierten en enfrentamientos armados a partir de la dinastía de los Austrias, siendo un momento álgido durante el reinado de Felipe IV, que se pudo evitar la disgregación total aunque a costa de la independencia de Portugal.

El siglo XVIII fue sin embargo, gracias a una vuelta a la preeminencia internacional, un asentamiendo del concepto de España, que vuelve a custionarse al iniciarse la guerra de la Independencia en 1808, cuando todas las comunidades históricas se declaran “soberanas” frente al invasor, pudiéndose decir que a partir de ese instante, cada pocos años se han producido intentos de la desaparición del concepto de España: “guerras carlistas”; “1ª República”; “finales del siglo XIX y principios del XX”; “guerra civil de 1936-39”; y desgracidamente a partir de la democracia en 1975.

¿Por qué es cuestionada España?. ¿Por qué existe odio entre los llamados nacionalistas y el resto de los españoles?. ¿Por qué no es aceptada la definición orteguiana de “sugestivo proyecto de vida en común?. ¿Por qué desde las mismas instancias del poder se propicia la disgregación?. Hay tantos “por qués” que los españoles, las “masas” de las que hablaba Ortega, se encuentran confusos, siendo elementos más de incertidumbre las enormes diferencias sobre la estructura de España de los dos líderes políticos: presidente de Gobierno y Oposición, y de las distorsiones que se perciben incluso dentro del propio Gobierno.

“Uno de los fenómenos más característicos de la vida política española en los últimos veinte años, ha sido la aparición de regionalismos, nacionalismos, separatismos; esto es, movimientos de secesión étnica y territorial”. El autor de la expresión anterior, analiza este hecho a lo largo de su obra, visualizando en el horizonte un cambio sustancial en la mentalidad de las “masas”: “Quien mire hoy serenamente el paisaje moral de España hallará, sin duda, algunos síntomas que cabe interpretar en este favorable sentido”. Parece que lo escrito son los pensamientos de un intelectual contemporáneo, pero no, son reflexiones de nuestro Ortega con casi cien años de antigüedad.

El problema actual de España no es sólo el de la disgregación territorial, que puede ser la más resaltante, sino que se pretende la disgregación moral, intentándose desarticular toda la estructura mental que ha sustentado la convivencia española durante siglos, en aras de una supuesta “progresía” mayoritaria. Disgregación étnica, fomentándose la pertenencia a la patria “chica” en detrimento de la “común e indivisible”. Disgregación cultural, a través de una caótica política inmigratoria, que ha generado en tan breves años frustraciones sociales, de tal manera que los inmigrantes en vez de aceptar la cultura aquí residente, han optado por mantener la de sus orígenes, creándose guetos y diferencias insalvables entre colectividades. Disgregación educativa, permitiendo que las aulas se carguen de violencia, reduciendo el liderazgo moral del profesor y maestro, y emergiendo entre los jóvenes la sensación de que estudiar no sirve para nada (2). Disgregación, disgregación y más disgregación, ese es el camino que hoy recorre España.

En el pasado, en los años en que España se introducía en el túnel de la incertidumbre, los españoles teníamos dos referencias, la primera la pléyade de intelectuales que marcaron las dos edades: de oro y plata, que coincidieron con los intervalos más bajos del sentimiento de España: siglos XVII e inicios del XX, y luego con las voces de algunos políticos que pusieron un poco de orden en tan enmarañada situación. Pero ¿dónde están hoy en día los intelectuales españoles?, recientemente en una reunión de profesores universitarios planteé que expusiésemos la relación de intelectuales capaces de ser en la actualidad líderes de opinión, uno solo surgió con una determinada unanimidad y desde luego su liderazgo aún no ha entrado en la esfera política, no entendiéndola como expresión de un ideario, sino como referencia de higiene mental, como pudieron ser en el pasado Unamuno, Ortega, Azorín, y tanto otros.

Igual ocurre con los políticos, es tal la orfandad que se añoran y se realzan las figuras de Suárez, González, Guerra, etc., no incluyéndose Aznar, porque se está intentando demonizar su gestión.

Por eso España está indefensa, siendo urgente que intelectuales y políticos acudan a defendarla.


Notas
1 Sobre este asunto se puede consultar el artículo “Isabel la Católica y la Seguridad”, publicado en este portal el 9 de diciembre de 2004.

2 Para darse cuenta de este problema no hay más que preguntar a unos cuantos profesores de colegios públicos de 3º y 4º de ESO

 


Fuente: Belt Ibérica S.A.
Fecha: 28/05/05

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