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Seguridad Colectiva y Defensa Nacional.

 

 Expertos

Francisco Ángel Cañete Páez


Profesor mercantil, economista y Comandante de Infantería
Caballero de la Orden de San Raimundo de Peñafort


La `redención a metálico´y la `sustitución´, eximentes del servicio militar en España, durante el Siglo XIX y la primera década del XX


INTRODUCCIÓN.- En la Europa anterior a la Revolución Francesa, los ejércitos estaban compuestos en su inmensa mayoría por mercenarios, por rufianes procedentes del presidio, por holgazanes o por levas de recluta forzosa, cuando no refugio improvisado de los estratos mas bajos de la sociedad. En caso de conflicto bélico se ampliaba dicha leva con nuevas y masivas incorporaciones forzosas a las filas militares, y una vez desaparecida la contingencia se procedía a su licenciamiento. Es evidente, que tales contingentes de tropas, no necesitaban de un alto nivel de formación y preparación castrense, siendo su premisa definitoria la de una disciplina férrea, cuya vulneración era normalmente corregida con castigos corporales, y una obediencia ciega al mando. La oficialidad que ejercía el mando de dichas tropas, procedía normalmente de la nobleza y de la aristocracia, y estaba dotada de un alto estatus social. Los Despachos de Empleo los expedía el Rey, Jefe y Soberano de sus Reales Ejércitos.

Pero tras la Revolución Francesa, este esquema se resiente para derrumbarse definitivamente a lo largo del Siglo XIX. Un nuevo concepto de “ejército de masas” o “pueblo en armas” había surgido y tomada carta de naturaleza en los ejércitos nacionales de la vieja Europa. A partir de ahora, la defensa de la nación, ya no iba a estar en manos de mercenarios o soldados de fortuna, sino que serían los propios naturales del país, de cualquier clase o condición, útiles para el servicio de las armas, los llamados a desempeñarla. (Esto sólo en teoría, pues como veremos a lo largo del presente artículo, las clases acomodadas siempre encontraban algún subterfugio o resquicio legal para eludir el servicio militar).

Por lo que respecta a España, casi al mismo tiempo que las águilas francesas abatían su arrogante vuelo ante las murallas de Cádiz, merced al valor y al arrojo de los gaditanos- y de las gaditanas-, se sentaban juntos por vez primera, en un teatro de la cercana Isla de León (hoy Ciudad de San Fernando) (1) los principales representantes de los tres estamentos –nobleza, clero y pueblo llano- que integraban la sociedad española en los inicios del siglo XIX, para tras arduas deliberaciones, dejar sentadas las bases de una novísima Constitución, primera en nuestro Ordenamiento Parlamentario, que sería refrendada en Cádiz el 19 de Marzo de 1.812.En ella quedaba establecido que “La Nación Española es libre e independiente, y no es ni puede ser, patrimonio de ninguna familia ni persona”. (artº 2º) (El componente patrimonial de la Nación y sus Ejércitos, fue una constante en la monarquía absoluta del Antiguo Régimen). Del mismo modo, y refiriéndose al ejército, el artículo 356 (TÍTULO VIII.- Capítulo I) establecía que “ Habrá una fuerza militar nacional permanente de tierra y mar, para la defensa del Estado y la conservación del orden interior”. Finalmente y a este mismo tenor, el artículo 361, fijaba de forma taxativa que “ningún español podrá eximirse del servicio militar, cuando y en la forma que fuere llamado por la ley”. Estaba pues meridianamente claro, a través de los rigurosos preceptos de la Constitución de 1.812, que todo español útil, al ser llamado para cumplir el servicio militar, debería hacerlo en forma personal, sin excusa ni eximente alguna. Sin embargo no fue así. Ya en 1823, la conveniencia privada de los diputados, al promulgarse la primera Ley de Quintas, se impuso sobre los intereses de la mayoría de los ciudadanos, al quedar establecido que “el servicio militar podría desempeñarse por medio de sustitutos”; abundando en tal sentido la Ordenanza de 1.837, en la que se regulan los preceptos del servicio militar obligatorio, pero admitiendo, sin embargo, la conmutación por dinero de dicho servicio, mediante la cual se eximía a una buena parte de la juventud española –normalmente la de procedencia social mas alta y adinerada- de la prestación del servicio militar, mediante el ingreso en la Caja del Tesoro Público, de una cierta cantidad de dinero (Redención a metálico), o bien, requiriendo los servicios de otro joven, el cual, previo pago de un estipendio cumplía el servicio en su lugar (Sustitución). Quedando así los “redimidos” y “sustituidos” exentos de todo servicio militar, tanto en tiempo de paz como de guerra.

La Constitución de 1.876, reiteraba la obligatoriedad universal del servicio militar y la defensa de la Patria en caso de guerra, si bien hacía compatible esta obligatoriedad con la práctica de la “Redención” y la “Sustitución”, injustas-aunque legales- situaciones que se mantienen hasta que son derogadas por una Ley de Bases de 29 de Junio de 1.911 (Reglamento de 1.912), que sin embargo dejaba abierta una puerta para que algunos jóvenes,-una vez mas los de clase acomodada- pudieran reducir el tiempo de su servicio militar, mediante el abono al Estado de una cierta cantidad de dinero, denominada “CUOTA”, siendo esta tanto mayor cuanto menor fuese el tiempo de servicio efectivo a prestar por el joven que la abonaba.

LA “SUSTITUCIÓN” Y LA “REDENCIÓN A METÁLICO”, INJUSTAS –AUNQUE LEGALES- SITUACIONES TENDENTES A LA EXENCIÓN DEL SERVICIO MILITAR EN ESPAÑA.- La situación crónica de guerra cuasi permanente, que salvo cortos períodos de paz y estabilidad atraviesa España a lo largo del siglo XIX, tanto en la Península como en Ultramar, añadido al hecho de que el recluta entonces quintado, tenía una altísima posibilidad, no ya de perder su modesto puesto de trabajo sino la propia vida, debido a la gran mortalidad habida en las filas militares, producida ésta, no tanto por el hierro o el fuego del enemigo, sino por las enfermedades endémicas y las malas condiciones de higiene y salubridad de los cuarteles, ubicados en su mayoría en viejos caserones y conventos advenidos al Ramo de Guerra tras la desamortización de Mendizábal en 1.836, junto a la certeza de ser movilizados como reservistas a la mínima ocasión, sin consideración a su situación familiar y personal y sin esperanza alguna de cobrar algún tipo de subsidio que aliviase la precaria situación en que quedaba la familia del mozo llamado a incorporarse a las filas militares, hacían tan necesaria como odiosa la Redención y la Sustitución, para la gran mayoría de familias españolas, que se entrampaban hasta las cejas acudiendo a cualquier medio por oneroso que este fuese, para liberar a sus hijos del servicio militar. (2) Préstamos abusivos de sociedades crediticias, con intereses oscilantes entre un 35 y un 50 por ciento; anuncios en prensa de Cajas de Crédito ofreciendo dinero para redenciones a un interés rayano en la usura; asociaciones entre los vecinos de un pueblo para reunir un fondo común o capital suficiente para poder comprar la redención de sus hijos, y por último contratos de compañías de sustitutos por parte del Ayuntamiento de algún pueblo y con la misma finalidad fueron algunos de los medios mas socorridos por aquel entonces.

Este estado de cosas, propició el florecimiento de una picaresca, que nos hizo retrotraernos a los años del Buscón o el Lazarillo. Enanos, cojos y hasta disminuidos psíquicos se anunciaban en prensa –lógicamente sin hacer mención a sus discapacidades- como voluntarios para sustituir en el servicio militar, a quienes le abonasen un módico estipendio, y que obviamente eran declarados “inútiles”nada mas traspasar las puertas de un Tribunal Médico Militar. Holgazanes y delincuentes, que se ofrecían a mitad del precio establecido, para ir al servicio en lugar del joven que les pagase, y que desertaban a la primera ocasión que se les presentase, con grave quebranto para el ejército, así como para los jóvenes que los contrataban, que se veían obligados a abonar una cantidad suplementaria al Estado, para nutrir un fondo especial exclusivo para la contratación de un segundo sustituto, o en su defecto, incorporarse ellos mismos al servicio para cubrir la plaza del desertor. Y lo que era aún muchísimo mas grave: jóvenes en edad militar que se automutilaban, a veces con lesiones graves e invalidantes para el resto de sus vidas, con tal de ser excluidos del servicio militar. Todo esto, junto a un largo etcétera, son situaciones demenciales, que nos llevan a sumirnos hoy, junto a la perplejidad, en la mas profunda de las tristezas.

Las cantidades establecidas para la “Redención a metálico” con el fin de librarse el joven del cumplimiento efectivo del servicio militar y de ser movilizado en caso de guerra, oscilaban entre los 6.000 y 8.000 reales, y la “Sustitución hombre-hombre”solía oscilar entre los 2.000 y 5.000 reales (según el servicio hubiese de prestarse en la Península o en Ultramar). La diferencia entre ambos procedimientos estribaba en el carácter del contrato: por la “Redención” el Gobierno se comprometía a reemplazar a un joven, el redimido, por otro voluntario o reenganchado, en tanto que por la “Sustitución”, era el individuo beneficiado quien se lo daba hecho al Gobierno, no sin antes comprobar éste su condición física para cumplir el servicio militar.

En 1.851, los abusos de las Compañías de Créditos para Redenciones y Sustituciones habían tomado un notable incremento, al haberse extendido por todo el territorio peninsular, con especial incidencia en las zonas donde la pequeña propiedad rural permitía a los campesinos avalar con sus cosechas y sus ganados, el préstamo que necesitaban para soslayar la “suerte” de sus hijos, en el cumplimiento del servicio militar. Esto obliga al Estado a tomar cartas en el asunto, materializándose en la creación, en 1.859, de un “Fondo de Retenciones y Sustituciones”, previsto ya en la Ley de Reclutamiento de 1.856, convirtiéndose de hecho en la mayor sociedad de sustituciones del país. El “Fondo” se puso a cargo de un Consejo, obligado a presentar anualmente una prolija MEMORIA sobre sus actividades. Su responsabilidad se centraba en lograr que la población dejara de poner en manos de especuladores la sustitución de sus hijos y confiara esta labor al Estado. El enganche de voluntarios premiados con el importe de las redenciones, tuvo efectos contundentes sobre el precio de la sustitución. De tal forma que, en 1.859, costaba prácticamente lo mismo redimirse o sustituirse : 6.000 reales en ambos casos. A partir de la entrada en vigor de la Ley O`Donnell (1.863) la “Redención” subió a 8.000 reales; pese a ello el Consejo logró ir reduciendo paulatinamente el coste de la “Sustitución”, fijándolo en 5.200 reales entre 1.863 y 1.867, hasta dejarlo en 4.000 reales (1.000 pesetas), a finales de 1.868.

CONCLUSIÓN.- En suma y para concluir, de cuanto llevo expuesto se deduce: que sólo los jóvenes que no contaban con medios suficientes para abonar las cantidades referenciadas eran los potenciales soldados, y por ende los únicos que pisaban los cuarteles; no teniendo nada de extrañar, en consecuencia, que hasta 1.912 en que desaparecen ambas situaciones (la “Sustitución” aún se autorizó hasta 1.924, si bien para casos muy excepcionales), se llegara a identificar al soldado que prestaba servicio en nuestros cuarteles, con el estrato mas bajo de la sociedad. A este tenor, el profundo resentimiento popular contra el ejército, debido, no tanto al servicio militar obligatorio y a las impopulares quintas, como a las injustas situaciones antes descritas, abrieron una profunda brecha de separación entre la sociedad española media y baja y el ejército. Resentimiento que se amortiguaría en parte, a partir de 1.912, con la supresión de Redenciones y Sustituciones, si bien abriendo de nuevo una puerta, para que entrasen por ella los jóvenes pertenecientes a clases mas pudientes, con la creación de la nueva figura del “SOLDADO DE CUOTA”. Figura esta, que se prolongará en el tiempo, durante la Monarquía de Don Alfonso XIII, que se mantendrá durante la II República y que no se extinguirá hasta el inicio de nuestra Guerra Civil en Julio de 1.936. De ella hablaremos (D.M.) en profundidad, en el próximo número de AMARTE


NOTAS
(1) En ese mismo teatro, y casi dos siglos mas tarde, con la emoción reflejada en nuestros rostros, nos hemos sentado hace muy poco, una nutrida representación de AMARTE, para escuchar una magnífica disertación sobre los pilares fundacionales de la “Constitución” de 1.812.
(2) Junto a la “SUSTITUCIÓN ONEROSA” o de pago, coexistió la “SUSTITUCIÓN GRATUITA”, mediante la cual, el joven llamado a cumplir el servicio militar, podía ser sustituido, sin abono de estipendio alguno, por un hermano o algún otro familiar.

BIBLIOGRAFÍA

GARCIA MORENO.-José F. “El Servicio Militar en España (1.913-1.935).- Colección Adalid.-
Madrid, 1988.
PUELL DE LA VILLA.- Fernando.- “El Soldado Desconocido. De la leva a la mili” Editorial
“Biblioteca Nueva”. Madrid, 1.996.

 


Fuente: Revista Amarte
Fecha: Enero de 2005

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