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Seguridad Colectiva y Defensa Nacional.

 

 Expertos

Francisco Ángel Cañete Páez


Profesor mercantil, economista y Comandante de Infantería
Caballero de la Orden de San Raimundo de Peñafort


El soldado de cuota en el Ejército Español del primer tercio del siglo XX


INTRODUCCIÓN.- Las injustas, aunque legales, situaciones de “Redención a metálico” y “Sustitución”, por las que se eximía de realizar el servicio militar en España a jóvenes pertenecientes a familias de clases acomodadas y con capacidad económica suficiente para hacer efectiva en la Caja del Estado las cantidades estipuladas para redimirse o sustituirse, crearon un ambiente de profundo malestar y de sentida animadversión, entre las clases mas modestas de la sociedad española y el Ejército, al que consideraban causante de todas sus desgracias.

Este estado de ánimo contra el Ejército, debidamente caldeado por la izquierda nacionalista y los partidos radicales llega a su culminación en el puerto de Barcelona, en la mañana del 26 de Julio de 1.909 ; cuando, ante las alarmantes noticias llegadas desde Melilla, una expedición de soldados reservistas, muchos de ellos ya casados y con familias a su cargo –familias que quedaban prácticamente en la indigencia-,(1) se disponían a embarcar con rumbo a dicha plaza de soberanía. Amenizaban el acto del embarque los marciales sones de las bandas de música de los Regimientos de Infantería “VERGARA” Nº57 y “JAÉN” Nº72, de guarnición en la capital del Principado.

Pero no estaban los ánimos del pueblo barcelonés precisamente para músicas en esa calurosa mañana de Julio. Eran ya tantas las veces que habían presenciado ceremonias de embarque como la que se estaba llevando a efecto dicha mañana, y tantas las lágrimas derramadas al ver partir hacia Ultramar los barcos llevando consigo a sus hijos, a los que, en la mayoría de ocasiones no iban a volver a ver con vida, cuando ni un solo hijo de la burguesía catalana –ni de la del resto de España- tendría la desgracia de sucumbir en la manigua cubana o en el dédalo inextricable del archipiélago filipino, por el simple hecho, de contar su familia, con medios suficientes para abonar al Estado el importe de su redención. Por cuanto, llegados a este punto, con la multitud enardecida y los ánimos exacerbados por agitadores profesionales, empezaron a oírse gritos de “¡O todos o ninguno!” y “¡Qué vayan también los hijos de los ricos!”; gritos que fueron in crescendo hasta devenir al poco en impetuoso tumulto, que hizo acallar los sones marciales de las músicas militares, y que desde el puerto, cuál reguero de pólvora ,se fue extendiendo de inmediato por toda la ciudad; donde las masas incontroladas, comenzaron a hacerse dueñas de las calles con profusión de incendios- sobre todo de iglesias y conventos- , saqueos y profanación de cadáveres, obligando al Gobierno a decretar el estado de guerra y autorizando al Capitán General a sacar las tropas a la calle. La Revolución se agrava, cuando a la caída de la tarde del siguiente día 27 de Julio, empiezan a llegar a la Península las tristes nuevas de la masacre ocurrida en dicho día en las proximidades de Melilla; cuando dos Batallones de la Brigada de Cazadores, al mando directo del general Don Guillermo Pintos, en un exceso de confianza se adentraron por una de las vaguadas del monte Gurugú, conocida como el Barranco del Lobo, siendo cogidos entre dos fuegos por los cabileños que ocupaban las alturas, saldándose la operación con cientos de cadáveres, entre ellos el del propio general jefe de la Brigada. Estos sucesos, atizaron aún mas si cabe el fuego revolucionario en Barcelona (es obvio, que entre los soldados muertos en el Gurugú no había ningún redimido ni sustituido), lo que devino en violentos enfrentamientos armados entre los revolucionarios y la policía y el ejército, siendo necesario reforzar la guarnición con tropas enviadas desde Zaragoza y Valencia, que hasta el día 31 de Julio no consiguen dominar completamente la situación y llevar la tranquilidad a la plaza. Estos sucesos, conocidos en nuestra historia como“La Semana Trágica”, iban a marcar un punto de no retorno entre las clases mas modestas de la sociedad española y el Ejército.

Esta lamentable situación no podía continuar ni un momento mas; por lo que lleva al propio Rey Alfonso XIII a tomar personalmente cartas en el asunto, y como primera medida, en el “Mensaje de la Corona” al Parlamento surgido de las elecciones de 1.910, Don Alfonso solicitó la leal cooperación de diputados y senadores para que:”mediante un común movimiento de patriotismo y en el mas breve plazo, se implantara el servicio obligatorio de todos los ciudadanos útiles”. En consecuencia, el Rey encarga al Presidente del Gobierno Don José Canalejas que el ministro de la Guerra, teniente general Don Agustín Luque, prepare y defienda en las Cortes un Proyecto de Ley de Bases para la Reorganización del Ejército, y que en su articulado se recoja en forma definitiva, la derogación de las figuras de “Redención a Metálico” y “Sustitución”, de tal forma, que a partir de su promulgación, todos los españoles útiles sin excepción pasen por los cuarteles. El proyecto, defendido inteligentemente por Luque, fue aprobado por las Cortes, lo sancionó el Rey el día 8 de Junio de 1.911 y se promulgó como Ley de Bases el 29 de ese mismo mes y año. En su virtud, y de conformidad con lo preceptuado en el Reglamento de 19 de Enero de 1.912 (de aplicación a la referida Ley de Bases), quedaban definitivamente derogadas las injustas situaciones de “Redimidos” y “Sustituidos” como excluyentes del servicio militar en España. Sin embargo, la Ley, bajo la excusa, por otra parte muy cierta, de la importante minoración de ingresos que iba a sufrir la Caja del Tesoro Público, a resultas de la desaparición de las situaciones antedichas, crea la nueva figura de la “Cuota militar”,mediante la cual, y tratando de conciliar los derechos del Estado –en su versión de ingresos económicos- con los de ciertos sectores de la juventud, sobre todo universitarios y profesionales cualificados, se les permitía la posibilidad de reducir, -nuca de redimir- cierto tiempo del servicio militar, mediante un ingreso en efectivo en la Caja del Estado: Había nacido en nuestro Ejército la figura del “Soldado de Cuota”.


CLASIFICACIÓN DEL IMPORTE DE LAS CUOTAS, EN FUNCIÓN DEL TIEMPO DE SERVICIO ESTIPULADO POR LA CUANTÍA DE LAS MISMAS.-
El sistema de “Reducción de servicio por abono de cuota” estuvo vigente en nuestro ejército, desde su implantación a comienzos de 1.912 hasta el inicio de nuestra Guerra Civil en Julio de 1.936. Sin embargo, hemos de dividir este lapso de tiempo en tres períodos, toda vez que durante los años que comprenden cada uno de ellos, variaron, tanto los años de servicio militar efectivo, como el importe de las cuotas a abonar por aquellos aspirantes a reducir unos años –o unos meses- de dicho servicio militar obligatorio.

Primer Período (1.912-1.925).- Durante los trece años que comprenden este primer período, el servicio militar obligatorio en España quedó fijado en tres años y las cuotas de reducción de servicio quedaron estipuladas en 2.000 y 1.000 pesetas, correspondiéndoles un tiempo de servicio efectivo de cinco y diez meses, respectivamente. Los soldados “cuotas”, podrían realizar este tiempo de servicio, bien en forma continuada o por períodos interrumpidos: tres meses el primer año y dos el segundo, para los comprometidos a servir 5 meses (los de las 2.000 pesetas), o cuatro meses el primer año, tres el segundo y otros tres el tercero, para los de 10 meses de servicio,(los de 1.000 pesetas).

Segundo Período (1.925-1.930).-Durante este período se acortó el tiempo de servicio efectivo dejándolo reducido a dos años. Esto hizo que la duración del servicio “cuota”se estableciese en nueve meses, servidos en forma ininterrumpida, y el importe de la cuota a abonar al Estado quedara fijada entre 1.000 y 5.000 pesetas, en función de la renta familiar o al tratarse de hijos de militar o de funcionarios de las distintas Administraciones Públicas que abonarían la cuota mas reducida, a la que podrían acogerse también los hijos de familias numerosas.

Tercer Período (1.930-1.936).- El tercer período se inicia con la llegada al Ministerio de la Guerra del teniente general Don Dámaso Berenguer Fuster (Enero de 1.930), quien reduce el servicio militar obligatorio a tan sólo un año de duración, pasando a establecer el servicio “cuota” en seis meses ininterrumpidos, con un desembolso a abonar por el joven aspirante de 1.000 a 5.000 pesetas (igual que en el período anterior) y en función de idénticas similitudes a las enunciadas en el segundo período. La Segunda República, contra todo pronóstico confirma a los “Soldados de Cuota” en los cuarteles, y su primer Ministro de la Guerra, Don Manuel Azaña Diaz mantiene estas variables, de tiempo de servicio y cuotas a abonar, que permanecerán inalterables hasta julio de 1.936.

ESTUDIO SOCIOLÓGICO SOBRE LA PROCEDENCIA SOCIAL DEL “SOLDADO DE CUOTA” EN ESPAÑA.- La cuota fija de 2.000 y 1.000 pesetas del año 1.912, no varia hasta 1.925, y para poder comprender mejor la importancia de esta cantidades podemos compararlas con los sueldos cobrados en el Ejército durante esos años. Dos mil pesetas (2.250 pts. exactamente) era el sueldo anual de un teniente en 1.912, y superaba con creces al de un Suboficial (entonces clase de tropa superior al sargento), que era de 1.230 pesetas. Pero es que además, al ser fija la cuota desde 1.912 a 1.924 se beneficiaba a las familias mas pudientes, dada la inflación habida a lo largo de esos años; toda vez que el valor de una peseta en 1.912, quedaba reducido a 0’55 céntimos de peseta en 1.920 y a 0’48 céntimos en 1.924. Para corregir el efecto inflacionista, a partir de 1.925 se regula el importe de la cuota a abonar en función de la renta familiar, o bien de los ingresos del mismo “cuota” si los tuviese; estableciéndose también a partir de ese año, cuotas reducidas para hijos de militares, funcionarios o de familias numerosas. Por último, al importe de la cuota oficial había que añadir el correspondiente al CERTIFICADO DE INSTRUCCIÓN MILITAR (entre 150 y 200 pesetas), preceptivo para ingresar como “soldado de cuota” en el Ejército, y cuya aptitud había que demostrar mediante un examen de suficiencia a su llegada al cuartel. Este “Certificado” se conseguía mediante la asistencia a unos breves cursos impartidos en unas academias especiales situadas en las cabeceras de Capitanías Generales o en provincias con un mayor número de aspirantes al servicio “cuota”, y cuyos profesores-normalmente capitanes y oficiales subalternos- impartían a los aspirantes materias tales como : Teoría del Tiro, Código de Justicia Militar, Servicios de Guarnición, Divisas y Tratamientos, etc., efectuándose un examen al final del curso y expidiéndosele el correspondiente “Certificado”a los resultados aptos. Certificado, que inexcusablemente debían presentar a su llegada al cuartel y cuyos conocimientos el Sr. Coronel contrastaba debidamente, mediante un pequeño examen de los temas estudiados que realizaba a cada uno de sus reclutas de “cuota”. Con el tiempo, la importancia de este Certificado fue decreciendo, pues la picaresca, siempre presente en nuestra Patria, no faltó tampoco en esta ocasión a la cita; de tal forma que empezaron a detectarse Certificados falsos expedidos por academias “piratas”, y aún legítimos, expedidos por academias legales, que se habían limitado al cobro abusivo por su expedición, sin que el alumno aspirante hubiese asistido a una sola clase. Ello unido a que los Jefes de Cuerpo se fueron mostrando menos exigentes en cuanto a su presentación, hizo que Don Manuel Azaña lo derogase en Abril de 1.931. Y cierro este apartado sociológico, intentado reflejar que tipo de familias podían permitirse abonar el importe de las cuotas por reducción del servicio de sus hijos, durante el período de vigencia de este sistema (1.912-1.936). La clasificación no resiste un análisis exhaustivo. Primero la nobleza y la alta burguesía, seguida de la aristocracia rural y las clases medias de las Administraciones Públicas, junto a profesiones liberales de alto poder adquisitivo. De hecho, el ser “Soldado de Cuota” en la España de la época, llegó a significar la adscripción social a aquellas clases o proceder de ellas hasta el punto de confundirse entre si.

VENTAJAS Y SERVIDUMBRES DEL SERVICIO DE “CUOTA”.- El abono de la cuota militar a las arcas del Tesoro, en sus distintas modalidades, suponía para el mozo llamado a filas, el importante beneficio de reducir una buena parte del servicio, así como la facultad de elegir Arma, Cuerpo y Unidad militar donde prestarlo, corriendo a su cargo el vestuario y equipo correspondiente. (en Caballería, el soldado “cuota” debía llevar además su imprescindible caballo y hacerse cargo de la manutención del animal). Estaban autorizados para comer y pernoctar fuera del acuartelamiento, quedando exentos de prestar servicios mecánicos, realizando únicamente servicios de armas. En cuanto al orden de preferencia a la hora de elegir Arma o Cuerpo para realizar su reducido servicio, los aspirantes a “cuotas” se decantaban primero por Intendencia, seguido de Sanidad, Artillería e Ingenieros. Los hijos de la nobleza y alta burguesía elegían indefectiblemente el Arma de Caballería, y la mayoría seguían los cursos correspondientes para Oficial de Complemento, y todos – o casi todos- dejaban para el final en cuanto a sus preferencias, a la sufrida y siempre fiel Infantería, que tenía fama de ser un Arma andariega, de muy gloriosa tradición, pero al mismo tiempo de muchos sudores y trabajos, y por encima de todo, era la que tenía mas “papeletas” para que sus batallones se trasladasen a África. Estas preferencias se vieron trastocadas a partir de 1.925, en que el Presidente del Directorio Militar, teniente general Primo de Rivera, establece un porcentaje de admisión de “cuotas” para las distintas Armas y Cuerpos, fijando para la Infantería un cupo mínimo obligatorio de un 50 por ciento de entre los solicitantes; porcentaje éste que reducía considerablemente la admisión en los Cuerpos que hasta entonces habían venido gozando de una mayor preferencia. Si bien, y a diferencia de los antiguos “Redimidos” y “Sustituidos”, los Soldados de Cuota podrían marchar a la campaña con sus Unidades y ser movilizados con su reemplazo para atender a graves contingencias de la Patria. (2)

CONCLUSIÓN.- La quinta de 1.912 –siguiendo a Fernando Puell de la Villa- abrió una nueva era para el reclutamiento del servicio militar en España. Aunque los jóvenes de la burguesía seguían casi exentos de hacer vida cuartelera gracias al pago de una cuota, sí empezaron a compartir instrucción, servicios y locales de trabajo con los que procedían del proletariado. Los señoritos andaluces aparecerían formados, codo con codo con los jornaleros extremeños; los universitarios madrileños podrían relevar a un albañil levantino en un puesto de centinela o un obrero vasco o catalán colaborar en sus tareas burocráticas u hospitalarias con el hijo de un cerealista castellano. Desde la perspectiva actual, podríamos cuestionarnos la ecuanimidad de la situación adoptada, pero es lo cierto, que la promulgación de tan importante norma supuso un verdadero revulsivo en la sociedad de la época, y vino a colmar las aspiraciones de políticos y militares, que desde años antes de la “Gloriosa”, venían clamando por la desaparición de aquellas injustas situaciones. A este tenor , la Ley de Bases de 1.911 y su Reglamento de 1.912, por el que se crea en nuestro Ejército la figura del “Soldado de Cuota”, contribuyeron sin duda, a taponar –nunca se cerró del todo- la importante brecha abierta entre las clases mas desfavorecidas de la sociedad española y el Ejército.




NOTAS
(1) Al objeto de mitigar en parte, el desamparo en que quedaban las familias de los reservistas llamados a filas, el Gobierno, por Real Decreto de 22 de Julio de 1.909, concedió una pensión de 50 céntimos de pesetas al día, a las esposas e hijos huérfanos de madre de estos reservistas.
(2) De hecho, mas de un soldado de cuota entregó su vida a la Patria en la Campaña de Marruecos, o padeció un cruel encierro en las mazmorras del Rif.

BIBLIOGRAFÍA
GARCIA MORENO.-José F. “El Servicio militar en España(1.913-1.935).-Colección Adalid.-
Madrid, 1.988.
PUELL DE LA VILLA.- Fernando.-“El Soldado desconocido. De la leva a la mili”.Editorial
Biblioteca Nueva.- Madrid 1.996.

 


Fuente: Revista Amarte
Fecha: Abril de 2005

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