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Seguridad Colectiva y Defensa Nacional.

 

 Expertos

Rafael Vidal Delgado

Coronel de Artillería(R)
Diplomado de Estado Mayor
Doctor en Historia por la Universidad de Granada

Diplomado y profesor del Master Ejecutivo en Dirección de Seguridad Global (MEDSEG)
Diplomado y profesor principal del Master Ejecutivo en Dirección de Sistemas de Emergencia (MEDSEM)
Asesor de Planificación Estratégica de Belt Ibérica, S.A.

BELT IBÉRICA S.A.
rvidal@belt.es

“El Federalismo” y la Seguridad Nacional


En estos días que tanto de habla de “nación” y “federalismo” es bueno traer a colación un artículo publicado en el periódico republicano “EL Universal” en mayo de 1869, cuando España, como ahora, se debatía por su propia identidad, exponiéndose el craso error de intentar separar lo que está unido, cuando se tiende, como de hecho los vemos con la Unión Europea, que se tiende a unas mayores cotas de unidad entre los viejos pueblos de nuestro continente.

Una de las cosas que más han perjudicado, más están perjudicando y más perjudican en España a los republicanos para sus progresos y adelantos es la ceguedad, la precipitación, la irreflexión con que se han abrazado a esa singular bandera federal que encierra el mayor de los absurdos. Hay desgracias que parecen fatales, así en los hombres como en los partidos, y una de las mayores desgracias del partido republicano, desde la Revolución de septiembre acá, ha sido ese desdichado federalismo. Sin él una buena parte de hombres de ideas avanzadas se hubieran adherido a la idea republicana; pero ante el caos social, político y económico que el federalismo representa, no han podido menos que retroceder con miedo. Años y muchos ha de retrasar en España el desarrollo de la República como lema de partido el fatal pensamiento federalista. Hay más: o los republicanos renuncian a tan desastroso sueño, o se incapacitan permanentemente para todo.

Y lo más extraño es la singular manera con que ese sueño ha nacido, el singular origen de tan perniciosa e incompatible utopía. La traducción de un libro de Proudhon, escritor excéntrico y paradójico, la traducción de ese libro publicado con motivo de la cuestión de Italia y la influencia personal también de su traductor, justamente con la novedad de la palabra, han bastado para que los ánimos de muchos ilusos se hayan inclinado hacia la nueva estrella del horizonte político sin pararse a pensar, sin mediar lo que han hecho, sin calcular las consecuencia del yerro. Harto caro pagarán esa conducta, harto han de lamentar el tiempo que ese error les ha de hacer perder. Internados en un sendero falso todo el camino que están haciendo le han de tener que desandar; y si no lo desandan ay de ellos, de sus esperanzas y de su porvenir!.

Jamás hubiéramos creído que hombres ilustres incurrieran en tan atroz locura, locura que contradice el progreso, que opone al desarrollo natural de las sociedades, que pretende hacer retroceder al mundo. La ley de la humanidad lejos de fraccionar tiende a unir, lejos de dividir las nacionalidades ya hechas lo que quiere es unirlas entre sí, que es justamente para lo que ha de servir la federación.

Las Repúblicas italianas, como oportunamente recuerda un colega, han ido desapareciendo providencialmente al soplo de la civilización. Venecia, Pisa, Florencia, forman hoy con el resto de Italia una gran nacionalidad.

Los pequeños estados alemanes, obedeciendo a esa misma corriente, se han fundido en entidades mayores. Los antiguos reinos de España, movidos por la misma fuerza providencial, constituyen hoy una colectividad importante. ¿Y querrían los federalistas que Italia volviera a ser un semillero de pequeñas Repúblicas, llenas de mutuos odios, que Alemania volviera a ser un hormiguero de naciones liliputienses, y que España tornara a la situación en que se encontraba hace siglos?
¡Extraño progreso ciertamente! Para lo que ha de servir, por ejemplo, el principio federal es para que España, Portugal, Francia e Italia, naciones de análoga estirpe se junten el día de mañana en una gran federación latina. Para lo que ha de servir el principio federal, es para que Prusia y el Austria alemana y todos los demás estados procedentes de la misma raza, formen más pronto o más tarde una federación germánica. Para lo que ha de servir el principio federal es para que las naciones eslavas hagan cuando llegue la oportunidad otro tanto.

Unir, unir, siempre unir, sin perjuicio de la vitalidad propia de los miembros unidos: esa es la misión del federalismo. Pero querer convertir tan gran idea en palanca de disgregación de lo ya unido, es el colmo de la demencia humana. Por eso nosotros, progresistas avanzados, que aceptamos las teorías del derecho de un modo radical, aunque atendemos para su aplicación actual a las circunstancias históricas de nuestra patria, nosotros repetimos, comprendemos que el ideal político es la República y a ella queremos llegar; pero a la República federal nunca. Los republicanos deben comprender que la descentralización es holgadísima en otros sistemas, mientras que con el suyo no se iría a la descentralización sino a la desmembración. Y en cuanto a la posibilidad de dictaduras, medrados estaríamos si para evitarlas no hubiera más remedio que la anarquía y el suicidio. Piensen bien los republicanos lo que hacen; prescindan, sobre todo, de consideraciones de falso amor propio y de pueril tenacidad, y reconozcan que han tomado errada senda porque cuanto más tiempo continúen en ella, más han de perder. La república es el porvenir, es el adelanto; pero el federalismo como ellos quieren aplicarlo es el retroceso, es la muerte”.

Aunque la tesis expuesta habla de republicanismo, sirve perfectamente para la monarquía constitucional, que refrendada en el referendum de 1978 nos dimos los españoles.

 


Fuente: Belt Ibérica S.A.
Fecha: 30/06/05

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