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Dirección y Gestión de la Seguridad Global.

 

 Expertos

Guido Stein


Profesor del IESE

Peter Drucker, ‘in memoriam’


“En edad muy temprana supe que era probable que pudiera escribir bien... y que escribir era quizá lo único que podría hacer bien”, afirmaba Peter Ferdinand Drucker en uno de sus libros. Escribir. Ésa fue la respuesta que daba en 1992 a la pregunta: Usted, ¿a qué se dedica? Hoy, con 96 años, sigue haciéndolo. “Desde que tenía veinte años, escribir ha sido el fundamento de todo lo que he venido haciendo, como, por ejemplo, enseñar y hacer consultas a empresas”. En los últimos sesenta años, el padre del management, el creador de la gestión, como ya se le conoce, ha escrito treinta y siete libros. Entre sus obras, curiosamente hay dos novelas muy conseguidas: The last of all possible worlds (1980) y The temptation to do good (1984).

A su treintena larga de libros hay que añadir muchas decenas de artículos, tanto científicos como periodísticos. A título de ejemplo, puede constatarse que es el autor que más trabajos ha publicado en la prestigiosa Harvard Business Review.

Del mismo modo que el microprocesador expandió las posibilidades de las máquinas, Peter Drucker ha logrado expandir durante más de medio siglo nuestras mentes. Es un preeminente filósofo de los negocios del siglo XX y también del siglo XXI. A él se le atribuye la creación del concepto management y la hazaña de elevarlo a disciplina práctica. Su rigor intelectual y científico le separan del grupo de los pensadores futuristas. Su gran capacidad consiste en una habilidad innata de interpretación del presente.

“Cuando la gente me pregunta sobre qué escribo, mi primera reacción es evasiva. He escrito bastante sobre economía, pero ciertamente no soy un economista. He escrito bastante sobre historia, pero ciertamente no soy un historiador. También he escrito prolijamente sobre política y Estado, pero, aunque comencé como politólogo, hace años que abandoné ese campo. Tampoco soy un sociólogo al uso. A pesar de todo, sé muy bien (y lo he sabido desde hace años) lo que intento hacer. Me considero a mí mismo como un ecologista social. El objeto de mi estudio y preocupación es el entorno creado por el hombre, incluido él mismo, de modo similar a como el ecologista estudia el entorno biológico”.

La cosmovisión druckeriana es más deudora de la percepción intuitiva del mirar que del análisis. Si bien Drucker es un verdadero maestro en el arte de pasar de lo obvio a lo recóndito: “Mi fuerza más grande como consultor es ser ignorante y hacer algunas preguntas”.

2. Los fundamentos del pensamiento de Drucker: Austria y Alemania. Drucker era un vienés nacido en 1909 en el seno de una familia culta, fermento de su vocación literaria y de su inquietud intelectual. Estudió Derecho en Hamburgo y Fráncfort, mientras trabajaba, primero en una empresa exportadora y, luego, como periodista en el Frankfurter General Anzeiger. La tesis para su doctorado en Derecho versó sobre las llamadas formas de cuasi-gobiernos (quasi-Regierungen), como las rebeliones, los gobiernos en el exilio o las colonias en vías de independizarse.
En una carta, hace un par de años, me decía con la finura que le caracterizaba: “on revient toujours à son premier amour –toda mi obra fluye de mis trabajos de los años treinta. Contemplo como unidas sin solución de continuidad mis obras sobre empresa, sociedad y filosofía política; la mayoría de mis críticos, especialmente los americanos, no lo captan en absoluto”.

Siempre intentaba anticiparse al futuro, pero no haciendo la pregunta de cómo será, sino ¿qué deseamos emprender hoy para construirlo? Prefería prolongar las tendencias en lugar de profetizar los acontecimientos. Éste es el modo de aproximarse fructíferamente a los cambios profundos, que, a menudo por soterrados, no se perciben en el horizonte de nuestra mirada, habituada a la continuidad predecible.

El padre del ‘management’: USA

En 1941 publica The future of industrial man, allí advirtió que la sociedad post-industrial se orientaba hacia una sociedad de organizaciones y que los problemas de jerarquía, función y ciudadanía en estas organizaciones, así como los que se refieren a su gobierno, serían temas fundamentales de la segunda posguerra. “Este libro también echó los cimientos de mi interés en la administración de las instituciones, y me permitió abordar el estudio del management. Fue también la obra que, pocos años después, movió a General Motors a proponerme que analizara su estructura superior y sus políticas empresariales. Después, gracias a este trabajo, se originó mi primer libro acerca propiamente del management: Concept of the corporation (1946)”.
Una anécdota curiosa es que, antes de ser llamado por la General Motors, Drucker intentó elaborar estudios de otras empresas, que se negaron a tal propósito; por ejemplo, el presidente de Westinghouse encontró el enfoque druckeriano, que hablaba de autonomía, descentralización, responsabilidad, etcétera, como una variedad vienesa del bolchevismo.

Ya en esos comienzos, Drucker demostró, una vez más, su singularidad y su capacidad creativa al aplicar el análisis político al estudio de las corporaciones. “Quizá el problema más difícil y acuciante del  liderazgo es el de la conversión de un técnico especializado, necesario en la dirección día a día del negocio, en la personalidad bien formada, capaz de juicio, que se precisa en los puestos donde se elabora la política (policy-making positions).

Las tesis de Drucker entonces no satisfarían ni a los directivos, porque reclamaba autonomía para los trabajadores, ni a los sindicatos, porque exigía a los empleados responsabilidad e iniciativa en el desempeño de su tarea, es decir, asumir a su nivel una actitud directiva.

Sin embargo, Drucker no se desanimó y siguió felizmente con sus reflexiones, fuesen o no oportunas. Sabía lo que quería decir y lo decía, sin preocuparse de agradar, en una coherencia que ha sido constante en toda su vida.

El arte de gobernar

En el verano de 1998 le preguntaba por qué ninguno de los trabajos sobre su obra (que son comparativamente muchos más que los dedicados a otros grandes autores contemporáneos) menciona sus profundas convicciones antropológicas, filosóficas y religiosas. El propio Drucker me dio la respuesta en carta del 31 de julio: “Porque todos los que han escrito sobre mí me han tratado sólo como un autor de dirección y administración de empresas, lo que no soy”.

De Drucker se ha de decir, ante todo, que es un hombre de nuestro tiempo, al que nada de lo que acontece a su alrededor le es ajeno. Esa visión pluridimensional y sintética  –de auténtico humanista– le ha permitido adelantarse a su tiempo. Ahora bien, esa misma óptica universal hace de él un hombre raro para nuestro tiempo, tan miope en su especialización.

Nunca perdió de vista el hecho de que, para que una teoría o un concepto sea útil, debe traducirse en última instancia en el lenguaje y el contexto de los directivos y de la acción de éstos en las empresas. “Yo siempre he sido un teórico y un práctico. De hecho, mi extensa experiencia consultora ha sido a lo largo de toda mi vida mi laboratorio, y todas mis teorías han sido sucesivamente comprobadas en la práctica”.

En su última obra se lee un texto antológico: “Por supuesto, que hay diferencias  entre dirigir una cadena de minoristas y  una diócesis católica (aunque, en cuanto organizaciones, sorprendentemente menos de lo que el gestor de la cadena o el obispo puedan creer); entre dirigir una base aérea, un hospital o una compañía de software.

Los directivos de todas esas organizaciones emplean aproximadamente la misma cantidad de su tiempo en los problemas de las personas, y los problemas de las personas son casi siempre los mismos. El noventa por ciento de lo que preocupa a estas organizaciones es genérico. En toda organización, mercantil o no, hay que ajustar sólo ese diez por ciento de management.”

Información relacionada:

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Fuente: Expansión
Fecha: 15/11/05

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