Ver Suplemento Temático...


Dirección y Gestión de la Seguridad Global.

 

 Expertos

Joaquín Huelin Martínez de Velasco

Magistrado Especialista de lo Contencioso-Administrativo
Ex Jefe del Gabinete Técnico del Tribunal Supremo de España
Antiguo Letrado del Tribunal Constitucional Español

Profesor del Master Ejecutivo en Dirección de Seguridad Global (MEDSEG)
Profesor del Master Ejecutivo en Dirección de Sistemas de Emergencia (MEDSEM)

Letrado del Tribunal de Justicia de las Comunidades Europeas de Luxemburgo

jhv@curia.eu.int

El control judicial del principio de precaución ¿Control jurisdiccional de la incertidumbre? (I)


Nota del editor: Les ofrecemos el primer capítulo, de cuatro, del artículo "El control judicial del principio de precaución ¿Control jurisdiccional de la incertidumbre?" , escrito por Joaquín Huelin Martínez de Velasco. Podrán ir leyendo la totalidad de capítulos de este interesante artículo en sucesivas entregas.

Pinche aquí para ver el índice del artículo completo

Las líneas que siguen son el producto de unas reflexiones sobre los límites que configuran la potestad jurisdiccional cuando se enfrenta con las decisiones preventivas que, para salvaguardar valores jurídicos fundamentales, adoptan los poderes públicos en situaciones en las que desconocen, por carecer de datos científicos definitivos y concluyentes, los efectos de determinados productos o de los procedimientos para su elaboración.

Mi único propósito es ponerlas en común, primero en el seno de las sucesivas reuniones del grupo de trabajo y después en el foro más amplio de las jornadas que tendrán lugar en noviembre de 2004, con el fin de provocar la discusión y definir el sitio que nos corresponde a nosotros, los jueces, en el control de esas determinaciones que, por fundarse en sospechas y nunca en certezas, son evanescentes y difíciles de enmarcar en las tradicionales técnicas de revisión judicial de la actuación de los poderes públicos.

I. El principio de precaución: una respuesta ante la incertidumbre científica

Sócrates sólo sabía que no sabía nada. Pero, si no sabía nada, ¿cómo sabía que no sabía nada? Esta paradoja ilustra a la perfección una de las propiedades que mejor definen la naturaleza humana: la duda.

La ausencia de certezas, alimentada por la curiosidad, es el mecanismo que ha permitido al homo sapiens avanzar en la comprensión de su entorno. Nadie lo entendió mejor que Descartes [1].   Generaciones de científicos han empleado la “duda metódica” para profundizar en el conocimiento, separando la escoria del metal. Pero la veta, así encontrada, presenta a menudo impurezas, de modo que siempre hay un hueco para el escepticismo, que funciona como acicate. La rebeldía frente a la verdad (interinamente) establecida constituye uno de los motores de la civilización. Kuhn, [2] en oposición a Popper, que defendió una visión continuista y acumulativa del desarrollo científico, [3] enseña que el saber avanza a base de crisis y de rupturas, que implican cambios radicales en la concepción del mundo. Los viejos paradigmas son destruidos por revoluciones que entronizan otros en su lugar.

La indeterminación ha sentado sus reales en el corazón mismo de la ciencia. Heinsenberg, [4] padre de la física cuántica, formuló en 1925 el principio de incertidumbre, que proclama la imposibilidad de atribuir a una partícula, en un instante dado, una posición y una velocidad determinadas, ya que cuánto más definida está la primera más difícil resulta conocer la segunda, y viceversa.

No existen, pues, certezas en la evolución del conocimiento. Nuestra comprensión de la naturaleza, que es presupuesto del discernimiento, aparece limitada, parcial y no siempre correcta, pero, sin embargo, hay que actuar. La duda, que, de este modo, se sitúa en el centro de la toma de decisiones, no puede desembocar en la parálisis. Los escépticos de la Academia de Platón, frente a las críticas que les dirigían los estoicos, defensores de la verdad sin grietas, argumentaban que las conjeturas no son incompatibles con la acción, pues, aunque no es posible enunciar evidencias absolutas, cabe actuar con fundamento en lo plausible. [5] No obstante, nos vemos obligados a decidir en la inseguridad, que es sinónimo de riesgo, y nos pronunciamos a la buena ventura mucho más a menudo de lo que creemos, en la esfera privada, pero también en la colectiva.

Los poderes públicos, a los que compete la administración de los intereses generales, están obligados a sembrar seguridad –material y jurídica– allí donde, disponiendo sólo de datos estadísticos y de meras probabilidades, la falta de certeza les impide establecer una relación de causalidad entre la eventualidad de un daño y su origen. Identificada la existencia de un peligro y su gravedad, deben actuar, aplicando una “previsión prudente”, [6] mediante la puesta en marcha de las resoluciones pertinentes para evitar que la lesión se consume, sin aguardar a disponer de una evidencia científica, pues ya puede ser tarde. En palabras del Tribunal de Justicia de las Comunidades Europeas (en lo sucesivo, “TJ”), “cuando subsisten dudas sobre la existencia o el alcance de riesgos para la salud de las personas, las instituciones pueden adoptar medidas de protección sin tener que esperar a que se demuestre plenamente la realidad y la gravedad de tales riesgos”. [7]

Esta pauta de comportamiento, cuya juridicidad se expresa con el nombre de “principio de precaución”, se inserta, pues, en el proceso de toma de decisiones de los titulares del poder público y, en cuanto tal, queda, en principio, sometida a los mismos condicionantes que el resto de sus productos.

Cuando los responsables de la cosa pública identifican en un fenómeno, en un objeto o en un proceso la existencia de efectos potencialmente peligrosos para bienes jurídicamente protegidos, pero, debido a la insuficiencia de los datos científicos con los que cuentan, a su imprecisión o a su carácter no concluyente, no están en disposición de determinar con la certeza suficiente la entidad ni la eventualidad del riesgo en cuestión, [8] han de ofrecer respuestas, con la prudencia que aconsejaban los escépticos de la antigua Grecia, en función del nivel de riesgo que, en su opinión, la sociedad está dispuesta a aceptar, con el fin de evitar que el daño anunciado y presumido se consume.

Continuará...


Notas:

[1] “Ya  me percaté hace algunos años de cuántas opiniones falsas admití como verdaderas en la primera edad de mi vida y de cuán dudosas eran las que después construí sobre aquéllas, de modo que resultaba preciso destruirlas de raíz, para comenzar de nuevo desde los cimientos si quería establecer alguna vez un sistema firme y permanente [...]” (Descartes, R., Discurso del Método y Meditaciones metafísicas. Meditación primera: De las cosas que pueden ponerse en Duda, editorial Tecnos, 2002).

[2] Kuhn, T.S.: La estructura de las revoluciones científicas. Fondo de Cultura Económica, México, 1980.

[3] Popper, K.R.: Conjeturas y refutaciones. El desarrollo del conocimiento científico. Ed. Paidós, Barcelona, 1983.

[4] Heisenberg, W.: La imagen de la naturaleza en la física actual. Editorial Ariel, Madrid, 1976

[5] Muchos años más tarde, un abogado general del Tribunal de Justicia de las Comunidades Europeas, Jean Mischo, hablará de “riesgo plausible” en el marco del principio de prevención (conclusiones presentadas el 12 de diciembre de 2002, en el asunto en el que fue dictada la sentencia de 23 de septiembre de 2003, Comisión/Dinamarca, C-192/01, que al día de la fecha no ha sido publicada en la Recopilación de la jurisprudencia comunitaria).

[6] Expresión empleada por Vázquez Gómez, E.M.: “El principio de prevención en el derecho internacional de la pesca y su recepción en el derecho comunitario europeo”, Noticias de la Unión Europea, núm. 227, 2003, p. 116.

[7] Sentencias de 5 de mayo de 1998, Reino Unido/Comisión (C-180/96, Rec. p. I-2265), apartado 99, y National Farmers Union y otros (C-157/96, Rec. p. I-2211), apartado 63.

[8] Véase la Comunicación de la Comisión sobre el recurso al principio de precaución, de 1 de febrero de 2000, COM(2000) 1, pp. 14 a 16.

 


Fuente: Consejo General del Poder Judicial. Manuales de Formación Continuada nº 26
Fecha: 2005

   Mas artículos de Joaquín Huelin Martínez de Velasco       Otros Expertos   

Este experto ha sido visto por 1647 personas.