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Seguridad Colectiva y Defensa Nacional.

 

 Expertos

José Mª de Areilza Carvajal


Profesor de Derecho Comunitario y vicedecano del Área Jurídica del Instituto de Empresa

Los pequeños pasos de la defensa europea


Desde las guerras en los Balcanes la Unión Europea ha dado pasos sucesivos para tener cierta capacidad de defensa autónoma al margen de la OTAN y de EEUU. Este camino está jalonado de problemas y de interrogantes, que pocas veces son objeto de debates públicos. Dedicamos poco tiempo a debatir una cuestión básica como es nuestra defensa.

Una vez desaparecida la amenaza soviética, en buena parte de las sociedades europeas se ha extendido una mentalidad pacifista, a pesar de que la barbarie del terrorismo se ha hecho muy patente desde el 11-S, y luego en los atentados de Madrid y Londres. Pero además del terrorismo cada vez más global, ha surgido otros peligros para el modo de vida europeo, identificados por la Estrategia Europea de Seguridad de 2003: la proliferación de armas de destrucción masiva, los Estados delincuentes, los conflictos regionales y la criminalidad organizada.

Ante estas nuevas realidades, los gobiernos europeos decidieron hace siete años convertir a la Unión Europea (UE) en una organización con algunas responsabilidades en el ámbito de la defensa. Al mismo tiempo, bastantes Estados miembros no han dejado de considerar a la OTAN como piedra angular de su defensa.

La decisión europea de ir hacia una cierta autonomía en cuestiones de defensa tiene su origen en la guerra de los Balcanes. EEUU pensaba que se trataba de un asunto que debían resolver los europeos, pero la intervención norteamericana fue decisiva. Sin el concurso de Washington los europeos no hubiéramos sido capaces de resolver lo que empezó como desmembración de un Estado, y terminó con el retorno de la limpieza étnica y el genocidio a la civilizada Europa.

En diciembre de 1998 Tony Blair y Jacques Chirac adoptaron la declaración de Saint Malo, en la que proponían una mayor responsabilidad de los países europeos en su propia defensa, en el seno de la OTAN y fuera de ella. El paso tenía importancia, al ser Francia y el Reino Unido las dos únicas potencias militares europeas que tras la guerra fría seguían invirtiendo en serio en sus fuerzas armadas.

Saint Malo fue un momento de convergencia pragmática de dos visiones muy distintas de Europa, la churchiliana y la gaullista, utilizando la distinción de Timothy Gaston Ash. Ambos países reconocieron que la soberanía nacional sobre defensa es una quimera para un país europeo. Tony Blair quería fortalecer el ya existente pilar europeo de la Alianza, antes de que la relación EEUU-países europeos se desequilibrara aún más y quedase muy debilitada. De este modo, el Reino Unido levantó su veto a una eventual capacidad autónoma de Europa en el terrero de la defensa.
Francia había dado por entonces algunas señales de acercamiento a la OTAN, que según la declaración de Saint Malo seguía siendo el fundamento de la defensa colectiva de sus miembros.

Pero su objetivo era bien distinto al británico y pretendía contribuir a la capacidad política internacional de la UE con una incipiente defensa europea fuera de la Alianza. Su visión de la Europa política no es otra que la creación un polo alternativo y a veces rival a EEUU, como quedó claro durante la crisis de Irak.

Tras la guerra de Kosovo, el Consejo Europeo de Colonia de junio de 1999 extendió el plan franco-británico a la UE, creando la Política Europea de Seguridad y Defensa (PESD). En poco tiempo, esto supuso la conversión de la misma UE en una institución llamada a participar en la defensa europea. El objetivo no era la creación de un ejército europeo, sino algo más modesto: poner en pie una reserva de unidades nacionales para que por unanimidad del Consejo pudiera hacer frente a una crisis internacional, lo que exige fuerzas ligeras, móviles y flexibles.

EEUU expresó tres reservas a esta idea de defensa europea: no duplicar esfuerzos, no desengancharse de la OTAN y no discriminar a los Estados europeos de la OTAN no miembros de la UE, es decir, a Turquía. Estas reservas afirmaban el principio de primacía de la OTAN.
El acuerdo llamado Berlín plus concretó la modalidad de acceso de la UE a los medios OTAN, “ahí donde la OTAN no decida intervenir”. Varias interpretaciones son posibles de cómo se desencadena la acción autónoma europea con medios OTAN. A pesar de las ambigüedades, dos operaciones de mantenimiento de la paz basadas en el modelo de Berlín plus han tenido lugar en Bosnia y Macedonia a partir de 2003.

Pero los verdaderos obstáculos para la autonomía europea en cuestiones de defensa no han venido tanto de los límites establecidos por EEUU y la OTAN, o las distintas visiones de los bandos liderados por franceses y británicos, sino que han aparecido en el desarrollo de capacidades militares europeas. La Unión no ha podido hacer frente al formidable reto de la operación conjunta de fuerzas europeas, algo en lo que la OTAN sin embargo sobresale.

El ejemplo más palpable de este choque con la realidad fue la decisión del Consejo Europeo de Helsinki en 1999 de poner en pie una Fuerza de Reacción Rápida, consistente en 60.000 hombres disponibles, capaces de desempeñar misiones que puedan durar hasta 1 año, listos en 60 días y antes de 2003. Muy pronto se demostró que ni siquiera este objetivo modesto era posible. Los europeos no podían afrontar juntos el transporte, la logística y la interoperabilidad de esa fuerza. Al final se ha optado por reexaminar esta idea, proponer nuevos objetivos para 2010 y dar prioridad a la creación de pequeños grupos tácticos.

Las sucesivas torpezas diplomáticas de EEUU en relación a la guerra de Irak de 2003 alentaron los debates sobre la autonomía europea en materia de seguridad. Por parte de Francia, la crisis iraquí fue aprovechada para sugerir, junto con Alemania y Bélgica, la creación de un cuartel general europeo, con el fin de reforzar la PESD, propuesta vista por Washington como contraria a los acuerdos de cooperación UE-OTAN. Desde entonces, Tony Blair ha ayudado a recomponer la relación atlántica. De hecho, Francia, una vez que la recién llegada canciller Ángela Merkel dio claras señales de atlantismo, ha buscado un puesto privilegiado en la interlocución europea con EEUU y la OTAN y ha trabajado con Washington en los esfuerzos de diplomacia preventiva hacia Irán.

La Unión Europea de 25 Estados representa el 25% del PIB mundial y engloba a 450 millones de habitantes, pero carece de capacidades propias en el terreno de la seguridad, si exceptuamos su especialidad progresiva en operaciones de mantenimiento de la paz (el 90% de las tropas OTAN en estas misiones, en Kosovo y en Afganistán, son europeas).

El debate europeo sobre defensa se ha abierto paso, por la dinámica de la integración reciente y también por los enormes riesgos de seguridad que afrontamos los europeos, bien patentes en la actual situación iraní y palestina. La UE hace bien en reclamar cierta autonomía frente a la OTAN, pero sin capacidades no es creíble. Su empeño debe ser demostrar a EEUU que es un socio con el que se puede contar.

En las operaciones conjuntas OTAN-UE se comprueba que hay voluntad de cooperación y que la asociación funciona, pero la propia OTAN necesita transformarse, más allá de su realidad actual, para hacer frente a las nuevas amenazas a la libertad, entre las cuales sobresalen el terrorismo internacional y la amenaza de proliferación nuclear.

 

 

Especial: Foro para la Paz en el Mediterráneo

 


Fuente: La Gaceta
Fecha: 16/03/06

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