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Seguridad Colectiva y Defensa Nacional.

 

 Expertos

Javier Solana


Alto Representante de la UE para la Política Exterior y de Seguridad Común y Director de la Agencia Europea de Defensa

Seguridad energética europea


La seguridad energética constituye ahora una de las prioridades de la agenda europea e internacional. Resulta fácil saber por qué. Europa importará una gran cantidad de energía del extranjero.

Aún confiamos en las fuentes externas en un 50%. La mayor parte de las previsiones indican que este porcentaje aumentará, en el caso del crudo, un 90% y, en el caso del gas, un 70% hacia 2030. Las recientes disputas de Rusia con Ucrania, Georgia y Moldavia, respecto a las condiciones del suministro de gas, han generado preocupación.
Si importamos del extranjero una cantidad de energía cada vez mayor, debemos hablar de ello con nuestros socios extranjeros.

También tiene sentido hacer esto de forma conjunta, como europeos.

Ya estamos trabajando en la liberalización y en la integración de los mercados energéticos de la Unión Europea. Tiene sentido completar esto con medidas coordinadas con los países no europeos.

Si se negocia de forma conjunta, se ejercerá una mayor influencia.
Resulta engañoso describir los problemas energéticos únicamente en términos de dependencia. Efectivamente, nosotros tenemos que comprar al extranjero. Pero los exportadores tienen que vender.

Ya se sabe que el 30% de las importaciones energéticas de la UE proceden de Rusia. Es igualmente significativo que Rusia obtenga el 20% de los ingresos que generan sus exportaciones de las exportaciones de gas a Europa. Ésta es una relación de interdependencia. Para gestionar hábilmente la interdependencia, hacen falta socios y confianza.

Tres factores diferencian a la energía de otros productos. En primer lugar, los hidrocarburos, en ocasiones, se hallan en países inestables. En segundo lugar, es necesario invertir a largo plazo y a gran escala para satisfacer la demanda de los consumidores.

En tercer lugar, el funcionamiento de los mercados energéticos mundiales es imperfecto, sobre todo en lo que al gas se refiere, donde no existe un mercado de entrega inmediata. Por todas estas razones, los gobiernos tienen mucho que decir en lo que a política energética se refiere, tanto para crear un marco en el que las empresas puedan planificar y operar, como para negociar directamente con otros gobiernos. La cuestión no es la relación que existe entre la política y la energía, sino de qué forma lo están. Tenemos que encontrar el equilibrio entre un enfoque estratégico y uno basado en las necesidades del mercado.

¿Qué puede hacer Europa en cuanto a política exterior? Sería un buen punto de partida conceder más importancia a los problemas energéticos en los diálogos políticos con los países productores de petróleo (como Rusia, Arabia Saudí y Argelia, entre otros).

Si queremos que se produzca una diversificación del suministro, además de formas alternativas de transporte y entrega, debemos hablar de esto con los países suministradores y de transporte (además de con el sector). También debemos intensificar nuestro diálogo sobre la energía con otros consumidores (como EEUU, China e India). Algunos se preguntan si los Estados miembros de la UE, dados sus diferentes intereses y perspectivas, pueden llegar a un acuerdo sobre un sustancial conjunto de ideas. Según ellos, suena bien que haya más diálogo. Pero, ¿qué les vamos a decir?

En mi opinión, debemos hacer hincapié en que los consumidores y la mayoría de los productores están interesados en mantener un marco estable y transparente en el que el mecanismo de precios pueda funcionar con las menores ataduras posibles. Esto implica no tomar medidas de forma unilateral y no 'politizar' las exportaciones de energía con el objeto de castigar a los enemigos o recompensar a los amigos. Lo que necesitamos es una mezcla disciplinada de mercados, leyes y negociaciones consensuadas.

Transparencia y previsibilidad
Al enunciar estos principios, muchos europeos quizá piensen en Rusia, que este año preside el G-8 y ha decidido centrarse en la seguridad energética. No obstante, resultan importantes para los productores y los consumidores. En pro de la seguridad mundial, es crucial que China e India, entre otros, crean que también les beneficiará una orden de energía mundial transparente y previsible.

El papel de la política consiste en equilibrar las distintas consideraciones -por ejemplo, la energía y la no proliferación de armas nucleares o los derechos humanos-. Además, la política es esencial para fomentar la confianza en todo lo que depende de los problemas energéticos.
A su vez, la confianza se construye mediante el diálogo y los proyectos en común, tales como la cooperación en el desarrollo de nuevos gaseoductos y oleoductos, la protección de instalaciones contra ataques terroristas o el uso de satélites para controlar la seguridad del suministro. Por tanto, no sólo debemos hablar con los países suministradores y de transporte -bien Rusia o aquellos países situados al sur del Cáucaso, el mar Caspio o África occidental-. También tenemos que llevar a cabo planes prácticos juntos.

Por último, debemos comprometernos aún más con Oriente Medio, ya que seguirá siendo el puntal de las importaciones energéticas de Europa en los años venideros. Merece la pena recordar que la única ocasión en que se interrumpió el suministro de petróleo, en los últimos cincuenta años, fue a causa de un conflicto acaecido en Oriente Medio.

Existen razones sólidas para actuar de forma colectiva, como europeos, en lugar de forma independiente. El tiempo ha hecho que nazca una diplomacia europea sobre energía, basada en intereses comunes y en principios compartidos.

 

 

Especial: Foro para la Paz en el Mediterráneo

 


Fuente: Expansión
Fecha: 09/03/06

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