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Seguridad Pública y Protección Civil.

 

 Expertos

Rafael Vidal Delgado

Coronel de Artillería(R)
Diplomado de Estado Mayor
Doctor en Historia por la Universidad de Granada

Diplomado y profesor del Master Ejecutivo en Dirección de Seguridad Global (MEDSEG)
Diplomado y profesor principal del Master Ejecutivo en Dirección de Sistemas de Emergencia (MEDSEM)
Asesor de Planificación Estratégica de Belt Ibérica, S.A.

BELT IBÉRICA S.A.
rvidal@belt.es

La verdad del 11 M


La sentencia del juicio por la masacre del 11 M está levantando ampollas en todos los sectores sociales y en los distintos grupos políticos. A nadie contenta y todos quieren arrimar el ascua a su sardina, con objeto de increpar al contrario de que las conclusiones jurídicas del tribunal coinciden con las que ellos han defendido durante todo el proceso y desde el momento que se produjo el atentado.

No se va a entrar en la discusión política, teniendo en cuenta además que cada vez que desde esta columna se efectúa por mi parte algún pronunciamiento, no político, sino simplemente de analista de seguridad y de inteligencia, es tergiversado por lo que nos están de acuerdo con el mismo, increpando al autor como si ellos fueran los únicos detentadores de la democracia, cuestión común en España, donde cada vez hay menos de eso y más de totalitarismo.

Se ha pretendido y todos los medios han estado expectante en la sentencia judicial, abrogando a lo jueces una misión que no es la suya, la de desvelar íntegramente la verdad histórica. Los jueces juzgan de acuerdo a una instrucción y unas pruebas presentadas por juez instructor, fiscal y acusación y defensores. El hecho de expresar en la sentencia que no hay pruebas, no quiere indicar que no haya ocurrido ese hecho sino que no se han encontrado datos de que hubiera pasado.

El Juez no puede presuponer, juzga hechos contrastados, y en consonancia con ellos dicta su sentencia.

Deducir que la inexistencia de pruebas que acrediten la connivencia de ETA y el islamismo radical con el atentado, es que verdaderamente no hubo contactos entre ambas organizaciones, es una falacia, lo mismo que sería es falacia, el expresar que los atentados que sufrieron el presidente Reagan y Juan Pablo II, no tenían ninguna relación, cuando ambos se aliaron para hacer caer la ideología comunista.

A lo largo de la historia se han cometido magnicidios y se ha pretendido que los jueces enuncien la verdad, y siempre, lo único que han hecho es relacionar las pruebas presentadas, con unos acusados, declarándolos culpables o inocentes con respecto a ellas, o absueltos por falta de pruebas consistentes. ¿Quién asesinó a Kennedy? Por supuesto nadie cree que Oswalt, un americano comunista actuara solo, aunque así lo declarara el juez. Otros casos quedaron en la penumbra en España aunque hubiera autores condenados, como los asesinatos de los presidentes del Gobierno Prim y Cánovas del Castillo, en ambos se encontraron culpables, pero de ninguna manera el juez pudo dictaminar quiénes fueron los instigadores. Entonces ¿Por qué se pretende que el magistrado y presidente del tribunal, Bermúdez dicte la verdad?

Los historiadores decimos que hay varias verdades, la primera la verdad tal como acaecieron los hechos, la cual desaparece tras los mismos; la segunda la de los protagonistas, los cuales la presentan siempre de forma favorable a sus planteamientos, enalteciendo sus logros o minimizando los errores, además la verdad de los protagonistas es una verdad sesgada, porque ninguno puede percibir todos los entresijos de los hechos ocurridos, unos por estar situados en un nivel bajo y los otros, aunque se encuentren en el nivel de visualización general apropiado, porque se le pierden comportamientos individuales de los ejecutores; por último se encuentra la verdad de los que son espectadores del hecho, los cuales nunca son imparciales, presentando los acontecimientos desde una posición partidista. Total que la verdad nunca se logra encontrar. Con el paso de los años, muchos años, como cinco o seis generaciones, los historiadores intentan reconstruir la verdad de la forma lo más objetiva posible, pero siempre tienen que basarse en las dos últimas verdades, llenas de una importante carga subjetiva.

¿Qué fue del 23 de febrero? Alguien puede decir en España, aunque se han escrito infinidad de libros si hay alguna verdad. Como decía William Shakespeare, “Nada es verdad ni es mentira, todo depende del cristal con que se mira”.

El atentado del 11M será uno de los grandes misterios de la historia de España. Nadie conoce su verdad ni nadie puede abrogarse que el juez haya dictado una sentencia coincidente con sus tesis.
A los españoles nos gusta remover la “verdad histórica” intentando manipularla según quien gobierna, mejor nos iría, si nos olvidáramos de todo ello y mirásemos exclusivamente a nuestro futuro, para presentarlo a nuestros hijos de la mejor manera posible. Todo eso es una utopía con los gobernantes y líderes que tenemos.

 

 

Especial: 11-M. Atentado en Madrid

 


Fuente: www.belt.es
Fecha: 01/11/07

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