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Rendición en Dakar


El problema, naturalmente, es que al final no habrá sitio donde esconderse y cada uno de los hogares europeos será objeto de chantaje.   La suspensión del rally que tenía previsto comenzar en unas horas es, más allá de una anécdota, la constatación de algunas de las tendencias de la guerra a la que se enfrenta Occidente en este recién estrenado siglo. En primer lugar, supone la demostración de que Al Qaeda tiene mucho poder, o que el poder que se le supone es mucho, lo que a efectos prácticos viene a ser lo mismo. La suspensión es una victoria alqaedista sobre todo un símbolo occidental como es el Lisboa-Dakar. Da la razón a Al Qaeda cuando dice que es posible ir ganando, batalla tras batalla, la guerra contra Occidente. Insufla ánimos al yihadismo, anima a los terroristas a proseguir con los atentados y las amenazas. Se trata, en primer lugar, de una victoria moral de Al Qaeda, que se ve reforzada.

En segundo lugar, deja patente que el yihadismo considera determinadas zonas del globo como propias; no permite que Occidente "contamine" determinados países que considera suyos. En este caso, Mauritania había tratado de garantizar la seguridad –o lo que quiera que eso signifique para este país– de la carrera, pero Al Qaeda ha podido más. La enseñanza para los países de la zona es que, en el futuro, Occidente les dejará solos y saldrá corriendo dejándoles a merced de los islamofascistas. Se trata pues de una derrota política de aquellos países que podrían, de una manera u otra, colaborar o abrirse a las relaciones con Europa. Ahora están más aislados.

En tercer lugar, queda demostrado patéticamente que Occidente, con sus organizaciones y sus instituciones –incluso las lúdico-deportivas– está dispuesto a rendirse ante las amenazas yihadistas. Ahora ha sido la carrera africana, pero ¿por qué no huir cuando las amenazas afecten a otro tipo de intereses? Cada retirada occidental es un avance yihadista. ¿A alguien le cabe realmente alguna duda de que es cuestión de tiempo que las amenazas se centren en acontecimientos deportivos, culturales o sociales en suelo europeo? Lo peor no es ni que los terroristas se sientan satisfechos ni que algunos países se puedan ver abandonados; lo peor es la tendencia europea a ceder cada vez más ante el terrorismo islámico.

Y es que la suspensión del Lisboa-Dakar va bastante más allá de la anécdota. Muestra como se están perdiendo tres importantes aspectos en la guerra contra el islamofascismo. A los terroristas les proporciona la certeza de que Occidente está blandito, que aguanta más bien poco y que se le puede ir venciendo paso a paso. A los países sobre los que el yihadismo ha puesto el punto de mira les demuestra que llegado el caso, Occidente saldrá corriendo y les dejará en la estacada, no importa lo importante o significativo que sea el tema. Y a los ciudadanos europeos este asunto les hace profundizar en la mentalidad de rendición y derrota; si Al Qaeda amenaza, nosotros nos escondemos o escapamos. El problema, naturalmente, es que al final no habrá sitio donde esconderse y cada uno de los hogares europeos será objeto de chantaje.

 

 

Especial: 11-S. Operación global contra el terrorismo: El análisis de los profesionales

 


Fuente: www.libertaddigital.com
Fecha: 05/01/07

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