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Seguridad Colectiva y Defensa Nacional.

 

Expertos

Rafael Vidal Delgado

Coronel de Artillería en la Reserva
Diplomado de Estado Mayor y de Estados Mayores Conjuntos
Diplomado en Inteligencia Militar Conjunta
Diplomado en Mando de Unidades Paracaidistas

Doctor en Historia por la Universidad de Granada
Master Ejecutivo en Dirección de Seguridad Global (MEDSEG), por la Universidad Europea de Madrid y Belt Ibérica, S.A.
Master Ejecutivo en Dirección de Sistemas de Emergencia (MEDSEM), por la Universidad Europea de Madrid y Belt Ibérica, S.A

Ex-Presidente del Real Club Mediterráneo de Málaga
Profesor del Master Ejecutivo en Dirección de Seguridad Global (MEDSEG)
Profesor Principal del Master Ejecutivo en Dirección de Sistemas de Emergencia (MEDSEM)

Asesor de Planificación Estrátegica
BELT IBÉRICA S.A.
rvidal@belt.es

La Estanflación: ¿Inseguridad económica y social?


Valiente palabreja la de “estanflación”, siendo necesario en primer lugar definir qué se quiere indicar con este concepto, definido como no podía ser menos por los analistas macroeconómicos. Con estanflación se quiere expresar la situación que vive o se augura a corto o medio plazo, de una colectividad nacional, en donde confluye el estancamiento económico con una inflación no controlada.

Pues bien, expertos internacionales predicen que España no se encuentra en buenas disposiciones económicas. Comparan el actual estado de cosas con la de principios de la década de 1970, en donde confluyeron en nuestro país la crisis del alza de los precios del petróleo con los estertores del régimen anterior. En aquellos momentos se optó por declarar a la opinión pública que “no pasaba nada”, que el sistema económico español se encontraba preparado para superar con creces la situación planteada por la Organización de Países Productores de Petróleo (OPEP).

La realidad fue bien distinta, mientras el resto de los países europeos se tomaron en serio el problema e implantaron medidas concretas para reducir el consumo de energía y minimizar el impacto de la subida de los derivados petrolíferos en los bolsillos de los ciudadanos, en España se abrió la espita de la circulación monetaria, aumentaron los sueldos, se incrementó el consumo, y se inició la espiral inflacionista que nos duraría largos años el dominarla. Para más “INRI” al aumentar el precio del dinero, la industria se hipotecó, no pudiendo con la productividad y sus precios, superar sus enormes costos financieros.

Como conclusión, perdimos competitividad internacional y en cierta medida nuestra industria se arruinó, pasando a ser nuestro país de uno medianamente industrial a otro exclusivo de servicios, entrando en la Unión Europea con ese bagaje; aumentó el paro, siendo el país occidental con mayor índice de desempleo. Hemos tardado más de veinte años en superar la pérdida industrial.

La situación económica mundial no es tan nítida como la de 1970. Las causas son diversas, siendo la primera que hoy la economía es más global, de tal forma que los mercados se encuentran fuertemente interrelacionados, afectando lo que ocurre en Tokio, Hong-Kong, Nueva York, etc., con la Unión Europea y sus estados miembros. La entrada de nuevos actores económicos como China e India, a los que seguirán Brasil y Nigeria entre otros, aumentará aún más la interconexión económica, debiendo las autoridades económicas de cada estado, disponer de su correspondiente observatorio, con sus indicadores de crisis, con objeto de detectar con tiempo suficiente una situación anómala para su economía y estar en disposición de superarla.

Volviendo a la realidad española, el preludio de la campaña electoral, nos está jugando una mala pasada económica, como la de la década de los setenta. Por una parte las autoridades políticas, responsables de la gestión económica, tranquilizan a la población diciendo que “no pasa nada”, que la economía española se encuentra en condiciones idóneas, mejor que el resto de Europa, para superar los desajustes económicos mundiales. Por el contrario la oposición, presenta un escenario catastrófico.

En opinión de este analista de seguridad, las dos facetas que se plantean son erróneas. La situación española es preocupante, dado que nos encontramos en el inicio de la estanflación, acuñándose otro término para ello, el de la “ralentiflación” (traducción libre del término anglosajón). Es necesario que, al margen de la campaña electoral, se tomen las medidas necesarias, como están haciendo otros países europeos y occidentales, para que la inflación no se dispare, teniendo en cuenta que tenemos el mayor índice inflacionista de toda la Unión Europea. La inflación provoca alza en los precios, reducción del consumo, baja en la producción, despidos por falta de pedidos, aumento del desempleo, incidiendo en los más débiles, los inmigrantes; endeudamiento de las empresas, bajada de productividad, menor competitividad exterior, pérdidas de mercado, y un largo etcétera que cualquiera no sea un experto económico puede predecir.

Pero nada de esto se hará. Los que nos gobiernan, declaran, como si la población fuera analfabeta, que todo se arreglará a partir de marzo, que lo que está pasando en una mera coyuntura. Pero, ¿el 9 de marzo no son las elecciones?, ¿es que están esperando a ganarlas para tomar medidas?, ¿no puede ser ya tarde?, ¿qué costos sociales tendremos que padecer los españoles ante la incompetencia de los políticos?, ¿asumen ellos la inseguridad que puede generarse?, ¿se dan cuenta que el desempleo puede generar violencia?

No hay que ser catastrofista, pero tampoco demagogo. En vez de exponer que “no pasa nada”, que se tomen medidas coherentes. Los españoles no somos tontos y reconoceremos y daremos credibilidad al político que antepone el bien de los ciudadanos al de su partido.

¿Pero, son capaces de pensar así?

 


Fuente: www.belt.es
Fecha: 24/01/08

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