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Seguridad Colectiva y Defensa Nacional.

 

 Expertos

Francisco Ángel Cañete Páez


Profesor mercantil, economista y Comandante de Infantería
Caballero de la Orden de San Raimundo de Peñafort


Agustina Zaragoza Domenech, 'Agustina de Aragón', inmortal heroína de los sitios de Zaragoza


INTRODUCCIÓN    

En este año 2008 se cumple  el “II Centenario del inicio de nuestra Guerra de la Independencia (1808-2008)”, y como adelanto a los múltiples fastos y foros institucionales, que a buen seguro se han de celebrar en nuestra Patria para conmemorar el inicio de tan gloriosa efemérides, en la que el honrado pueblo español, humillado en su soberanía y hundido en su independencia, unido y sin fisuras supo alzarse contra el invasor y combatir , con manifiesta inferioridad de medios, contra uno de los mas poderosos ejércitos de la época, paso a trazar la semblanza biográfica de una de las mas destacadas heroínas de la citada Guerra:  AGUSTINA ZARAGOZA DOMENECH, mas conocida en nuestra Historia como “Agustina de Aragón,” sacando a la luz, a través de las presentes líneas, cuanta información sobre tan interesante y ajetreada existencia he podido obtener.

"Agustina de Aragón"
Cuadro al óleo pintado por J. Gálvez
Museo Lázaro Galdiano (Madrid)

No es fácil bucear en los archivos y en el Libro de la Historia, cuando de evocar la figura de Agustina Zaragoza, la inmortal heroína de nuestra Guerra de la Independencia se trata. La leyenda y la fantasía sobre esta figura gloriosa de nuestra historia, se entrelazan hasta tal punto que nos es difícil separar lo mítico de lo real, lo fantástico de lo verídico.  Para las gentes sencillas del Portillo zaragozano, Agustina era a todas luces aragonesa. Qué objeto si no tendría la letra de esa popular jota, que se viene cantando en Zaragoza desde el tiempo de los sitios:

“De Teruel los amantes
De Huesca , Ramiro el Monje
De la inmortal Zaragoza
Agustina y el Tío Jorge”

Sin embargo, y pese a la letrilla de la conocida jota, Agustina no había nacido en Aragón, sino en Cataluña, concretamente en Barcelona.  Palafox, cuando la acción del Portillo, nos la describe así: “Tendría de veinte a veintidós años, era morena, de grandes y hermosos ojos, y aún cuando no podía pasar por linda, era graciosa, alta, bien formada y tenía una viveza sumamente agradable y un aire despejado”.   Y con esta descripción de la heroína hecha por el General Palafox nos adentramos ya , sin mas preámbulos, en su apasionante biografía.

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DESDE SU NACIMIENTO HASTA SU MARCHA A LA CIUDAD DE ZARAGOZA.

Agustina Zaragoza y Domenech  nace en Barcelona, el día 4 de Marzo de 1786, siendo bautizada dos días mas tarde en la Parroquia de Santa María del Mar. De familia humilde, fueron sus padres Pedro Zaragoza y Zaragoza y Raimunda Domenech y Gassull, naturales ambos del pueblecito de Fulleda (Lérida).  No se sabe a ciencia cierta cuando el Sr. Zaragoza se traslada con su familia a Barcelona, abandonando su pueblo natal de Fulleda, donde, aunque de modesta posición, tenía algunos bienes y en cuyo lugar existió hasta los primeros años del pasado siglo el viejo caserón de sus mayores; pero es lo cierto que hasta los veintiún años, Agustina vivió con sus padres en Barcelona, los tres últimos ya casada y avecindada en las parroquias de Santa María del Mar; San Pedro y Nuestra Sra. Del Pino, de la capital indicada, señalando la tradición una vieja casa de la antigua calle de Sombrerers, esquina a la de Montcada, como lugar del nacimiento de la heroína.

El día 17 de Abril de 1803, a los diecisiete años recién cumplidos, contrajo Agustina matrimonio con el cabo de Artillería Juan Roca Vilaseca, viviendo en Barcelona, donde nace su primer hijo, que muere a la tierna edad de cinco años, víctima de las privaciones y del cautiverio.

Iniciada la guerra, – guerra que la Historia de España, calificaría mas tarde con el glorioso nombre de  “ La Independencia”- Roca, marido de Agustina, promovido ya a Sargento 2º, tiene que salir a campaña con su Regimiento, teniendo que dejar solos en Barcelona a su mujer y a su pequeño hijo; hasta que Agustina es llamada por sus padres a Zaragoza por haber trasladado allí su residencia, en casa de su otra hija Elena, casada con un capitán de Infantería, apellidado Bacit, y que se encuentra de guarnición en dicha plaza. Este es el momento en que Agustina emprende el viaje hacia la ciudad que merced al heroísmo que puso en su defensa había de hacerla famosa.

Los hechos, relatados fielmente por cronistas e historiadores se corroboran con la sucinta descripción que de lo mismos hace la propia Agustina en una carta, dirigida años mas tarde a su amiga Doña Antonia Rosa Arrabal en la que entre otras cosas le decía: “ Me hallaba una mañana, la memorable del 2 de Julio del año que te he dicho, haciendo los menesteres de mi casa, cuando un terrible ruido hizo retemblar el edificio. Lo había producido una granada tremenda. Los zaragozanos corrían por las calles en todas direcciones y los franceses intentaban entonces un ataque general. Yo me acordé que mi hombre, mi querido esposo Juan, estaba destacado en el Portillo de San Agustín. El deber de esposa, el deber de patriota  pensaba, me exigían poner precio a mi vida. ¿Dónde mejor puesto que en las baterías de San Agustín? Pensado y hecho. Animé a algunas vecinas y, como tocada por Dios en el corazón, dirigíme presurosa al Portillo. La metralla enemiga abría brecha  en la muralla y los sitiadores tenían ventaja sobre nuestros soldados y el pueblo. Un artillero gallardo, de arrogante figura surge de aquella masa de sangrante carne humana; pero al aproximar la mecha al cañón, muere gloriosamente por una bala enemiga. Los franceses se aproximan más y más a la brecha y yo, enardecida, como subyugada por una fuerza extraña y sobrenatural, me lanzo con fiereza sobre el cuerpo del artillero agonizante, le arranco de sus manos la ensangrentada mecha y al grito de ¡Viva España! la aplico al cañón y una carga de metralla hace verdaderos estragos en las filas de los sitiadores”. Animados por su acto, resurgen junto a las baterías algunos soldados heridos y otros militares y paisanos que se hallaban parapetados en las calles próximas. Agustina, cada vez mas enardecida los arenga, los anima a reanudar con mayor ardor la pelea y, vuelto a cargar el cañón, lo dispara de nuevo, cuando ya los franceses empiezan a retroceder.

AGUSTINA ZARAGOZA DOMENECH, Inmortal heroína de los "Sitios de Zaragoza" durante nuestra Guerra de la Independencia (cuyo bicentenario conmemoramos este Año 2008), promovida por el Rey Fernando VII a Subteniente Honorario del Ejército Español
(Óleo expuesto en el Museo Lázaro Galdiano de Madrid)

El general Palafox, que manda las fuerzas de la Plaza, enterado del hecho, ordenó que llevasen a su presencia a la heroica joven, pero ella contestó al emisario:”  Agustina Zaragoza no abandonará su puesto mientas la batalla continúe”, y el General, al recibir tal respuesta, se presenta en el Portillo con su Estado Mayor y escolta, quedando admirado ante el cuadro que se presenta ante sus ojos y del que es figura principal una mujer, a la que desde entonces, toda Zaragoza conocerá por el sobrenombre de “LA ARTILLERA”.

Al terminar el combate, Palafox cogió las divisas de un sargento muerto y las colocó sobre los hombros de la heroica Agustina , “ cuya honrosa misión había tan dignamente representado”, según frase del propio General quien le concede igualmente el Escudo de Defensor de la Patria y la Cruz de Distinción del Primer Sitio de Zaragoza.  Posteriormente, la Junta Central de Defensa, en nombre del Rey Don Fernando VII, y por su Resolución de 30 de Agosto de 1809, concede a Doña Agustina Zaragoza y Domenech el grado de Subteniente Honorario de Infantería (1) con goce de haber, en atención a los extraordinarios méritos y heroica actuación en la jornada del 2 de Julio de 1808, defendiendo a la Patria durante el primer sitio de la Inmortal Ciudad de Zaragoza.

AGUSTINA PRISIONERA DE LOS FRANCESES.  SU EVASIÓN Y VUELTA A LA PATRIA. SU DISTINGUIDA ACTUACIÓN EN EL SEGUNDO SITIO.
 
Durante el segundo sitio de Zaragoza, Agustina ocupa siempre un puesto distinguido entre los defensores, realizando prodigios de valor en la batería de la Puerta del Carmen, cuyos primeros disparos fueron hechos por su propia mano en el intento de reconquista del convento de la Trinidad Descalza, y en las salidas que pocos días después hicieron los sitiados.

Al entrar en Zaragoza las huestes de Napoleón, es herida, logrando refugiarse en el convento de la comunidad agustiniana, en unión de su marido, que también está herido de alguna importancia. Allí son hechos prisioneros y conducidos a Francia por el  general Morlot, donde su marido consigue la libertad y ella logra evadirse y regresar a España, sufriendo en la huida todo un calvario de hambre, frío y miseria. Ya en España, que aún se debate entre los horrores de la guerra, en un pueblecito de Soria, Ólvega, fallece su único hijo de tan sólo cinco años de edad.  Tras su marcha a Tortosa, se presenta Agustina al general jefe de aquél cantón y es destinada a una batería, tomando parte activa en la defensa de la ciudad. Rendida Tortosa, es capturada por segunda vez, pero con motivo de un canje recobra la libertad, incorporándose al Ejército del Norte, donde asiste, encuadrada en una batería de montaña a la decisiva batalla de Vitoria.

RECIBIDA EN PALACIO POR EL REY FERNANDO VII.- FALLECIMIENTO DE SU ESPOSO Y NUEVO MATRIMONIO.

Finalizada la Guerra, fija Agustina su residencia en Valencia, en unión de su esposo, promovido ya al empleo de Capitán de Artillería.  Un día de Agosto de 1814, recibe una carta del general Palafox, en la cual le dice : “ Noticioso el Rey Nuestro Señor de su esforzado heroísmo en esta guerra, cuyos hechos ha sabido con admiración, nuestro Augusto Monarca ha manifestado deseos de conocer a Vd. , y por tanto está Vd. precisada a complacer a nuestro Rey, pasando a la Corte. Creo que no se negará Vd. a recibir tanto honor. Es de Vd. affmo. amigo q.b.s.m.  José Rebolledo de Palafox y Melci”.  No tardó Agustina en acudir a la llamada de su Rey, y nada mas recibir la carta del general Palafox emprendió el viaje a la Capital del Reino, siendo recibida  en Palacio por el Rey Fernando VII el día 25 de ese mismo mes de Agosto; confirmándola S.M. por un Real Decreto de esa fecha, en el empleo de Subteniente de Infantería, con goce de haber y sobresueldo de 1.200 reales anuales.

En el año 1823, fallece su esposo, el capitán Roca Vilaseca, marchando entonces Agustina a residir a Almería, en cuya población conoce a un joven médico, llamado Juan Cobos y Mesperuza, hijo único del señor de la Casa de Cobos y trece años mas joven que ella. A pesar de esta diferencia de edad, se casan y fijan su residencia en Valencia donde les nace una hija a quien llaman Carlota.  Hacia el año 1828 el matrimonio se traslada a Sevilla. Con Agustina vivía, además de su hija Carlota, Juan, único hijo que le quedaba de su primer matrimonio. (2)

ESTANCIA DE AGUSTINA EN CEUTA HASTA SU FALLECIMIENTO EN DICHA PLAZA EN EL AÑO 1857.

En 1847 se casa su hija Carlota con Don Francisco Atienza Morillo, Oficial 1º de Administración Militar, destinado en Ceuta, y Agustina viene a vivir a esta Plaza mientras su marido queda en Sevilla y solamente de tarde en tarde aparece por Ceuta. La heroína con su hija y su yerno, vive primeramente en la casa nº 10 de la calle de la Muralla, para trasladarse definitivamente a la casa  Número 40  de la calle Real, edificio conocido por la Casa Grande, por ser el mayor que entonces había en esta calle y que pertenecía al general O’Donnell y con anterioridad a los duques de Medinaceli. (3)

En Ceuta efectúa su presentación a las autoridades militares en su calidad de Subteniente de Infantería, siendo agregada por Real Orden al Regimiento de Infantería “FIJO” que guarnece dicha Plaza, donde presta sus servicios en oficinas hasta que le corresponde el retiro por edad.

Una noche llegó hasta su casa la noticia de que los presos del penal se habían sublevado, y los jefes piden consejo a la heroína; y ella, por toda respuesta, y a pesar de sus años y de sus achaques, añorando sus glorias pasadas, se viste con su uniforme militar y sola se presenta en el presidio.  En el acto, y al ver los amotinados ante ellos la figura excelsa de la protagonista del Portillo, deponen su actitud y se someten a las autoridades del penal.

En el mes de Mayo de 1857, la heroína cae enferma, víctima de una afección pulmonar y su estado se agrava rápidamente. De la iglesia de los Remedios, muy próxima al domicilio de Agustina, el vecindario ceutí, que siente un gran cariño por su heroica convecina, acompaña silencioso al Santísimo. La enferma recibe cristianamente los últimos Sacramentos y expira el día 29 de ese mismo mes de Mayo, a los 71 años de su edad. Se le amortaja con su uniforme, colocándose sobre la caja mortuoria su morrión y su sable, y recibe cristiana sepultura en el cementerio de Santa Catalina, departamento de San Cayetano, nicho Nº1.  La Orden General de la Plaza de Ceuta, correspondiente al día 29 de Mayo de 1857, fijaba los honores fúnebres a tributar a la finada, disponiendo en su artículo único : “A fin de rendir el justo tributo de reconocimiento y respeto a los restos mortales de Doña Agustina Zaragoza y Domenech, Subteniente Agregado que fue de la Plana Mayor del Regimiento de Infantería FIJO DE CEUTA, fallecida en esta Plaza en la madrugada de hoy; por los altos recuerdos con que nuestra Historia ensalza con orgullo sus virtudes y valor defendiendo a la Patria en la Muy Heroica e Inmortal Ciudad de Zaragoza, he dispuesto que todos los Sres. Jefes y Oficiales de los Cuerpos de la guarnición francos de servicio, los de Administración y Sanidad Militar, Juzgados de Guerra y demás dependientes de este Fuero, asistan a su funeral que saldrá mañana a las diez horas de la casa mortuoria, situada en la Calle Real Nº 40, en la que me hallaré yo, para acompañarla igualmente. Por el Regimiento “Fijo”, se designará un piquete de honores al mando de un oficial que dará escolta al cadáver y rendirá los de Ordenanza” (4)

TRASLADO DE SUS RESTOS A ZARAGOZA.

Cuando el Ayuntamiento de Zaragoza tuvo noticias del fallecimiento de Agustina, decidió en sesión del 14 de Julio de 1857, trasladar sus restos a la ciudad que tan heroicamente había defendido; pero este acuerdo no pudo llevarse a efecto hasta el año 1870.   En el mes de Junio de dicho año, llegó a Ceuta desde Zaragoza una comisión especial que se hizo cargo de los restos de Agustina, verificándose la exhumación con la mas grande solemnidad y rindiéndose al cadáver los honores correspondientes a un Capitán General. Los restos mortales de Agustina Zaragoza y Doménech, AGUSTINA DE ARAGÓN, según la recuerda la posteridad, pasaron triunfalmente por Cádiz, Sevilla y Madrid, recibiendo sepultura en el templo-basílica de Nuestra Sra. del pilar en Zaragoza.

En 1908, la Junta del Centenario de los Sitios de Zaragoza, erigió una capilla dedicada a la Asunción de la Santísima Virgen, en la iglesia parroquial de Nuestra Señora del Portillo, inaugurada por S.M. la reina Doña Victoria Eugenia el 29 de Octubre de dicho año, y allí se trasladaron en última morada, el día 19 de Julio de 1909, los restos de la heroína, juntamente con los de Manuela Sancho y Casta Álvarez que también se habían distinguido en la defensa de Zaragoza.

S.M. El Rey Don Alfonso XIII, tan amante de las glorias y tradiciones patrias, creó por Real Decreto de 19 de Julio de 1908 (Colección Legislativa Nº 126) la “Medalla Conmemorativa de los Sitios de Zaragoza (1808-1809)” y autorizó su uso sobre el uniforme  al personal militar descendiente de los heroicos defensores de la inmortal ciudad.  

NOTAS

1. El empleo de Subteniente, traído a España por Don Felipe V al inicio de su reinado, no ostentaba la condición de Suboficial  con la que hoy figura, sino que , durante todo el Siglo XVIII y primera mitad del XIX, tuvo rango de Oficial al ser el primer escalón del Cuerpo de Oficiales del Ejército Español.
2. Juan Roca y Zaragoza, hijo de la heroína, bajo la dirección de su padrastro, estudió la carrera de Medicina. Vivió y casó en Sevilla, falleciendo en dicha ciudad el año 1885, dejando dos hijas Remedios y Elena, que murieron solteras.
3. A finales del Siglo XIX, la casa donde falleció la heroína amenazaba ruina, por lo que fue derruida, construyéndose sobre su solar el actual inmueble, en cuya fachada, la colonia catalana de Ceuta puso una lápida en 1913, que aún se conserva, con la siguiente leyenda: “En esta casa falleció cristianamente el 29 de Mayo de 1857 DOÑA AGUSTINA SARAGOSSA  DOMENECH, natural de Barcelona, heroína de los sitios de Zaragoza (1808-1809). La colonia catalana de Ceuta le dedica esta memoria”.
4. Algunos autores sitúan la muerte de Agustina en Melilla; cuando ha quedado fehacientemente comprobado que su fallecimiento tuvo lugar en Ceuta.

Suplemento Temático: Mujer y Seguridad

 


Fuente: Francisco Ángel Cañete Páez
Fecha: 02/04/08

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