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Seguridad Colectiva y Defensa Nacional.

 

 Expertos

Rafael Vidal Delgado

Coronel de Artillería(R)
Diplomado de Estado Mayor
Doctor en Historia por la Universidad de Granada

Diplomado y profesor del Master Ejecutivo en Dirección de Seguridad Global (MEDSEG)
Diplomado y profesor principal del Master Ejecutivo en Dirección de Sistemas de Emergencia (MEDSEM)
Asesor de Planificación Estratégica de Belt Ibérica, S.A.

BELT IBÉRICA S.A.
rvidal@belt.es

El último orejón del tarro


Entre los refranes populares españoles hay uno que dice “Ser el último orejón del tarro”, que quiere expresar aquella persona que no se le tiene en cuenta para nada.

Nuestro Presidente del ejecutivo, José Luis Rodríguez Zapatero, hasta para los que no lo han votado, comenzó su andadura de gobierno, con una inexperiencia y una carestía de conocimientos de política y diplomacia internacional considerables, para más “INRI”, las personas que debieran de haberle aconsejado, por ser expertos en la administración del estado, siendo de su misma ideología, no lo hicieron, porque no me imagino que aunque lo hubieran hecho no les hiciera caso.

Las primeras decisiones fueron realmente vulnerables, precedidas por el desplante a la bandera de un aliado, para continuar criticando determinadas actuaciones que contaban con la unanimidad o al menos la mayoría de los países occidentales, al mismo tiempo que calentaba el horno interior con una política centrífuga, que recibió la crítica velada y algunas veces no tanto de sus afines.

Sin embargo, después de aquellos primeros escarceos equivocados, la situación cambió radicalmente: las veleidades con los populistas sudamericanos se redujeron a su mínima expresión; la famosa alianza de las civilizaciones, se quedó en un deseo utópico; la inexistencia de la palabra España se convirtió en el Gobierno de España; las palabras inamistosas con Estados Unidos se volvieron en promesas de aliados sinceros y firmes; la espalda a Europa giró hacia una integración completa y efectiva; y así podríamos hablar de otros aspectos, de tal forma que el actual Presidente del Gobierno no tiene nada que ver con aquel otro que comenzó su trayectoria en 2004.

Sin embargo para la historia de las naciones, dos, tres, cuatro o seis años, no es nada, una minucia, y los avances conseguidos en una etapa se convierten en retrocesos importantes en poco tiempo, que cuestan sudor y lágrimas volver a andar el camino y superar la situación alcanzada anteriormente.

Pero lo curioso de todo el proceso es que si desde la Presidencia del Gobierno se clama por medidas sinceras, por declaraciones ajustadas y por la mano tendida como puente hacia todas las sensibilidades, existen miembros cercanos a ella, que siguen sembrando desconfianza y recelo en determinados ámbitos nacionales e internacionales.

Parece que el Presidente Bush, nos guste o no, el gobernante más influyente del mundo, mantiene con Rodríguez Zapatero un distanciamiento que hasta puede decirse que traspasa el círculo político y entra en el personal, de tal forma que tal vez es el único primer ministro de un país aliado con el que no ha tenido una entrevista, ni siquiera una conversación que sobrepase la mera cortesía del saludo.

España es la octava o novena potencia económica del mundo, merece por muchos aspectos, encontrarse entre aquellos países que desarrollarán la vida económica del siglo XXI, pero casi con entera seguridad no estará (¡ojalá! se equivocara este autor). El propio Presidente del Gobierno y nuestra diplomacia, se esmeran en limar asperezas y recabar apoyos, incluso guiñando ojos al propio Gobierno norteamericano, pero al mismo tiempo, desde el partido gobernante y de algunos de sus miembros, incluso formando parte del ejecutivo, se efectúan descalificaciones, innecesarias en estos momentos.

Una persona a la que creía inteligente, pero parece que no, ha insinuado que a Bush le queda poco tiempo de mandato, y para él se podría contar la anécdota, que Hitler, en los últimos meses, estaba pendiente de las elecciones norteamericanas, pensando que si no era reelegido Roosevelt, tenía posibilidades de terminar la guerra con garantía de supervivencia, porque el oponente había dado muestras de querer la paz y el diálogo. Si gana las elecciones Obama, se tenderán nuevas líneas en política internacional, pero desde luego no serán como las que se presuponen, sino más de cara a la galería que a la realidad, y desde luego la salida de Irak seguirá los pasos marcados, acelerándose tal vez un poco, pero sin producirse una retirada a la española.

Felipe González y todo su entorno próximo, después de la campaña previa de OTAN NO, se convirtieron en fieles aliados, suscribiendo los llamados Acuerdos de Coordinación, que aunque se vendieron como instrumentos políticos, no fueron más que demostración de la incapacidad militar española, en aquellos momentos se entiende, de llegar a más en su cooperación a la defensa occidental, pero desde luego entonces se tenía sentido de Estado.

El Presidente Rodríguez Zapatero dispone del suficiente sentido de Estado, lo está demostrando, no así algunos de los que le rodea a los que debería ordenar callar o que manifiesten su discrepancia en privado, como hizo González con Alfonso Guerra.

Recordemos la anécdota de Hitler, nuestra relación con Estados Unidos no cambiará con las personas, sino con nuestros planteamientos hacia ellos.

 


Fuente: Rafael Vidal Delgado
Fecha: 24/10/08

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