El pasado 30 de marzo, el ministro de Asuntos Exteriores y de Cooperación, Miguel Ángel Moratinos, se ha trasladado a Minsk, capital de Bielorrusia, en calidad de presidente en ejercicio del Comité de Ministros del Consejo de Europa, para reanudar y, sobre todo, establecer una mayor relación entre el Consejo de Europa y la que fue una de las 17 repúblicas de la antigua Unión Soviética.
La república de “rusos blancos”, denominación que parece proceder, bien de su tradicional vestimenta blanca o de las arnas blancas que cubren gran parte del país, está gobernada, ininterrumpidamente desde julio de 1994, por el déspota Alexandre LUKACHENKO, mediante su peculiar ideología de Estado que, podemos resumir como: culto al trabajo, la colectividad y el Estado estricto y protector; con el apoyo de las organizaciones sociales –denominadas constructivas- en concreto los sindicatos y las organizaciones juveniles, pero que, debido a que sus métodos, son en absoluto democráticos, ha merecido la repulsa del Parlamento Europeo, el cual, condena: el autoritarismo con que ejerce el poder; el mantenimiento de la pena de muerte; el férreo control de las actividades sindicales y el constante impedimento para el desarrollo de las iglesias.
Su lengua, junto con las conocidas como: gran ruso (el ruso propiamente dicho) y el pequeño ruso (el ucraniano) conforman la lengua eslava oriental. Su población, que supera los 10 millones de habitantes, es en su mayoría, un 79%, bielorrusa, siguiendo las minorías étnicas de rusos, polacos y ucranianos con el 12, 4 y 2% respectivamente.
Constituye parte del “núcleo duro” de la Comunidad de Estados Independientes (CEI) y, aunque forma parte junto con Rusia, Ucrania y Kazajstán, un Espacio Económico Común, mantiene, con la gran potencia, Rusia, profundas diferencias con respecto a las cuestiones energéticas, lo que ha provocado un pequeño giro de sus relaciones exteriores, visando con preferencia Oriente Medio y Asia. También forma parte de diversas organizaciones regionales como la del Tratado de Seguridad Colectiva, en la que ingresó recién estrenada su independencia en 1992 y, más recientemente, se ha integrado junto con Kazajstán, Kirguistán, Rusia y Tayikistán, en la Comunidad Económica Euroasiática.
Las relaciones con Occidente, en los últimos tiempos, no atraviesan su mejor momento. Acusada por los norteamericanos de haber vendido armas a Iraq durante la invasión y posterior ocupación por parte de las fuerzas de la Alianza, Bielorrusia se encuentra aislada con respecto a los países occidentales, ya que, tanto la Unión Europea (UE) como los Estados Unidos de Norteamérica (EE.UU), han congelado los haberes de los altos funcionarios bielorrusos desde hace tres años.
Ante tal circunstancia, se ha erigido en actor protagonista del Movimiento de los No Alineados, estableciendo, sin solución de continuidad, acuerdos con una serie de países generalmente enfrentados a Occidente, como: Cuba; Venezuela; Corea del Norte e Irán.
Al no existir relaciones contractuales entre la UE y Bielorrusia, la joven república no recibe ningún beneficio de la política que lleva a cabo la UE, denominada Política Europea de Vecindad (PEV), que establece el marco para relacionarse con sus vecinos del este y el sur, buscando un interés de rodear a la UE de países, en lo posible, prósperos y estables.
Las relaciones con Washington empeoraron el año primavera del año pasado, cuando las autoridades bielorrusas llamaron a consultas a su embajador a la par que retiraron la acreditación a su homólogo norteamericano, como respuesta al endurecimiento de sanciones al régimen, ya que bloquearon incluso las cuentas del presidente de la república, prohibiéndole a él y a su altos dignatarios su entrada en los EE.UU, a su vez, congelaron los fondos que la compañía energética bielorrusa BELNEFTEJIM posee en las entidades bancarias estadounidenses.
La reciente visita del jefe de la diplomacia española, se ha realizado con el objetivo principal de acercar a Bielorrusia al Consejo de Europa, ya que es el único país del continente que no pertenece a ese organismo. Bien acogida, no tan solo por las autoridades bielorrusas, sino también por las de Moscú, tal como se desprenden de diversas declaraciones de sus líderes. Creo que Rusia, siempre ha tratado de mantener la supremacía sobre las antiguas repúblicas soviéticas, a base de establecer puentes para mantener relaciones cordiales, así como ayudas financieras. El caso concreto bielorruso se ve reforzado por la situación geoestratégica al poseer fronteras comunes con los territorios que comprenden los países integrados recientemente en la Alianza Atlántica.
Como ejemplo valido, el préstamo de 1.500 millones de $ que, a finales de 2007, comprometió el Vladimir PUTIN en su última visita realizada a la república de los rusos blancos, junto al ofrecimiento para que los bielorrusos, pudiesen adquirir la energía que precisasen a un precio preferencial.
Junto con el objetivo, antes mencionado de “valorar el grado de compromiso de las autoridades bielorrusas de acercarse al Consejo de Europa”, - tal como lo ha redactado, el pasado 30 de marzo, la Agencia Europa Press-, el presidente del Comité de Ministros del Consejo de Europa ha abogado por intensificar relaciones bilaterales España-Bielorrusia, escenificadas al plantear la posibilidad de que empresas españolas puedan participar en algún proyecto de envergadura bielorruso. Se pusieron los cimientos para que una delegación Bielorrusia visite España mientras que una delegación de empresarios españoles explore in situ las oportunidades de realizar intercambios comerciales, previo sondeo y valoración de las mismas.
Se debe tener presente que España, acoge, año tras año, alrededor de tres mil niños bielorrusos en hogares de familias españolas, constituyen junto con Italia y Alemania el país que más ayuda presta para que los pequeños puedan superar las graves secuelas sufridas por la catástrofe de Chernóbil. Circunstancia muy apreciada por el presidente Bielorruso.
El ministro Moratinos, ha dado un paso más atrevido, al anunciar públicamente que España tiene un gran interés en que, cuando inicie su presidencia de la UE, en enero de 2010, se haya conseguido una plena normalización de relaciones entre la UE y Bielorrusia, a la par que ha invitado, a su homólogo Bielorruso, a visitar España, durante la mencionada presidencia española.
A pesar de que el Ministro de Asuntos Exteriores checo –país que asume el presente semestre la presidencia de la UE- confirmó el acuerdo que han adoptado los Veintisiete países que componen la UE, en el sentido de “haber constatado algunos desarrollos positivos en Bielorrusia”, los miembros de la UE se reservan la posibilidad de volver a aplicar las sanciones –antes mencionadas- si, en cualquier momento se considera que Bielorrusia no progresa lo suficiente en materia de reformas democráticas, respeto a los Derechos Humanos y libertades fundamentales.
Difícil tarea la de evaluar el nivel de progresos sin existir patrones fijos. Pienso que es un comodín que se reserva la UE ante el caso de que, ante nuevos acontecimientos, sienta la necesidad de utilizarla. Bielorrusia desea participar, la próxima semana, en la cumbre para la Asociación Oriental, pero pueden surgir complicaciones que impidan su asistencia ya que está previsto que el Parlamento bielorruso, decida sobre el eventual reconocimiento de Abjasia y Osetia del Sur, circunstancia muy criticada, el pasado febrero por el ministro checo de exteriores.