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Dirección y Gestión de la Seguridad Global.

 

Expertos

Michael Lewitt


Analista financiero y presidente de Harch Capital Management


Unos mercados más seguros, un mundo peligroso


En los últimos meses hemos visto signos de mejora de la estabilidad económica global y de aumento de la inestabilidad geopolítica. Los inversores han hecho caso omiso de lo que está ocurriendo en lugares como Corea del Norte e Irán porque se sienten aliviados, y con razón, de que el mundo parezca que ha evitado caer en una depresión mundial.

Como consecuencia de ello, el mercado global de capitales y el crediticio han experimentado una importante recuperación desde sus mínimos. Sin embargo, desde algunos regímenes, que deliberadamente se han separado del resto de la comunidad internacional, se están sembrando las semillas de la inestabilidad política y económica. Las políticas de Irán y Corea del Norte no representan simplemente una amenaza a sus vecinos; lo que amenazan es la estabilidad económica global. Los inversores no deberían cruzarse de brazos ante los riesgos que estos artífices de la perturbación plantean a los mercados financieros.

El precio del petróleo se ha multiplicado por dos en los últimos meses -hasta los 70 dólares por barril, aproximadamente-, y se espera que suba aún más. Sin embargo, todos los pronósticos se irían al garete si se produjera una mayor inestabilidad en Oriente Próximo. La inflación en las economías de los Estados Unidos y Europa se ha reducido durante los últimos meses, a pesar de la subida de precios del crudo, gracias a los efectos deflacionistas de la crisis financiera.

Los precios de los activos han caído de manera importante porque se han liquidado billones de dólares de deuda. Los precios del petróleo cayeron a unos 25 dólares por barril cuando la economía global se vino abajo en septiembre y octubre. Sin embargo, ahora que la economía ha dejado de contraerse mientras que el sistema bancario global se ha saneado con la ayuda de los gobiernos y los bancos centrales de todo el mundo, la demanda de petróleo se ha incrementado y los precios de esta materia prima tan esencial se han duplicado. Una crisis del petróleo como consecuencia de un desencadenamiento de la violencia en Oriente Próximo se traduciría en un nivel elevado de los precios del crudo.

La impugnación de las elecciones en Irán es un posible punto de inflexión en la historia de Oriente Próximo. La posibilidad de reemplazar al negacionista del Holocausto Mahmud Ahmadineyad por un dirigente más constructivo, según es de esperar, como Mir Hosein Musavi, es la primera señal positiva que llega de Irán en mucho tiempo.

A Ahmadinejad se le acusa de haberle robado las elecciones de la semana pasada a su contrincante. Los partidarios de Musavi han invadido las calles de Teherán en manifestaciones masivas como no se conocían desde la Revolución de 1979 y ha habido derramamiento de sangre. Los clérigos impenetrables que en última instancia detentan el poder en el país han retirado el respaldo que en un principio habían otorgado a la victoria de Ahmadineyad y han solicitado una investigación sobre las irregularidades en las votaciones.

Si bien lo que tratan de salvar estos clérigos en primer lugar y por encima de todo es su propio pellejo, tienen que comprender que la retrógrada política de Ahmadineyad en relación con Israel y su ridícula negación del Holocausto lo han convertido en el hazmerreír del mundo y que su sola presencia no hace más que debilitar la posición global de Irán. Los dirigentes tienen la oportunidad de sumarse a la comunidad de naciones mediante la convocatoria de unas nuevas elecciones, como exige Musavi, y su participación en unas conversaciones constructivas en torno a su programa nuclear. Los clérigos seguirán detentando el poder real, pero tendrán que reconocer que el pueblo iraní está profundamente insatisfecho de la forma en que lo están gobernando

Si se le permite a Ahmadineyad mantenerse en el poder bajo el disfraz de una victoria electoral que el pueblo iraní considera amañada, las amenazas que Irán podría plantear a la estabilidad global serían incluso mayores de las que ya plantea. El pueblo iraní no parece estar dispuesto a aceptar el statu quo, lo que va a colocar a los clérigos bajo una presión extrema desde el interior del país. Combinada con las presiones exteriores para que reduzca sus ambiciones nucleares y haga las paces con sus vecinos, Irán va a seguir siendo una poderosísima carta en la baraja internacional, con capacidad no sólo de perturbar los mercados sino de causar perjuicios mucho peores a sus vecinos si se le pone entre la espada y la pared.

En busca del cambio
Los dirigentes occidentales deberían apoyar activamente al pueblo iraní en sus exigencias de cambio. El presidente Barack Obama no ha sido lo suficientemente claro en su apoyo al pueblo iraní, pero ha llegado el momento de que alce su voz con menos miramientos. El presidente francés, Sarkozy, ha emprendido una trayectoria más enérgica y ha adoptado una línea de mucha mayor exigencia con Irán, al describir la pretendida reelección de Ahmadinejad como una «atrocidad». Esa misma palabra puede aplicarse no sólo a la reelección de Ahmadinejad, sino a todo su mandato como presidente y a sus políticas de ensalzamiento del genocidio y el odio. No es éste un buen momento para que cunda la confusión en el terreno moral ni para que los dirigentes occidentales se mantengan a la expectativa. Deben aprovechar esta oportunidad para promover el cambio antes de que se frustren las posibilidades.

Corea del Norte plantea una amenaza no menos preocupante en Asia. Gobernada por un dirigente excéntrico que está como una regadera, Corea del Norte abandonó la comunidad internacional hace muchos años. En la actualidad, el país está haciendo pruebas con armas nucleares y amenazando a sus vecinos de Corea del Sur con una guerra nuclear. Eso no ha metido tanto miedo a los inversores como para hacerles huir de la Bolsa surcoreana, que, en lo que va de año, ha subido un 20%, pero a lo mejor debería hacerlo. El chantaje nuclear de Corea del Norte ha dado sus frutos en momentos anteriores, que es la razón por la que el país cree que también ahora va a poder saltarse por las bravas la legislación internacional.

Sin embargo, si los dirigentes de China y Rusia, que son los que han tolerado la continuidad de Kim Jong Il, piensan que permitir que Corea del Norte se haga con armamento nuclear es una política acertada, están cometiendo un error de cálculo monumental. Es la parte del mundo en la que ellos se encuentran la que sufrirá primero que nadie las consecuencias de ese rearme nuclear, no Occidente. Es más, se dice que Corea del Norte está exportando tecnología nuclear y otros productos nucleares a otros actores reprobables de la escena mundial con la finalidad de recaudar un dinero que necesita desesperadamente.

¿De verdad cree Rusia que los rebeldes chechenos no han estado de compras en el bazar de Kim? El mundo no puede tolerar este tipo de comportamientos y debe hacer todo lo posible para ponerles ya punto final. Asia ha sido un oasis relativo en un período de agitación económica. Corea del Norte podría comprobar cómo este oasis se transforma en un violento infierno si los Estados Unidos, la Unión Europea, Rusia y China toman medidas más enérgicas para contener a esta nación que va por libre. Afortunadamente, el presidente Obama ha sido más enérgico en sus declaraciones sobre esta crisis, en la que su dirección diplomática es sumamente necesaria.

La gente tiende a ser optimista, pero los dirigentes políticos tienen que prepararse para lo peor. Los inversores deben asimismo prepararse para lo peor. Entra dentro de lo racional que los inversores sean más optimistas hoy sobre el panorama económico de lo que lo eran hace tres o seis meses. A fin de cuentas, nos hemos librado de caer en otra Gran Depresión. Sin embargo, los años que siguieron a la última Gran Depresión vieron cómo el mundo estallaba en una guerra mundial de una magnitud que no tenía precedentes. No es éste el momento para la complacencia, ni en la política ni en los mercados. El mundo es un lugar complejo y el hecho de que se haya conseguido desactivar una serie de amenazas no significa que podamos hacer caso omiso de otra nueva serie de amenazas que han surgido a raíz de aquellas.

Suplemento Temático: Crisis Económica y Seguridad

 


Fuente: El Mundo
Fecha: 21/06/09

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