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Seguridad Corporativa y Protección del Patrimonio.
 

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Pedro González-Trevijano


Rector de la Universidad Rey Juan Carlos

Rebelión en las aulas


Aquel que no sea muy joven recordará la película protagonizada por Sidney Poitier —uno de los ejemplos por excelencia del black power en los años 70— denominada Rebelión en las aulas (1967).

En ella se narraban las extraordinarias dificultades del señor Thackeray —un ingeniero de color en paro que acepta entre tanto un empleo como profesor de un curso de estudiantes rebeldes en un colegio de los barrios bajos de Londres— para poder  imponer su autoridad. Recuerdo que cuando la vi por primera vez en el cine, me pareció, sí, un excelente filme, pero al tiempo me resultaba casi de ciencia ficción.

Los institutos y escuelas españolas de los años 60 y 70 no sufrían tan preocupantes problemas de convivencia y orden como los marginales institutos londinenses. Pero los tiempos han cambiado y, sin llegar a los extremos cinematográficos apuntados, la situación en nuestras aulas se ha deteriorado a marchas forzadas en muchos centros públicos. Una circunstancia que he tenido ocasión de constatar en más de una ocasión personalmente tras hablar con directores y responsables de institutos y centros. Por ello, ahora que está encima de la mesa —y me adhiero, claro que sí, a ella— una propuesta desde el Ministerio de Educación por un Pacto de Estado por la Educación  no estaría mal empezar por lo que se me antoja lo más ineludible. El restablecimiento de la necesaria e irrenunciable autoridad en las aulas.

La anhelada venida de la democracia, a finales de los años 70, debió llevar a pensar a más de uno, que el principio democrático debe explayarse a todas y cada una de las instituciones, administraciones y acciones públicas. Lo que, en cuanto se analice un poco, es una auténtico despropósito. El principio democrático inspira, por supuesto, la vida social y política en todo Estado democrático y de Derecho, pero no pueden asentarse sobre el mismo, por propia imposibilidad conceptual, otras actividades ciudadanas. La excelencia, la singularidad, la meritocracia presiden, o mejor dicho deberían hacerlo, muchas otras acciones públicas. Piénsenlo un momento: ¿se puede organizar el mando de un ejército eficaz sobre la base indiferenciada de que soldados de tropa, oficiales y jefes son la misma cosa?, ¿se puede construir una sanidad de verdadera calidad, si los residentes, aún en prácticas, dirigen al margen de los jefes de servicio el diagnóstico y tratamiento de enfermos y pacientes? Verdad que no. Pues lo mismo es exigible en la escuela.

Esto es, no obstante, lo que ha sucedido con demasiada permisibilidad en el ámbito especialmente de la enseñanza secundaria. Un reciente informe de la OCDE, conocido como Talif, es extraordinariamente preocupante con lo sucedido: ¡los profesores —se nos reseña— dedican el 16% de su tiempo a imponer el orden en sus clases! Dificultades muy serias para la convivencia, bajísimo rendimiento escolar, fracasos generalizados, absentismo excesivo, falta de autoridad, ausencia de reconocimiento del esfuerzo personal, flagrante falta de toda clase de incentivos para el profesorado, etc., son algunas de las consecuencias de lo acontecido Y eso cuando no se sufren, en carne propia, hasta acosos psicológicos y agresiones físicas. En este contexto, ¿cómo vamos a poder enseñar los valores cívicos de una convivencia compartida? Y ya no les hablo si se trata de lengua, matemáticas, historia o geografía.

Estamos, en suma, ante una empresa que requiere de una inmediata determinación, y que impone la labor decidida y conjunta de las autoridades del Ministerio de Educación y de las consejerías de Educación de las comunidades autónomas, así como la involucración de las familias, los directores y los responsables de centros, que tampoco pueden quedarse a la expectativa. No hay tiempo que perder. La situación es, sin duda, grave. Por aquí podíamos iniciar, como hemos adelantado, las bases del mentado Pacto de Estado por la Educación.

Suplemento Temático: Formación y Seguridad

 


Fuente: La Gaceta
Fecha: 23/06/09

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