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Seguridad Colectiva y Defensa Nacional.

 

Expertos

Rafael Vidal Delgado

Coronel de Artillería en la Reserva
Diplomado de Estado Mayor y de Estados Mayores Conjuntos
Diplomado en Inteligencia Militar Conjunta
Diplomado en Mando de Unidades Paracaidistas

Doctor en Historia por la Universidad de Granada
Master Ejecutivo en Dirección de Seguridad Global (MEDSEG), por la Universidad Europea de Madrid y Belt Ibérica, S.A.
Master Ejecutivo en Dirección de Sistemas de Emergencia (MEDSEM), por la Universidad Europea de Madrid y Belt Ibérica, S.A

Ex-Presidente del Real Club Mediterráneo de Málaga
Profesor del Master Ejecutivo en Dirección de Seguridad Global (MEDSEG)
Profesor Principal del Master Ejecutivo en Dirección de Sistemas de Emergencia (MEDSEM)

Asesor de Planificación Estrátegica
BELT IBÉRICA S.A.
rvidal@belt.es

La expulsión de Europa


Corren malos vientos para los españoles. Durante más de cien años estuvimos fuera de Europa, incluso se llegó a afirmar que “África comenzaba en los Pirineos”, aserto atribuido a Alejandro Dumas (padre) sin mucho fundamento, pero que posteriormente he visto reivindicado en determinados “intelectualoides” durante la década de 1940 y principios de los cincuenta.

A partir de 1960, tras el llamado “Plan de estabilización”, en el que se devaluó la peseta, pasando de la paridad con el dólar a sesenta monedas por cada una de las americanas, se inició un tímido acercamiento al naciente “Mercado Común Europeo” y pocos años después veíamos al ministro Ullastres, mendigando favores y pidiendo perdón con tal de obtener un humilde puesto, aunque fuera de tercera fila, en la cumbre de las decisiones europeas.

Pasaron los años y la ansiada democracia llegó al fin, dándose los pasos precisos: corresponsabilidad en la defensa atlántica, con la entrada en la OTAN y asunción de las misiones emanadas de los Acuerdos de Coordinación, entre ellos el “Charlie”, sobre control y dominio del estrecho de Gibraltar y sus accesos, en el cual el autor de estas líneas tuvo un mínimo de protagonismo en su desarrollo y ejecución. A continuación el salto a Europa fue un hecho y el Gobierno de Felipe González, luchó para conseguir las mejores condiciones de entrada. España tuvo que ceder en muchas cuestiones, como por ejemplo la aceptación de que fuera un estado de servicios, recibiendo a cambio cuantiosos fondos que modernizaron nuestra vetusta infraestructura.

Llegó la Unión Europea, la Política de Seguridad y Defensa Común y la unión monetaria, y de esta forma Europa se convertía en una confederación de naciones, con una serie de prerrogativas soberanas, cedidas por los estados miembros.

Pero de pronto, casi sin darnos cuenta, de liderar proyectos europeos y mundiales, aunque a algunos les pese ese protagonismo, al ir en contra de sus posiciones políticas, no encontramos que no somos nada o casi nada en Europa y mucho menos en el mundo, que nuestro peso es ínfimo y que nuestro turno de Presidencia se encuentra descafeinada, sin poder plantear a la comunidad de estados ninguna iniciativa que pueda ser atrayente, que avance en la unidad europea, y que prestigie a los españoles ante el resto de los ciudadanos comunitarios, al revés, en los últimos años hemos conocido a través de los medios, posturas y propuestas de la presidencia de turno, con más claridad que las que presenta nuestro propio Gobierno.

Somos 27 naciones las que formamos la “Europa de las Patrias”, bien es verdad que en España se ha hecho dejación de la única nación, quedando en peor lugar que cuando en la edad media se hablaba de la “nación española” y de sus distintos reinos. Nuestra Presidencia europea tendría que haber hecho hincapié en la solidaridad ínter territorial, recogida en el Tratado de Lisboa, aunque restringida a terrorismo, catástrofes naturales, justicia, libertad, seguridad, etc., pero no a las situaciones como la que se está produciendo en la actualidad, en donde determinados estados miembros, el primero Grecia, se encuentra al borde de una catástrofe financiera.

Los 27, no pueden plegarse y resignarse a las decisiones de los dos “grandes”: Francia y Alemania, los cuales después de haberse lucrado de un mercado de trescientos millones de personas, no quieren mostrar la solidaridad necesaria ante economías en apuros.

Los países latinos, entre ellos España, no lo han hecho bien en los últimos años, podríamos decir que nunca lo podrían haber hecho peor, al menos en el caso español, pero eso no es razón para tratar como un “paria” al estado equivocado, al que como mínimo y como castigo por la torpeza de sus gobernantes, se le puede expulsar, en principio, de la moneda común, y si persiste en su actitud, incluso de la Unión Europea.

Castigar a los hijos por los crímenes de sus progenitores no es aceptable, pues bien nos encontramos en una situación igual, se castiga a millones de europeos, por la negación de sus gobernantes, los cuales, aunque han sido elegidos democráticamente, han engañado a los gobernados.

Avanzar en la unión, pasando de la confederación a la federación, tal como hizo Estados Unidos en el siglo XIX. Fijar unas reglas de juego estrictas, a las que tienen que sujetarse todos los estados miembros y por supuesto sus organizaciones subordinadas: estados, regiones, autonomías, municipios, etc. Aceptar que cada milenaria y minoritaria porción del territorio europeo no es el corazón del universo. Impulsar el sentimiento del “nacionalismo” europeo, sin hacer dejación del, por ejemplo español y catalán o valenciano. Presentar a los ciudadanos de Europa que son más las cuestiones que nos unen que las que nos separan. Enseñar a todos los ciudadanos los pilares de los tratados que nos une, en los cuales la solidaridad, subsidieraridad, comprensión mutua, y otras virtudes sociales, son sus cimientos pretéritos, y muchas más cuestiones candentes y prioritarias, que cualquier persona normal haría suyas.

Nada de lo anterior se produce y Europa sigue siendo un gigante económico (cada vez menos), un enano político y una larva militar. Pues bien de todo ello tenemos la culpa los europeos, porque elegimos para que nos gobiernen a personas que anteponen sus propios intereses personales, como mucho regionales, a los de los trescientos millones de ciudadanos de Europa. Como se decía en el poema del “Mío Cid” “¡Dios! Qué buen vasallo si tuviera gran señor”, pues bien, contadas naciones europeas tienen “buenos señores” para que les gobiernen, España desde luego NO.

Suplemento Temático: Crisis Económica y Seguridad

 


Fuente: Belt Ibérica, S.A
Fecha: 13/04/10

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