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Dirección y Gestión de la Seguridad Global.

 

Expertos

Rafael Vidal Delgado

Coronel de Artillería en la Reserva
Diplomado de Estado Mayor y de Estados Mayores Conjuntos
Diplomado en Inteligencia Militar Conjunta
Diplomado en Mando de Unidades Paracaidistas

Doctor en Historia por la Universidad de Granada
Master Ejecutivo en Dirección de Seguridad Global (MEDSEG), por la Universidad Europea de Madrid y Belt Ibérica, S.A.
Master Ejecutivo en Dirección de Sistemas de Emergencia (MEDSEM), por la Universidad Europea de Madrid y Belt Ibérica, S.A

Ex-Presidente del Real Club Mediterráneo de Málaga
Profesor del Master Ejecutivo en Dirección de Seguridad Global (MEDSEG)
Profesor Principal del Master Ejecutivo en Dirección de Sistemas de Emergencia (MEDSEM)

Asesor de Planificación Estrátegica
BELT IBÉRICA S.A.
rvidal@belt.es

Europa: Infierno o paraíso


Hace muchos años, a principios de la década de los setenta, tuvo una gran difusión un libro titulado “Suecia, infierno o paraíso” de Enrico Altavilla. La verdad es que poco conozco de este autor, he entrado en Internet y también publicó “Europa, pecado y virtud”, pero la verdad es que este último no lo llegué a leer y del primero guardo retazos en mi memoria. Su lectura tuvo más de impulso social que de interés por conocer algo de Suecia. A partir de 1970, España entraba decidida en el turismo internacional, de la mano de Fraga Iribarne, con sus famosos “Festivales de España”, y nuestras playas se llenaban de “extranjeros” y como no de “suecas”, aquellas “rubias vikingas”, independientes y libres, que fueron apetencia sexual de nuestras mentes calenturientas, y sobre las que nos lanzábamos utilizando los escasos conocimientos de inglés y francés que poseíamos.

El libro en cuestión trataba de una forma distinta de entender la vida a la de los latinos, presentando sus ventajas y sus inconvenientes, entre ellos la tasa de suicidios más alta del mundo en aquellos tiempos.

Con el paso de los años, he tenido ocasión de visitar Suecia por motivos de trabajo, estando destinado en el estado mayor de la Brigada de Artillería del Estrecho” -gran unidad mixta de regimientos de costa y de antiaéreo. En la década de los ochenta disponíamos en España de los misiles superficie/aire Hawk, pero nuestra artillería de costa era bastante deficitaria y nuestro Gobierno quería disponer de una baza suficiente para poder ofrecer a nuestra entrada en la Organización del Atlántico Norte (OTAN)-, viajé al país nórdico para conocer su extraordinaria artillería de costa.

Una de las visitas fue a la isla de Gotland, en donde se encontraba desplegado un regimiento de artillería. Nuestra primera sorpresa al bajar del avión era que nos esperaba en el aeropuerto el coronel del regimiento con un coche militar que conducía él mismo y que nos llevó al alojamiento que nos correspondía, tras dejar las maletas, nos esperó pacientemente en el hall del hotel y nos enseñó las distintas baterías de costa. En ellas había algunos soldados y unos cuantos oficiales y suboficiales (vi. las primeras mujeres en una unidad de combate). Todo estaba en perfecto estado. Si los oficiales y suboficiales eran relativamente jóvenes, entre los soldados había de todo, por lo que pregunté cándidamente al coronel: ¿dónde están los soldados? Casi sin hablar, con un gesto, entramos en un elevador y subimos al observatorio, contemplando desde allí un hermoso paisaje totalmente nevado (era el mes de enero), y me contestó: los soldados de esta batería son hombres y mujeres de todas esas aldeas que están próximas a la unidad y que diariamente entran de “guardia” para atender sus deberes militares y de forma periódica, los fines de semana, efectúan maniobras y ejercicios conjuntos. Hacía poco tiempo un submarino soviético se hundió en aguas suecas y un misterio envolvía el asunto, pero nos recordaron que ellos estaban permanentemente defendiendo su territorio de las apetencias expansionistas de la URSS, hoy Rusia disminuida.

En aquellos días de convivencia con el ejército sueco, los oficiales españoles comentábamos que era una nación muy rica, con relativamente pocos habitantes, por lo que la “tarta” se repartía entre menos, cuando en España ya superábamos los treinta millones, pero tenían más: una asunción por parte de todos sus ciudadanos que había que defender su nivel de vida, su neutralidad política y su independencia en un mundo dividido en dos bloques (que luego calló en 1991 con el muro de Berlín).

Demasiado largo preámbulo para lo que se pretende, pero no hay nada más que poner a un escritor delante de un teclado de ordenador, dejando volar su imaginación e intentando plasmar de forma lo más amena posible, una tesis que bien pudiera ser complicada.

¿Por qué hemos llegado a esta situación en Europa? La canciller alemana lleva desde hace meses clamando que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades, fue reacia a apoyar a la recuperación de Grecia, al final lo hizo con un enorme coste político, y con respecto a España, ya no se ha limitado a aconsejar, ha ordenado e incluso ha exigido a través del todopoderoso presidente Obama, que se lleven a cabo las medidas económicas y financieras para que nuestro país no entre en bancarrota, situación, por otra parte que no nos es desconocida, dado que ya en tiempo de Felipe II, la hacienda española se declaró como tal, suspendiendo pagos en tres ocasiones 1557, 1575 y 1596.

En la década de los setenta el español vivía de su sueldo, si ganaba más gastaba más, si era menos lo hacía menos. Los préstamos bancarios eran cosas raras y por supuesto no accesibles a las clases medias, las cuales se contentaban con pagar un alquiler, de acuerdo con sus posibilidades económicas. Pero llega la proximidad europea y se preconiza que no hay que esperar a tener para gastar, sino que gracias a los bancos, se puede consumir antes de tiempo, conforme aparezca la necesidad de ese bien. De esta forma los españoles aprendimos a endeudarnos y si al principio, los intereses eran superiores al diez por ciento, lo que nos hacía ser cautos, con la entrada en Europa y la moneda única, todo era demasiado fácil y solicitamos préstamos que quintuplicaban nuestros ingresos anuales, con lo que la pérdida del empleo, ha ocasionado la imposibilidad de hacer frente a nuestros compromisos financieros, dejando maltrecha al sistema bancario, exigiendo del Gobierno una aportación de fondos para evitar su bancarrota.

La entrada en Europa fue todo un sueño, con ella nos hacía receptores de los fondos estructurales y de las bonificaciones a la agricultura. Todos hemos conocido a personas que simplemente plantaban para obtener la subvención europea y no se preocupaban de recoger la cosecha, los casos del girasol y el lino, hicieron correr ríos de tinta por algunas escandaleras en las que algún político se encontraba involucrado.

En la década de los setenta el barril de petróleo se multiplicó por diez, pero los españoles, en los estertores del régimen del general Franco, no hicimos absolutamente nada y en el año 1976 nos llegó el gran ajuste, tardando siete u ocho años en recuperarnos, haciéndolo no por nosotros mismos, sino gracias a Europa, siendo por supuesto los grandes perjudicados la clase media, todos recordamos los “Pactos de la Moncloa”.

Nuestro problema económico siempre ha sido el mismo, gastamos más de lo que ganamos y cuando nos encontramos con el agua al cuello, alguien de fuera “tira” de nuestra economía y gracias al turismo y las aportaciones de capital, seguimos avanzando y renqueando.

Cuando los populares llegaron al Gobierno en 1996, la forma de disponer de liquidez era “vendiendo” todo lo que se pudiera vender y de esta forma las empresas del Instituto Nacional de Industria (INI) salieron a la venta dejando miles y miles de millones de pesetas en las arcas del Estado, por supuesto con alguna corruptela, a base de información privilegiada, que hacía oscilar la venta en treinta o cuarenta mil millones de pesetas, de más o de menos.

A partir de 2008 nos ha ocurrido lo que acaeció en 1973. El mundo entra en recesión, Europa con él, y las naciones conscientes se ponen a trabajar para recuperar su posición inicial, todas menos algunas, entre ellas España, que hemos seguido “gastando” al ritmo, no de siempre, sino concediendo demagógicamente euros por doquier, como si el Gobierno dispusiera de una fuente inagotable de ellos. Las predicciones de ilustre economistas, incluido entre ellos el ministro Solbes, eran tomadas como signos de “mal agüero”, y seguíamos gastando y gastando: ahora aceras para incentivar el empleo; después haciendo multilingüe nuestro Senado; entre medias, despojando al Estado de sus resortes macroeconómicos en beneficio de las reivindicaciones autonómicas. Pero el remedio esperado es el mismo del pasado: “Europa nos sacará del pozo, y las locomotoras alemana y francesa tirarán de la economía”.

Pero Europa ha dicho “basta”, el sistema de las “patrias” soberanas está en su final. La Unión se ha dado cuenta que si no pone coto a tanto dispendio por parte de algunos indocumentados y desaprensivos, toda Europa se hunde por el despilfarro de determinados miembros. Salvar a una economía como la griega, la letona o lituana, puede ser oneroso pero posible, hacerlo con la octava economía del mundo, la española, provocaría no sólo la caída de todos los europeos, sino un retroceso mundial que tardaría mucho tiempo en recuperarse, a no ser que pusieran un cordón “sanitario” alrededor de las fronteras españolas y que nos “comiéramos el hambre a puñetazos”.

Suecia nos parecía un infierno moral y un paraíso económico, Europa es hoy en día un infierno porque nos obliga a “comer con el sudor de la frente” como decía el Génesis, y nos obligará, a buen seguro, después de la crisis, a ser intervenido por el Gobierno y el Consejo Europeo en todas las decisiones políticas nacionales que pudieran tener una incidencia directa o indirecta en el resto de los estados miembros; las naciones seremos menos “soberanas” en todos los ámbitos y si queremos ser europeos, no tendremos más remedio que equipararnos al comportamiento social y de trabajo del resto de los ciudadanos de la Unión. Si este infierno pasa, entraremos en el paraíso de la normalidad y tranquilidad, manteniendo las diferencias que nos permitan, y desde luego siguiendo las pautas que nos marquen los “grandes” de Europa, entre los que desgraciadamente, a causa de una política nefasta, no se encuentra España.

He oído, pero no sé donde, que una forma de obtener liquidez de nuevo, es seguir vendiendo, bienes públicos. Parece ser que la privatización de las cajas de ahorro puede ser el paso para ello. Desde luego, como al resto de los españoles, nos causa pavor cuando nuestros políticos piensan.

Suplemento Temático: Crisis Económica y Seguridad

 


Fuente: Belt Ibérica, S.A
Fecha: 01/06/10

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