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César Calvar


Periodista de la agencia Colpisa

Inteligencia al servicio de la economía


El Centro Nacional de Inteligencia (CNI) es el principal servicio secreto español. Entrar en su recinto, que por fuera recuerda más a un campus universitario que a un organismo de seguridad, es un privilegio al alcance de pocos. Al recorrer sus salas el visitante tiene la impresión de estar en una empresa de alta tecnología: apenas hay papeles, todo está informatizado y cientos de cámaras y pantallas persiguen al intruso. En esta institución trabajan expertos capaces de interpretar un susurro en 30 idiomas, titulados de casi todas las carreras universitarias y personal de todas las escalas de los ejércitos y fuerzas de seguridad. Todo ese conocimiento conforma un complejo entramado al servicio de los intereses de España, políticos, de seguridad y, no menos importantes en la actualidad, económicos.

La ley encarga al CNI, de forma genérica, proteger los intereses económicos, comerciales e industriales de España. El Gobierno fija cada año sus objetivos concretos en la Directiva de Inteligencia, una instrucción clasificada como secreto que incluye intereses económicos a defender, vinculados casi siempre a sectores estratégicos como la energía. Asegurar, por ejemplo, el suministro de petróleo y gas es trascendental para que el país funcione, pero lograrlo depende en ocasiones de que las empresas estén bien informadas y jueguen con ventaja.
 
Unas veces los servicios de inteligencia prestan ayuda directa a compañías relacionadas con dichos sectores vitales. Otras, su labor es hacer que las empresas sepan ayudarse a sí mismas. Un especialista en inteligencia económica del CNI, que exige el anonimato, explica que el centro hace seguimientos de los sectores a proteger y evaluaciones de riesgos en los distintos países. Avisa de privatizaciones y concursos en industrias clave; orienta a empresarios sobre las personas relevantes de cada país, a las que hay que ganarse para hacer negocios; informa de amenazas contra la seguridad del personal e intereses de las empresas e incluso apoya procesos de negociación comercial.
 
El centro también actúa desde sus bases extranjeras para contrarrestar campañas de descrédito contra España, como la desatada en Argentina en el 2001, cuando las multinacionales españolas fueron culpadas de la debacle financiera del país. También detecta acciones ilegales de empresas de otras potencias para ganar licitaciones, actúa contra el blanqueo de capitales y el espionaje industrial y vigila las exportaciones de tecnología de doble uso, que otros gobiernos podrían destinar a fines militares.
 
Información y poder
 
Obtener información en el mundo empresarial no es difícil. El 85% de los datos procede de fuentes abiertas, al alcance de cualquiera que sepa buscar. Ahí nace la diferencia entre información e inteligencia: «De nada sirven toneladas de papeles y miles de datos si no sabes tratarlos. La información no es poder, la inteligencia sí es poder», señalan las fuentes consultadas. Un especialista debe ser capaz de obtener los datos, valorarlos (extraer lo relevante y desechar lo superfluo), integrarlos y hacer llegar sus conclusiones al departamento adecuado. Todo ese proceso, llamado ciclo de inteligencia, redunda en mayor competitividad, influencia y capacidad de defensa.
 
En eso consiste el trabajo normal en el CNI, que se parece poco a las películas de espías. El centro, por supuesto, tiene equipos operativos y hombres de acción, pero la mayoría son expertos en diversas áreas que trabajan desde sus mesas.
 
Una de sus virtudes, resalta otro miembro del servicio, es la paciencia: un funcionario llega a las nueve de la mañana, enciende su ordenador y recibe en la pantalla, procedente del sistema de distribución de datos, la información de fuentes abiertas o clasificadas que precisa para su trabajo. La lee, extrae los datos que cree relevantes y a las seis de la tarde se va a su casa. Ese día no saca nada en claro. Tampoco al siguiente, ni al otro. Pero al año y medio puede ocurrir que descubre un dato que, casado con otros leídos a lo largo del tiempo, permite detener a un jefe de ETA en Francia, o desata una actuación coordinada de varios gobiernos para evitar un riesgo contra la estabilidad económica.
 
La meta en lo económico es anticiparse a conflictos como el que congeló Centroeuropa en enero pasado por una disputa energética que llevó al consorcio ruso Gazprom a dejar de bombear por las tuberías de la ucraniana Naftogaz el combustible que calienta a media Europa. Ambas empresas se culparon mutuamente, pero bajo la crisis subyacía el perenne enfrentamiento político entre Kiev y Moscú, que jugaron la baza energética para atacarse y presionar a la UE. El resultado, miles de hogares de diecisiete países sin calefacción. España no importa gas ruso, la mayoría de sus adquisiciones energéticas provienen de Argelia, Nigeria y América Latina. Tres escenarios ideales para que trabajen los expertos del CNI.

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Fuente: www.nortecastilla.es
Fecha: 06/12/09

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