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Seguridad Colectiva y Defensa Nacional.

 

 Expertos

María Gracia Cañadas García-Baquero

Comandante de Artillería
Diplomada de Estado Mayor

Profesora de la Escuela de Guerra del Ejército

Mujeres en el ejército español. Las sombras (I)


Artículo cedido por la  Revista:


Índice

  1. Generalidades
  2. Normalidad versus interés público
  3. La igualdad
  4. Acceso a destinos
  5. La conciliación
  6. Adiestramiento físico
  7. Delitos contra la libertad sexual
  8. El debate de lo políticamente correcto
  9. Conclusiones

 


1. Generalidades

En el año 1988, y mediante Real Decreto Ley 1/1988 de 22 de febrero, se regula el acceso de la mujer a determinados cuerpos y escalas de las Fuerzas Armadas Españolas. Posteriormente llegarían el acceso al Cuerpo General de las Armas y finalmente, a todo tipo de destinos.

Durante estos 21 años se ha seguido con evidente interés todo lo relacionado con esta incorporación. Porcentajes, empleos alcanzados, problemática específica, normativa, estudios comparativos con otros países, estos y otros temas relativos al binomio “mujer-Fuerzas Armadas” han sido objeto de estudio, opinión, publicación y difusión en distintos medios y por parte de distintos autores y organismos. Sin embargo, y a pesar de lo tremendo de los cambios habidos en nuestras FAS en todos los ámbitos, el discurso en este campo concreto no ha variado sustancialmente. Cualquier persona que se aproxime a la literatura publicada acerca de este asunto concluirá en que la incorporación de las mujeres en las Fuerzas Armadas españolas ha sido modélica y absolutamente exenta de problemas o rechazos, que la vida laboral y familiar de nuestras mujeres son absolutamente compatibles y que no existen límites en sus perfiles de carrera.

Aunque esta conclusión podría considerarse correcta en gran medida, lo cierto es que todos los procesos de cambio tienen algo de traumático, y la incorporación de la mujer a las Fuerzas Armadas no es una excepción. El plazo transcurrido y la experiencia alcanzada en este campo debe ser suficiente para abordar este tema de forma rigurosa, con sus luces y sus sombras, y sin complejos injustificados.

El objetivo de este artículo es examinar, de forma objetiva, alguna de las lagunas que aún quedan por cubrir, y hacerlo precisamente, desde dentro, y no desde el punto de vista del espectador.

Y desde dentro, los problemas existen. No son especialmente graves ni constituyen la tónica general, y además tienden a disminuir con el paso de los años, pero están ahí, entorpecen el desarrollo de los cometidos de aquellas que se ven afectadas y en consecuencia de sus unidades, obstaculizan las posibilidades de desarrollo profesional de muchas y disminuyen la moral de otras tantas.

Naturalmente, muchos de los problemas que nuestras mujeres deben afrontar cada día son difíciles de objetivizar, porque se basan en percepciones y actitudes, que no pueden medirse empíricamente, ni pueden achacarse directamente a la pertenencia a uno u otro sexo estableciendo una relación causa-efecto inmediata.

Por ello trataré de basarme en indicios concretos de los que pueden deducirse diferencias de género de manera intuitiva y prácticamente directa.

2. Normalidad versus interés público

La “normalidad” con que se ha producido la incorporación de la mujer en las FAS españolas viene siendo un argumento recurrente desde el inicio de esta andadura en 1989.

No deja de ser llamativo el hecho de que algo que pública y reiteradamente se considera “normal” sea noticia de forma continuada y mantenga el interés público durante un periodo, no precisamente breve, de veinte años.

Desde 1989 se han repetido hasta la saciedad las noticias referentes al acceso de la mujer a los centros de formación, a la obtención de los correspondientes diplomas al terminar sus ciclos de formación, a su participación en misiones, a la concesión de condecoraciones, a la realización de cursos, a todas aquellas actividades que fuesen realizadas por primera vez por una mujer, y por supuesto a las políticas de igualdad que, a pesar de la normalidad de la situación, se han revelado como necesarias. Se da además la circunstancia de que este afán por publicar fotografías de nuestras mujeres no suscita, precisamente la aprobación de los miembros de las FAS. Veamos por qué.

En primer lugar, conviene recordar que en los inicios de esta fiebre por la exhibición de nuestras mujeres, nadie pareció caer en la cuenta de que quizás las protagonistas no estuvieran de acuerdo en serlo. Esta falta de interés por la opinión de las interesadas, alguna de las cuales se encontró un buen día con su cara adornando las oficinas del INEM de toda España, constituye de entrada, un incumplimiento flagrante de todas las medidas de autoprotección que desde el Estado Mayor se venían recomendando.

Ante las protestas provocadas por esta utilización de la imagen de ciertas personas, el Ministerio ha optado por adoptar como norma general la costumbre de admitir como válida la publicación de la imagen de los componentes de las FAS cuando dichas imágenes sean captadas en actos de servicio y sean objeto de interés público, considerando que en este caso, el derecho a la información está por encima del derecho a la intimidad del retratado. El argumento parece razonable, sin embargo convendría revisar la aplicación del concepto de “interés público”. A nadie se le escapa que la sociedad española (el público) continúa siendo un gran desconocedor de sus Fuerzas Armadas. ¿Podemos considerar que es de interés público la consecución (por parte de una mujer, en el caso que se trata) del diploma de Estado mayor? ¿Y la concesión de la cruz de San Hermenegildo? En realidad, el público no sabe que es el curso de Estado Mayor, no sabe que significa la Cruz de San Hermenegildo, ni siquiera es capaz de apreciar las diferencias entre cuerpos o escalas y sobre todo, seamos realistas, no le interesa.

Sin embargo son las propias Fuerzas Armadas las que continúan publicando todos y cada uno de los hitos, relevantes o no, que alcanzan las mujeres. Observamos ahora este despliegue mediático desde el punto de vista de nuestros compañeros (hombres). Una mujer realiza una actividad o supera un hito en su carrera (un curso, un ascenso, una condecoración…) exactamente igual que muchos de sus compañeros y en las mismas condiciones que la mayoría, pero recibe un reconocimiento público que no reciben aquellos. Se da además la circunstancia de que este tipo de noticias reflejan en su mayoría actividades que no son especialmente meritorias, sino que simplemente no habían sido realizadas antes por una mujer.

Y abundando en el tema de la “normalidad”, también puede ser interesante revisar cual es la imagen “normal” que se da de nuestras mujeres. Queda claro que en muchos casos son los propios medios de comunicación, y no la institución, los que eligen la imagen que quieren difundir, y lo hacen amparados por la libertad de prensa. Sin embargo, y dado que muchas de las noticias que se difunden en este campo están generadas por las propias Fuerzas Armadas, sería normal que la imagen ofrecida sea, cuando menos profesional.

Lamentablemente no siempre es así, y desde luego ni la institución ni sus mujeres proyectan la imagen profesional y seria que merecen en fotografías como la de la figura. Podríamos pensar que fotografías como esta son “disparos anómalos” que escapan al control de las Fuerzas Armadas, pero en este caso el origen es evidente, la uniformidad.

La NG GE JEME sobre normas de uniformidad impone a las mujeres el uso de falda en la uniformidad de diario mod. A,... salvo autorización u orden expresa. Lógicamente esta norma no responde a criterios de uniformidad (1), ni a criterios logísticos (siempre será más complicada una cadena logística cuanto mayor sea la variedad de los suministros), ni desde luego a criterios prácticos (como entiende cualquiera que haya calzado unos tacones por los empedrados de alguno de nuestros acuartelamientos), ni siquiera obedece a razones de costumbre, puesto que no hay más que salir a la calle para darse cuenta de que constituye una prenda minoritaria salvo para aquellas ocasiones especiales en que se vista de gala. Sea cual sea la razón que haya motivado la obligatoriedad en el empleo de esta prenda, lo que está claro es que, uno de sus efectos es aumentar la visibilidad de la mujer que la viste, diferenciándola de sus compañeros.

El resultado de todo esto es que la mujer se convierte en un elemento diferente, cuyas acciones se exponen públicamente, y cuya imagen no le pertenece.

3. La igualdad

Como ya se ha mencionado, las diferencias en el trato que se da a hombres y a mujeres es difícil de medir, y este es además un campo con el que conviene tener cuidado, porque resulta extremadamente fácil escudarse en argumentos de discriminación sexual para disculpar las faltas propias. Por ello, en lugar de recurrir a alguno de los casos particulares que todos conocemos, me referiré a un caso ajeno a nuestro país que tuvo una amplia repercusión entre los cuadros de mando de nuestro Ejercito.

El 23 de marzo de 2007, una patrulla marítima compuesta por 15 miembros de la Royal Navy fue capturada por fuerzas iraníes. Durante los doce días que estuvieron prisioneros en Irán, sus captores forzaron la aparición de alguno de sus miembros en los medios de comunicación social, lógicamente para difundir la versión iraní del suceso. El primero de estos marineros utilizados como medio propagandístico fue una mujer, la Cabo Faye Turney, quien redactó varias cartas dirigidas a distintos destinatarios, en las que agradecía al pueblo iraní el trato que estaba recibiendo y admitía la versión de sus captores en varios puntos.

El comportamiento de esta Cabo provocó la publicación de una carta  que un Sargento español dirigía a la Cabo criticando su comportamiento. La carta en cuestión, cuyo contenido era toda una lección de valores morales, constituía una clarísima acusación de traición y cobardía. El documento tuvo una amplísima difusión en el Ejército de Tierra, acompañada casi siempre de comentarios entusiastas a favor de todo su contenido. Hasta aquí, la reacción de este Sargento y de todos aquellos que entonces le dimos la razón (que verdaderamente tenía) es la normal en un militar que ha jurado ofrecer, si es preciso, hasta la última gota de su sangre.

Sin embargo, si contemplamos la escena dentro de su contexto nos encontramos que existían dos Oficiales, un teniente de la Royal Navy y un Capitán de la Royal Marine que también hicieron declaraciones públicas en la TV iraní, que también admitieron las tesis iraníes, uno de ellos llegó incluso a admitir que habían estado realizando labores de espionaje (esta declaración  del Capitán Chris Air se realizó a Sky News dias antes de su captura, cuando ni siquiera podía alegar presión alguna). Estos Oficiales tenían más formación y por lo tanto más herramientas para haber resistido las presiones de sus captores. Eran además los responsables de la formación, de la moral y, en último extremo de las acciones de sus subordinados. En la carta antes mencionada, el Sargento hace una única alusión a estos Oficiales ya sus obligaciones, pero pese a identificarlos como responsables no se dirige a ellos, sino a la Cabo. En esta misma línea, las reacciones de todos aquellos que recibimos copias de esta carta comentamos hasta la saciedad el vergonzoso comportamiento de la destinataria, pero no el de sus Oficiales. Resulta evidente que la vara de medir que se empleó con la Cabo es sensiblemente más restrictiva que la aplicada a los Oficiales. ¿Cuál es el motivo?. Lógicamente, la diferencia de empleo y responsabilidad habría motivado un mayor énfasis en la condena de los últimos, pero no fue así; de donde podemos deducir que las diferencias de criterio a la hora de juzgar los comportamientos de estas tres personas no son consecuencia de sus empleos.

Y esto nos lleva a una conclusión que ya conocemos, y es que las mujeres siguen estando sometidas a una observación constante, y que sus aciertos y sus errores se difunden más que los de sus compañeros y se valoran con escalas diferentes a las aplicadas a los demás.

 

(1) Según el diccionario de la RAE: cualidad de uniforme;
Uniforme: Igual, conforme, semejante.

(2) Revista “Fuerzas de Defensa y Seguridad” Nº 350. Puede leerse en la dirección: http://nucleodelalealtad.blogspot.com/2007/07/carta-abierta-la-Cabo-faye-turney.html

(3) Disponible en:  http://news.sky.com/skynews/Home/Sky-News-Archive/Article/20080641259413

 

 

(Continuará...)

 

Expertos relacionados:
Mujeres en el ejército español. Las sombras (II) (08/10/2010) 
Una mujer en el Estado Mayor: si Napoleón levantara la cabeza, por Rafael Vidal Delgado(02/07/2009)

Noticia relacionada:
Una mujer se diploma por vez primera como Oficial de Estado Mayor (01/07/2009)

Suplemento Temático: Mujer y Seguridad

 


Fuente: Revista Ejército, Nº. 830; pags. 88-95
Fecha: Junio 2010

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