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Seguridad Colectiva y Defensa Nacional.

 

 Expertos

Rafael Vidal Delgado

Coronel de Artillería(R)
Diplomado de Estado Mayor
Doctor en Historia por la Universidad de Granada

Diplomado y profesor del Master Ejecutivo en Dirección de Seguridad Global (MEDSEG)
Diplomado y profesor principal del Master Ejecutivo en Dirección de Sistemas de Emergencia (MEDSEM)
Asesor de Planificación Estratégica de Belt Ibérica, S.A.

BELT IBÉRICA S.A.
rvidal@belt.es

La batalla de Bailén (y V)


Experto relacionado:
La batalla de Bailén (I) (03/08/2010)
La batalla de Bailén (II) (17/08/2010)

La batalla de Bailén (III) (07/09/2010)
La batalla de Bailén (IV)  (28/09/2010)

 

POSTRIMERÍAS DE LA BATALLA

En este apartado, se pretende exponer, aunque sea de forma sucinta, las conversaciones que se mantuvieron hasta llegar a un documento de capitulaciones; los movimientos evasivos que hizo el general Vedel para eludir su inclusión en la rendición y regresar a Madrid, algunas consideraciones sobre las dificultades que se presentaron para cumplir por parte española las cláusulas firmadas y que dejaron a nuestro poder político y diplomacia en entredicho y por último algunas reacciones de la derrota en Francia.

LAS CAPITULACIONES

Cuando se dispararon los cañones desde cerca de la venta del Rumblar (37), convenido de esta forma entre La Peña y Réding para indicar el momento de llegada al campo de batalla del primero, los franceses se dieron cuenta que toda resistencia era inútil y que sólo quedaba obtener, mediante conversaciones, las mejores condiciones para regresar a las inmediaciones de Madrid. Al oír los cañonazos, Dupont ordenó al coronel Villetrois que, como parlamentario, se acercara a las posiciones de la división de Reserva para indicarles que se había producido una suspensión de hostilidades entre las fuerzas enfrentadas. El coronel Villatrois, persona acostumbrada al trato diplomático, en su entrevista con La Peña y para hacer creíble lo que decía, solicitó que dos altos oficiales españoles le acompañaran para personarse en el lugar en donde los representantes del general en jefe galo y los del general Réding trataban el tema de la suspensión de las hostilidades.

Los designados por parte de La Peña fueron, los tenientes coroneles Pedro Ruiz Girón, marqués de las Amarillas y Pedro Alcántara Téllez Girón y Alonso Pimentel, príncipe de Anglona, segundo hijo del duque de Osuna y de la duquesa de Benavente. Cerca de las posiciones francesas, se adelantó hasta ellos el coronel Copons, mayor de órdenes del marqués de Coupigny, con lo cual se volvieron los comisionados españoles, al conocer de una fuente cierta los hechos que se estaban produciendo.

INICIACIÓN DE LAS CONVERSACIONES

Poco después, llegaron en coche, a la venta del Rumblar, donde había establecido su puesto de mando el general de la división de Reserva, cuatro generales, comisionados por Dupont. Como portavoz francés estaba el prestigioso general de ingenieros, Marescot (38), que junto con el brigadier español, también de ingenieros, Giraldo (uno de los comisionados), se encontraban en el cuerpo de ejército francés, no como integrantes del mismo, sino como expertos, para estudiar el estado de las fortificaciones españolas, principalmente las de la costa, Cádiz y Campo de Gibraltar.

Causa sorpresa el hecho de que Dupont envía parlamentarios a La Peña, un subordinado de Castaños y jefe de una de las divisiones españolas, cuando ha combatido y perdido la batalla, con otras dos divisiones, mandada por otros dos generales españoles, aunque extranjeros de nacimiento, Réding y Coupigny. El porqué los franceses quisieron tratar con La Peña y no con Réding y Coupigny pudo ser por creer que iban a hacerlo con el propio general en jefe español, por ser de mayor graduación que los otros dos (uno teniente general y los otros mariscales de campo) o simplemente porque eran extranjeros y encima, uno de ellos, francés, considerando humillante tratar la suspensión de hostilidades, el paso libre hacia Madrid e incluso la rendición, con ellos.

Las conversaciones con La Peña dieron el fruto de la rendición y con ello una injusticia histórica, de las muchas que se suceden en estos menesteres, el que la ceremonia de rendición se produjera ante las fuerzas que no han combatido, las de la división de Reserva, quedando relegados a un segundo plano la 1ª y 2ª divisiones, que se habían cubierto de gloria en el campo de batalla.

La Peña no admitió en la conferencia, al brigadier Giraldo (39), que se quedó al margen de las conversaciones. Marescot, al que acompañaba el general Chabert, jefe de la 2ª brigada de la 1ª división, intentaba presionar a los interlocutores españoles indicando que aunque la situación de las fuerzas francesas era difícil, no debía subestimarse su aún alta capacidad combativa, y que si no se llegaba a un acuerdo equilibrado, podría correr mucha sangre, cuestión no deseada por parte francesa. La Peña expuso que no tenía atribuciones del general en jefe español para tratar de otro tema que no fuera la rendición incondicional de los vencidos, y que si los comisionados no disponían de los poderes de Dupont para tratar sobre ello, debían de ausentarse del campo y solicitarlos.

Marescot, viendo que el general español no caía en la trampa legal que se le estaba tendiendo, solicitó que mientras iba al campo imperial a solicitar las autorizaciones pertinentes, las tropas españolas permanecieran en las mismas posiciones alcanzadas, cuestión no aceptada por La Peña, que comunicó al general francés, que nada más terminar la reunión daría las órdenes oportunas a las distintas unidades para ocupar las mejores posiciones de ataque. Para dar fuerza a las aseveraciones de La Peña, cuando estaba finalizando la entrevista, alcanzó el Rumblar y se personaron en la venta, los jefes de la vanguardia de la división del mariscal de campo Jones, lo cual hizo ver a los comisionados franceses que se agravaba su posición.

(37) GIRÓN. Ob. cit.; pág. 228 y siguientes. El marqués de las Amarillas así lo manifiesta, indicando “cerca de la venta llamada del Rumbrán (sic) y habiéndose hecho adelantar cuatro piezas, dispararon sucesivamente”.

(38) “Era Marescot una personalidad relevante del ejército francés, pues ejercía el cargo de inspector general de ingenieros militares de su patria. Napoleón le había encargado de informarse del estado de las fortificaciones de Cádiz y de las posibilidades de un ataque contra Gibraltar. A cuyo fin se había incorporado al cuartel general de Dupont, sin formar parte de él propiamente hablando. En 1795, al concertarse con España la paz de Basilea, había presidido la comisión encargada de devolver a nuestra Patria las fortalezas ocupadas entonces por los franceses, y con tal motivo tuvo ocasión de trabar amistad con Castaños, que presidía la comisión española nombrada con el mismo objeto”. PRIEGO LÓPEZ, Juan; “Guerra de la Independencia, 1808-1814; Madrid 1972; pág. 237.

(39) GIRÓN. Ob. cit.; pág. 229. “Al español Giraldo no se le admitió en la conferencia, ni nadie le habló; estaba en un rincón como un apestado”.

EL TENIENTE GENERAL LA PEÑA SUSPENDE LAS CONVERSACIONES ANTE LAS EXIGENCIAS FRANCESAS

Marescot volvió al puesto de mando de Dupont y le informó de lo sucedido, entonces se reunión consejo de generales y jefes de cuerpo, los cuales hicieron ver lo desesperado de la situación y la imposibilidad de romper el cerco a que se veían sometidos, agravado por las posiciones que estaban ocupando los nuevos contingentes españoles, que impedían los movimientos y que podían provocar la destrucción total del cuerpo de ejército al impedirles alimentarse e incluso abastecerse de agua. Con tal motivo, Dupont, designó, ante la renuncia de Marescot, que alegaba no pertenecer orgánicamente al cuerpo de Dupont, al general Chabert, aunque solicitó a Marescot que lo acompañara oficiosamente, dadas sus buenas relaciones con Castaños, es decir invirtió los poderes concedidos. Como adjunto de Chabert fue nombrado el capitán De Villoutreys, acompañando al general de ingenieros, sus ayudantes, comandante Bouvier y capitán Boischevalier.

EL GENERAL CHABERT REANUDA LAS CONVERSACIONES

Chabert presentó a La Peña la documentación acreditativa, solicitando al mismo tiempo tratar directamente con el general en jefe español, indicándosele que el general de la división de reserva disponía de las atribuciones necesarias para acordar la rendición francesa. Las dilaciones se sucedieron y con banales pretextos, los franceses solicitaban suspensiones en las conversaciones para consultar detalles de las capitulaciones.

ANTE LAS DILACIONES IMPERIALES, LA PEÑA REINICIA LAS OPERACIONES

Ante esta situación y conociendo los movimientos de las divisiones francesas no incluidas en la bolsa de Bailén, La Peña ordenó en la mañana del día 21 que las fuerzas españolas arrollaran las primeras posiciones enemigas por su frente (40) y flancos, dominando totalmente a los deshechos cuerpos de las divisiones de los generales Fresia y Barbou.

PROBLEMAS JURÍDICOS QUE SE PLANTEARON CON LA RENDICIÓN

El día 20, Castaños se trasladó a un lugar intermedio entre Andújar y Bailén, a la Casa de Postas (41), para entrevistarse con los parlamentarios franceses en caso necesario y dar las instrucciones pertinentes en los detalles sobre los que centraban las cláusulas de la rendición. El hecho de que solamente la mitad del cuerpo francés se encontrara dentro de la bolsa, planteaba problemas de índole diversa, militares y jurídicos. El estado mayor español, aconsejado por el conde de Tilli, representante de la Junta Suprema de Gobierno de Sevilla, decidió que la mejor solución era acordar la rendición incondicional de las fuerzas directamente derrotadas, mientras que el resto, es decir las divisiones Vedel y Dufour, se limitaría el efecto a evacuar Andalucía, los primeros dejando las armas, municiones y bagajes en poder de los españoles, por derecho de conquista, y los segundos, depositando sus armas en manos españoles, que le sería reintegradas posteriormente.

Los movimientos de Vedel, acusado de realizarlos en connivencia con el propio general en jefe francés (42) y con los planes del poder imperial de Madrid, emponzoñaron la situación, llegándose a momentos críticos y a declaraciones por parte de los interlocutores en las conversaciones que avecinaban un baño de sangre.

El duque de Rovigo, envió un despacho a Dupont y Vedel, que fue interceptado en plena Mancha, ya en franca rebeldía contra el poder intruso, en el cual aconsejaba la retirada hacia Madrid, para favorecer las operaciones del mariscal Bessières contra los ejércitos de Castilla y Galicia, posponiendo la acción sobre Andalucía cuando se dieran circunstancias más favorables. El capitán Fénelon portador del mensaje fue llevado a presencia de Castaños, el cual ante la situación que parecía encontrarse el poder imperial en la capital del Reino, modificó los primitivos planes de dejar marchar a los franceses a través del paso de Despeñaperros, decidiéndose que la rendición y la repatriación de las fuerzas tendría que efectuarse desde Cádiz y por mar (43). Este cambio de planes contrariaba extraordinariamente a Dupont, tensando las conversaciones, que estuvieron a punto de romperse, pero la situación era desesperada, ya que el hambre y las enfermedades hacían mella en las fuerzas sitiadas, de hecho desde el 18 no se había distribuido raciones a la tropas.

Dos objetivos querían conseguir los parlamentarios franceses en las conversaciones, primero que la rendición sólo se aplicara a las dos divisiones que participaron directamente en la batalla, es decir la de infantería de Barbou y la de caballería del general Fresia; y segundo que aún como vencidos se permitiera la retirada hacia Madrid a través del paso de Despeñaperros, dejando en poder de los vencedores todas las armas y municiones. Existían otros objetivos secundarios, como que no se incluyeran en la capitulación los carros de los generales y oficiales.

El ataque de Vedel a las posiciones españolas del Cerro del Ahorcado con el apresamiento de un batallón y dos cañones, que exigió una orden perentoria del general en jefe, Dupont, para que se pusieran en libertad, invocando a la lealtad; las indecisiones francesas de los días 20 y 21 de julio, con planes frustrados de reanudación de las hostilidades y retirada en fuerza de las divisiones de Vedel y Dufour hacia la sierra; y por último la carta del general Savary (duque de Rovigo), exponiendo las dificultades por las que atravesaban los intereses imperiales en la Península y la necesidad de concentrar el máximo de tropas en las inmediaciones de la capital, fueron las causas de que se endurecieran las condiciones por parte española, vulnerando en cierto modo las leyes no escritas de la guerra, cuando se suscribió que en caso de no regresar a la zona y quedar incluidas en la rendición, las divisiones de Vedel y Dufour, el resto de las tropas francesas serían pasadas por las armas.

(40) En realidad era la retaguardia francesa, ya que las dos divisiones se encontraban totalmente cercadas.

(41) La casa de Postas era como su nombre indica el lugar en donde las diligencias de transporte de viajeros hacían los cambios de caballos y mulas y los propios viajeros disfrutaban de unos momentos de descanso.

(42) MADOZ, Pascual. Ob. Cit. Tomo III. Pág. 304. Madoz escribe: “Dupont mismo, sobrecogido y desalentado dio órdenes contradictorias, y en una de ellas insinuó a Vedel que se considerase como libre, y se pusiese en cobro”.

FIRMA DEL ACTA DE CAPITULACIÓN

Por fin se firmó en Andújar el documento de capitulación, en el cual se intentaba salvar el honor de las armas francesas. En el documento estamparon su firma el general en jefe, Castaños, el conde Tilli, representante y vocal de la “Suprema Junta de España e Indias” y el capitán general del Exército y Costa de Granada, D. Ventura Escalante. Por parte francesa y como testigos, lo hicieron los generales Marescot y Chabert. En esencia se dividía el cuerpo de ejército francés en dos, la parte que había sido directamente derrotada se rendía al vencedor, entregando sus armas, y la otra parte, haciendo únicamente mención a la división Vedel, entregaba sus armas provisionalmente, que se le serían reintegradas en el momento del embarque. No se hace mención a la división Dufour, se habla del resto de fuerzas francesas en Andalucía de una forma general, sin embargo estas unidades, incluso algunas que se encontraban al norte de Depeñaperros se consideraron incluidas en la capitulación y dejaron sus armas, acompañando al resto de las fuerzas francesas. Las capitulaciones, muy detalladas, hablaban de los bagajes que podía transportar cada uno, de las condiciones de la marcha hasta Sanlúcar de Barrameda y Rota y del embarque en buques españoles, que los conduciría al puerto de Rochefort en Francia.

(43) TEISSEDRE, F; Mémoires sur la campagne d’Andalousie (Général Dupont, Général Vedel, Capitaine Baste). París 1998. Dupont hace mención al despacho del duque de Rovigo: “L’ennemi ayant intercepté une lettre du duc de Rovigo, qui ordonnait au général en chef de se replier promptement sur Madrid, et voyant les inquiétudes que l’on avait pour cette capitale, devint plus difficile, et il fallut consentir aux dispositions de la convention qui fut faite”.

INCUMPLIMIENTO DE LO ESTIPULADO A CAUSA DE LA GUERRA

No es objeto de este estudio, contar las vicisitudes de la marcha, llenas de contratiempos, ya que lo estipulado por los comisionados españoles, iba en cierto modo a ser impugnado por las distintas autoridades españolas, reacias a aceptar un documento que beneficiaba a los que habían provocado tantas tropelías en suelo andaluz. Los casi treinta mil hombres que se rindieron no llegaron a embarcar, dado que los ingleses no reconocieron lo suscrito por los generales y representante civil español. Los franceses permanecieron en las inmediaciones de Cádiz durante un tiempo y posteriormente fueron confinados en la desértica isla de Cabrera, en el archipiélago Balear, en donde la mayoría murió de hambre.

MOVIMIENTOS POSTERIORES A LA BATALLA

Retrocedamos al momento en que aparece en el campo de batalla, a retaguardia del frente español, el general Vedel, con las otras dos divisiones francesas. En sus memorias (44), Vedel se excusa de su tardanza en acudir a la “llamada del cañón”, alegando las continuas marchas y contramarchas que se le obligaron a hacer, las escasas raciones de víveres que pudo distribuir entre sus tropas y la misión de mantener despejada la línea de comunicación con la meseta.

COMUNICACIÓN A VEDEL DE LA SUSPENSIÓN DE HOSTILIDADES

A las cinco de la tarde y en el momento en que ordena formar en líneas de ataque, se acercan a sus filas dos parlamentarios españoles, el capitán de ingenieros, D. Gaspar de Goicochea y el Teniente, D. Manuel Muñoz, los cuales fueron recibidos con fuego de fusil, a pesar del cual cumplieron su comisión de advertir al general francés de la situación de suspensión de hostilidades que se había producido.

Vedel no sale de su asombro y no se cree lo que se le indica, considera imposible que se haya producido tal eventualidad y presupone que el silencio de los cañones se debe al triunfo de Dupont. No obstante envía al jefe de batallón, Meunier, a enterarse de la situación, aunque advierte a su vez, que si no regresa en un cuarto de hora, atacará las posiciones que tiene enfrente. El tiempo dado es demasiado corto, ya que a las posiciones a las que se dirigen los comisionados españoles y el francés, son las del jefe de la retaguardia, coronel Juncar, el cual no tendrá más remedio que remitirlos al general Réding.

(44) TEISSEDRE. Ob. cit. págs. 64 y siguientes.

EL GENERAL VEDEL ATACA EL CERRO DEL AHORCADO

Transcurrido el cuarto de hora, Vedel ordena el ataque al Cerro del Ahorcado, ocupado por el regimiento Corona (45), un batallón de Irlanda, media compañía de zapadores y dos piezas de artillería, los cuales sin hacer resistencia entregaron la posición a los imperiales, que los hicieron prisioneros.

Este puede considerarse un episodio inexplicable. Priego López, escribe que: “los defensores del Cerro del Ahorcado, dando pruebas de un descuido verdaderamente imperdonable, sesteaban a la sombra de los olivos, con las armas en pabellones, y antes de que pudieran reaccionar se encontraron rodeados por los franceses y tuvieron que rendirse en número de 1.600 hombres, cayendo también en poder del enemigo las dos piezas de artillería allí asentadas(46).

EL CORONEL JUNCAR RECHAZA EL ATAQUE FRANCÉS AL CERRO DE LA ERMITA DE SAN CRISTÓBAL ES RECHAZADO

Desde la posición de la Ermita de San Cristóbal se observó lo que había pasado, y esa fue la razón de que cuando quisieron hacer la misma operación las fuerzas de Vedel, se les recibió con una granizada de balas, que les obligó a replegarse. Es hora por tanto de reivindicar como falsa, esa posible irresponsabilidad del comandante español de estar tan desprevenido, que no se dio cuenta del ataque francés. De hecho, Vedel, en sus memorias, indica únicamente que transcurridos 15 minutos, y viendo que no volvía el comandante Meunier, ordenó el ataque al Cerro, comentando simplemente que cogió prisioneros a mil hombres y dos cañones (47).

Tras ocupar el Cerro del Ahorcado, dirigió Vedel sus miras hacia la otra altura que dominaba Bailén, el Cerro de San Cristóbal, donde se encuentra la ermita del mismo nombre, sobre la que inició un intenso cañoneo, que obligó a las fuerzas que la custodiaban a replegarse, pero el coronel Juncar envió a los granaderos de Jaén y al regimiento de Órdenes Militares, los cuales mediante una brillante carga a la bayoneta, a cuyo frente se encontraba el valiente coronel de este último regimiento, don Francisco de Paula Soler, repelieron a los imperiales que habían osado alcanzar la cumbre.

Vedel indica en sus memorias que ordenó el ataque al Cerro al 1º batallón de la 5ª Legión, mandado por el comandante Roche (48),sostenido por el 1º batallón del 3º regimiento Suizo, estando preparados para intervenir a continuación el resto de la 5ª Legión y a toda su caballería. Reconoce el fracaso del primer asalto y que cuando iba a iniciar el segundo, alcanzó su puesto de mando el ayudante de Dupont, Barbarin, del que recibió la orden de suspender la acción (49).

(45) Una constante de la Guerra de la Independencia es la reiteración de la palabra regimiento para designar a una parte del mismo. Las fuentes hablan de que ocupaba la posición del Cerro del Ahorcado, el regimiento de la Corona, junto con un batallón de Irlanda y otras unidades, sumando el total mil hombres. En realidad habría como máximo un batallón de la Corona (cada batallón era de 800 hombres de efectivos completos) o unas cuentas compañías.

(46) PRIEGO LÓPEZ. Ob cit. Pág. 236. Priego bebe de diferentes fuentes, entre ellas Gómez de Arteche, Oman y Grasset. Las unidades que defienden el cerro no concuerda con Goicochea, ya que indica que estaba compuesta por el regimiento provincial de Jaén, un batallón de Irlanda, otro de Cazadores de Antequera y la compañía de zapadores, evaluando el total a 1.600 hombres.

(47) TEISSEDRE. Ob. cit. Pág. 64. “En voyant pas revenir mon aide-de-camp, j’ordonnai l’attaque. Déjà, j’étais maître des hauteurs de Baylen; j’avais fait mille prisonniers et pris deux pièces de canon”.

JUICIOS CONTRADICTORIOS TRAS EL REGRESO A FRANCIA DE LOS GENERALES VENCIDOS

El general en jefe galo, en las declaraciones que tuvo que efectuar para esclarecer las responsabilidades de la derrota, argumenta que el motivo que tuvo para incluir en el armisticio a la división Vedel, era porque este había roto la suspensión de hostilidades decretada con anterioridad (50).

Tras el regreso a Francia de los protagonistas, todos fueron acusados de negligencia y apartados del servicio. En los juicios contradictorios a que fueron sometidos para depurar responsabilidades, no se esclarecieron las actuaciones, ya que se produjo un conjunto cruzado de acusaciones. Dupont acusó a Vedel de llegar tarde a la batalla, de atacar cuando estaban los ejércitos en la situación jurídica de suspensión de hostilidades, y al general Marescot de actuar en las capitulaciones por su propia cuenta, sin seguir sus directrices y en connivencia con Castaños, del que era amigo, es decir a Marescot le llegó a acusar de traición. Vedel a su vez defiende su tardanza en llegar a las inmediaciones de Bailén, con las excusas señaladas en párrafos anteriores, excusas que son certeramente refutadas por manifestaciones numerosas de integrantes de su división, incluso a nivel soldado (Philippe Gilles, Mémoires d’un conscrit de 1808) (51). Marescot, del que no se han encontrado sus memorias, se defiende y acusa a su vez, tal como lo cita Laffaille, y otros muchos protagonistas, como el capitán de fragata Baste, también son llamados a declarar.

EL GENERAL VEDEL, CON TODA SU DIVISIÓN, INTENTA ATRAVESAR EL PASO DE DESPEÑAPERROS

Al anochecer del día 20 de julio, Vedel ordena levantar el campo con todo sigilo y retroceder hacia Despeñaperros. Conoce que en las conversaciones se quiere incluir la rendición de su división y quiere impedirlo poniendo tierra por medio. Avanza a marchas forzadas (52) y alcanza Santa Elena, a escasos kilómetros del paso de Despeñaperros. Allí le informan que el paso está ocupado por tropas regulares españolas, seguramente los destacamentos volantes del conde de Valdecañas, compuesto de 1.400 infantes y 400 caballos y del alcalde mayor de Granada, don Benito Losada (53). No obstante no es ello lo que verdaderamente le detiene sino los reiterados despachos que le remite Dupont ordenándole parar y regresar a Bailén y el convencimiento de que le será casi imposible alcanzar Madrid. Ante la desobediencia de su subordinado, el general en jefe francés no tiene más remedio que enviar como mensajero a una persona de categoría suficiente, el general de caballería, Privé (54), el cual le advierte que podrá salvar Despeñaperros, pero que aún le quedarían 40 leguas hasta alcanzar Madrid, con una Mancha insurreccionada. A todo ello se une la amenaza española de pasar por las armas a las tropas que se habían rendido. Ante tales tesituras, Vedel ordena el retroceso a Guarroman, donde llega en la noche del 23 al 24 de julio, recibiendo una copia de las capitulaciones.

Vedel en sus memorias indica que el general en jefe se precipitó en la suspensión de hostilidades y en las capitulaciones, y que cuando apareció delante de las alturas de los cerros del Ahorcado y de San Cristóbal, debería haber sido un acicate para reiniciar de forma inmediata el combate, estando seguro que ello les hubiera llevado a la victoria. Reitera que nunca se debió de haber consentido que se incluyera en las capitulaciones a su división y a la de Dufour (55).

(48) MADOZ, Pascual. Ob. Cit. Tomo III. Pág. 304.

(49) TEISSEDRE. Ob. Cit. Pág. 65. Vedel reconoce la defensa española: “On peut conclure de là que la défense a été aussi vigoureuse de la part de l’ennemi qu’elle pouvait l’être”.

(50) TEISSEDRE. Ob. cit. “Declarations. Faites le 3 février 1809, devant le comte de Regnaud de Saint-Jean d’Angely, ministre d’état,...”

(51) LAFFAILLE, Général; Mémoires (1787-1814); editado por Teissedre; París. El capítulo I de de la 2ª parte, con el título de “Quelques echos de Bailen”, relata todo este cúmulo de circunstancias.

LA CEREMONIA DE CAPITULACIÓN

El 24 de julio, el general Castaños remite un despacho a la Serenísima Junta Suprema de Sevilla comunicándole la rendición del cuerpo de ejército imperial y pormenores sucintos de la ceremonia (56).

Las tropas al mando directo de Dupont, es decir las divisiones de infantería del general Barbou y de caballería del general Fresia, así como el resto de las fuerzas, artillería, ingenieros y el batallón de marinos de la Guardia, rindieron sus armas ante las divisiones 3ª y reserva españolas, y las de Vedel y Dufour, lo hicieron, si bien con las limitaciones que se exponían en las capitulaciones, ante la 1ª y 2ª españolas, verdaderas artífices de la victoria.


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Por parte francesa la ceremonia de la rendición se teñirá de tintes oscuros:

“La rendición es patética. Al son de las músicas militares españolas, los vencidos salen de sus campamentos -las banderas ondeando al viento, los tambores redoblando, los cañones rodando a la cabeza de cada batallón- y desfilan en buen orden con los honores de la guerra, entre las dos hileras del ejército español. Cada soldado deposita sus armas, cada jinete entrega su caballo.

Tascher-. Todavía devoro lágrimas de vergüenza y de furor. ¡Todavía oigo, y oiré toda mi vida, aquella música odiosa, cada uno de cuyos acentos me hacía estremecer! ¡Siempre veré aquella alegría insultante, aquellas aclamaciones asesinas de los campesinos haciéndonos señas de que dentro de poco nos clavarían sus puñales en la garganta!>”

(52) TEISSEDRE. Ob. cit. Général Vedel. Pág.67: “..et je continuai ma marche sur Sainte Hélène, où j’arrivai le 21 avant midi, laissant, derrière moi, plus de huit cent hommes exténués de fatigue et de misère,..”

(53) MAUPOEY y GOICOCHEA; ob. cit. Aseguran que no había un sólo soldado regular entre Bailén y Madrid, en su afán de señalar que Vedel se paró en Santa Elena por el peligro de atravesar Despeñaperros a la fuerza. El peligro era evidente, pero no era probable que los irregulares de Valdecañas y Benito Losada, pudieran hacer frente a los reiterados ataques de unas tropas dispuestas a atravesar el paso a toda costa, porque en ello iba su salvación.

(54) TEISSEDRE. Ob. cit; Général Vedel. Pág. 68.

(55) Esta división era la que mandaba Gobert, muerto en Mengíbar, y que pertenecía al cuerpo de Moncey. Se da la paradoja de que esta división, desplegaba prácticamente al norte de Despeñaperros y que en ningún momento se hace mención expresa de ella en el documento de capitulación, sin embargo se consideró prisionera y se atuvo a lo estipulado. Tal vez hicieron mella en Dufour la situación de la Mancha y la dificultad de llegar con vida a Madrid, dado el estado de insurrección general de la región.

(56) MOZAS MESA. Ob. cit. Apéndice 67.

CONSECUENCIAS DE LA BATALLA

Las consecuencias de la batalla de Bailén son desastrosas para los intereses de Napoleón. Todo el ejército que había puesto al mando de su hermano, el nuevo rey de España, José I, retrocede velozmente hacia la frontera. Junot, capitula en Cintra el 30 de agosto ante el futuro duque de Wellington, entonces únicamente sir Arturo Wellesley. El emperador decide personarse en España con sus mejores tropas para restablecer la situación.

En el otoño de 1808 se puede decir que es cuando verdaderamente empieza la Guerra de la Independencia, guerra que mantendrá una estructura de guerra organizada, con ejércitos que se enfrentan linealmente en el espacio, que realizan maniobras estratégicas y movimientos tácticos para desplegar en la zona de terreno más apta para el combate, hasta febrero de 1810, a partir de ese momento, el ejército español del viejo régimen deja de existir y se crea otro nuevo, que es, basando su maniobra estratégica en el tiempo, el que a la postre obtendrá la victoria. A finales de 1812 y todo 1813, el nuevo ejército se “regulariza” y se vuelve a las batallas lineales, pero entonces su enemigo, es un ejército imperial disminuido y fatigado, que ha dejado sus mejores cuadros en el campo de batalla, y que solo pretende un respiro para salvar al menos el honor.

 

 

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Bibliografía del autor:
Málaga en el reinado de Amadeo de Saboya (1870-1872)
Gloria y muerte en Málaga: una revolución en busca de un Rey (Tomo I )
La guerra de la Independencia en torno al estrecho de Gibraltar

Bibliografía relacionada:
Guerra, ejército y sociedad en el nacimiento de la España contemporánea
La artillería española en la batalla de Bailén

 


Fuente: Belt Ibérica
Fecha: 13/10/10

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