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Seguridad Colectiva y Defensa Nacional.

 

 Expertos

Rafael Vidal Delgado

Coronel de Artillería(R)
Diplomado de Estado Mayor
Doctor en Historia por la Universidad de Granada

Diplomado y profesor del Master Ejecutivo en Dirección de Seguridad Global (MEDSEG)
Diplomado y profesor principal del Master Ejecutivo en Dirección de Sistemas de Emergencia (MEDSEM)
Asesor de Planificación Estratégica de Belt Ibérica, S.A.

BELT IBÉRICA S.A.
rvidal@belt.es

1 de mayo de 2011, día de la seguridad. El beato Juan Pablo II y el terrorista Osama Bin Laden


 

 



El Papa Juan Pablo II

En España las lluvias han sido abundantes y persistentes este años y la naturaleza ha aguado algunos de los eventos más relevantes de la vida española, como son la Semana Santa, tanto en su aspecto religioso como lúdico; el puente de principios de mayo y el inicio de la feria de abril de Sevilla, que por designios de la primera luna llena de primavera, cae este año en mayo. Pero esta situación meteorológica que aconseja quedarse en casa, ha coincidido con dos acontecimientos políticos internacionales: uno que proporcionó seguridad en el pasado y otro que la traerá presumiblemente en el futuro, nos referimos a la beatificación de Juan Pablo II y la muerte de Osama Bin Laden.

Por supuesto no voy a caer en la aberración de exponer que el segundo acontecimiento es el primer “milagro” del nuevo beato, ello estaría muy lejos del pensamiento del insigne Papa. Por ello me ha dado un poco de miedo mezclar las dos noticias y reflexiones sobre ellas, pero es bueno hacerlo así, porque ambas han proporcionado o proporcionarán seguridad.

El 7 de abril de 2005, escribí una columna en este mismo portal de los profesionales de la seguridad, titulado “El Papa Juan Pablo II y la seguridad”, haciendo mención a otro publicado hacía quince años en el diario Europa Sur del Campo de Gibraltar, en el cual indicaba la importancia en la política mundial del papa Juan Pablo II y del entonces presidente de los Estados Unidos de América, Ronald Reagan.



En días como hoy, ¿la muerte de Bin Laden supone el fin de Al Qaeda?

Juan Pablo II, con su palabra, constancia y ejemplo cambió el mundo, derribó el “telón de acero” y abrió un camino hacia la democracia. Bernard Lecomte, periodista y escrito francés en un reciente artículo publicado en l’Osservatore Romano expresaba que “hoy todos los historiadores concuerdan en que si el Papa elegido en octubre de 1978 hubiera sido italiano, español o francés, el curso de la historia, en el final del siglo XX, habría sido distinto”. De hecho el Papa fue el primero que recibió en audiencia a un presidente de la URSS, Mijail Gorbachov el 1 de diciembre de 1989, tardándose diez años en que se produjera, tras el encuentro del Sumo Pontífice con el ministro de asuntos exteriores Andrei Gromyko, declarando el primero que “nada de lo que ha sucedido en Europa habría sido posible sin este Papa”.

Juan Pablo II lanzó al mundo el mensaje “no tengáis miedo de manifestar vuestra fe”, evidentemente como líder espiritual de la Iglesia Católica, iba dirigido fundamentalmente a los miembros de la misma, pero estoy seguro que el Papa pensaba en todas las personas de buena voluntad, para que sin ningún tipo de vergüenza y miedo practicaran sus creencias y se sintieran orgullosos de ellas. El mensaje era un claro ataque al “laicismo” beligerante, que tras su muerte ha vuelto a campar por la sociedad, tal como se comprueba día tras día.

Juan Pablo II abrió un camino de paz, derribó con su palabra los muros que separaban los pueblos europeos, reintegrándolos al mismo cercado de amistad. Alejó el espectro de la guerra nuclear entre los dos bloques de Oriente y Occidente y por último hizo más libres a los ciudadanos, responsabilizándolos de las tareas de gobierno de sus respectivos países, a través de la elección de sus gobernantes.

En definitiva Juan Pablo II proporcionó mayor seguridad a un mundo dividido en dos bloques irreconciliables. Desgraciadamente, transcurrido un tiempo nuevas amenazas se cernieron sobre nuestro planeta, transformándose el enfrentamiento bipolar en otro asimétrico y multipolar, que nos traído otras fuentes de preocupación.

La amenaza asimétrica aparece con el terrorismo islamista, con un líder siempre omnipresente, llamado Osama Bin Laden, promotor de una organización del terror denominada al-Qaeda, que funciona como una consultora de terrorismo internacional, estableciendo contactos con todos los grupos terroristas, sea la tendencia que tuvieran (entre ellos, por supuesto ETA); alentando en los países islámicos un alzamiento contra los poderes constituidos, denunciando la corrupción, el nepotismo y la dictadura y clamando por una aparente “democracia musulmana”, que a la larga se convertiría en la mayor tiranía opresora contra la sociedad; soliviantando en los estados occidentales cristianos a los ciudadanos de religión mahomentana, haciéndoles creer que la situación que padecen es consecuencia de la opresión de los cristianos; en definitiva una “internacional del terror”, que ha hecho del terrorismo indiscriminado su razón de ser, presentando a los terroristas como héroes que con su inmolación entran directa y para toda la eternidad en el Paraíso.



Osama Bin Laden sentado junto al número dos de al-Qaeda, Ayman al-Zawahiri en una otografía de achivo (REUTERS)

Políticamente se dice que no hay régimen posible sin la persona del que lo crea, a no ser que sea democrático, por ello era impensable una “España franquista”, sin Franco, o un estado sin sus dictadores, como hemos podido comprobar en los recientes acontecimientos del norte de África y Oriente Medio, con la caída de Mubarak y Ben Alí, y con las dificultades que atraviesan Basahr al-Assad de Siria o Muamar Gadafi de Libia. Tampoco existirá la Cuba castrista sin Fidel Castro, ni la esperpéntica revolución chavista sin el inefable Hugo Chávez.

Por eso el ajusticiamiento de Osama Bin Laden y digo bien lo de “ajusticiamiento”, porque había sido condenado por la inmensa mayoría de las naciones del mundo, es un día de gozo y satisfacción, aunque a nadie puede gustar la pérdida de un ser humano.



Hassan Bin Sabbah. "El Viejo de la Montaña". Representación cristiana medieval

En los albores del segundo milenio, el orbe conocido sufrió los efectos de una secta salvaje: la de los “asesinos”, que guiados al principio por un líder religioso Hassan Bin Sabbah, perpetuaron sus acciones sangrientas, hasta que Hulagu Kan, nieto de Gengis Kan, con el apoyo de las naciones conocidas, fuera cual fuera su religión, destruyó la fortaleza donde se ocultaba el “Viejo de la Montaña” (en este caso un sucesor del fundador de la secta, que mantuvo en vilo al mundo cerca de dos siglos).

 

La fortaleza hashshashiín de Aamut. Tapiz persa del siglo XV

Si en el medievo se destruyó la fortaleza de Alamut, residencia, corazón y cerebro de la organización de los nizaríes, que pasaron a la posteridad como asesinos, también el 2 de mayo de 2011 la guarida del mayor terrorista de finales del siglo XX y principios de XXI, ha sido destruida, esperando desaparezca el centro de operaciones desde donde se gestaba tanta sangre, dolor y sufrimiento para el mundo.

Osama Bin Laden ha muerto. ¿Nos espera un mundo más seguro como así lo soñaba el beato Juan Pablo? Sea cual sea nuestra religión, recemos para que sea así.

Tengamos también un recuerdo para los miles y miles de muertos que dejado por todas partes la brutalidad de al-Qaeda, dejándose sentir su acción desde la lejana Indonesia por el oriente, hasta Nueva York por occidente, principalmente por los dos centenares de víctimas de la masacre del 11 de marzo en Madrid.

 

 

Especial: 11-S. Operación global contra el terrorismo: El análisis de los profesionales

 


Fuente: Belt Ibérica
Fecha: 03/05/11

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