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Seguridad Corporativa y Protección del Patrimonio.
Seguridad Industrial y Prevención de Riesgos Laborales.

 

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Centre de Recerca en Governança del Risc (UAB)


Universitat Autònoma de Barcelona

La seguridad integral en los centros de enseñanza obligatoria en España


 

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Resumen

Este artículo presenta los resultados del estudio La seguridad integral en los centros de enseñanza obligatoria en España, que tenía como objetivo el validar un modelo de seguridad integral e identificar las debilidades que presentan los centros de enseñanza obligatoria en España al respecto. El trabajo realizado ha permitido obtener una radiografía del estado de la cuestión, así como establecer un conjunto de propuestas para la mejora de la seguridad integral en los centros educativos de España.

1. Introducción

La cultura de la seguridad de las personas y de los bienes va adquiriendo cada vez más importancia en nuestro entorno social y económico, aumentando, año tras año, la sensibilidad y preocupación en materia preventiva. A pesar de ello, aún queda mucho camino por recorrer para lograr unos resultados razonables y situarla en el lugar que le correspondería.

Una revisión de los estudios e iniciativas sobre la seguridad integral en centros educativos ilustra alguna de las realizaciones y denota cierta preocupación por la temática, aunque siempre de modo puntual, justificando la necesidad de iniciar estudios como el que se presenta.

La investigación de Torrenteras, Gómez, Ruiz y otros (2001), es un ejemplo de la preocupación creciente por la salud de los trabajadores de la enseñanza. Los autores identificaron que uno de los problemas que más preocupan al profesorado son las deficiencias en el estado de su salud, derivadas directamente del tipo de funciones que desempeñan.

Por otra parte, podemos afirmar que la preocupación por la seguridad y la salud en los centros educativos va más allá de nuestras fronteras. Por este motivo, Longás y otros (2005) realizaron un estudio comparativo de las iniciativas en prevención que se realizan en diferentes países europeos con el objetivo de identificar prácticas para disminuir la incidencia de enfermedades y accidentes o daños no intencionales en escolares y docentes. Una de las conclusiones a las que llegaron fue que las iniciativas de buenas prácticas en seguridad y salud dependen más del propio centro que del país concreto, de modo que los centros deben poner el acento en las actividades de prevención y formación.

También es necesario destacar el estudio del año 2008 de Consumer-Eroski, en el que se analizaba la seguridad de 208 centros de educación infantil, primaria y secundaria, y que puso de relieve la falta de seguridad en los centros educativos. Las conclusiones del estudio apuntaban a la necesidad de aplicar metodologías que permitieran identificar las insuficiencias en materia de seguridad, para poder intervenir en los parámetros que requiriesen mejoras y aumentar, así, la seguridad que el centro ofrece.

Otros estudios y referentes interesantes son: Gómez (2001); Torrenteras, Gómez, Ruiz y otros (2001); Roldán (2002); Sebastián (2006); De Vehí (2009); Buijs (2009); De Waal & Grösser (2009), que nos introducen en la temática de la seguridad y la prevención en los centros educativos y que expresan cierta preocupación por la necesidad de contar con evaluaciones sistemáticas que permitan generar la mencionada cultura de la prevención (USTEC-STES, 2008; Pérez Soriano, 2009).

La gestión de la prevención, como brazo articulado de la cultura preventiva, se hace necesaria, dado que para la salvaguarda de la vida humana, de la integridad física de las personas y de los bienes, se necesitan acciones que impidan al máximo la posibilidad de ocurrencia de un siniestro. Una implicación correcta del nuevo concepto de la filosofía de la prevención evidencia la necesidad de un cambio de concepción en el trabajo de los gestores institucionales.

Mientras cualquier gestor considere el concepto de la prevención como gasto, seguirán habiendo inexorablemente accidentes que, por sus características, podían haberse reducido a un coste bajo y evitar, significativamente, el alto precio de los riesgos para las personas. La prevención no puede seguir siendo un simple requisito burocrático más y parte de la documentación necesaria para homologar y autorizar la docencia cada nuevo curso escolar. La prevención va mucho más allá de tener extintores colgados en la pared o carteles que indiquen qué hacer en caso de emergencia. No obstante, no es aventurado afirmar que a veces tampoco existen y, por lo tanto, también es un aspecto de la prevención que, seguro, debe mejorarse.

Uno de los factores causantes del elevado índice de siniestralidad laboral en nuestro país es la falta de cultura preventiva. Para lograr una progresiva reducción de los accidentes en los entornos de trabajo, resulta absolutamente necesario realizar acciones de concienciación de la población, sobre todo de los jóvenes, que serán los trabajadores del mañana. De este modo, conseguiremos que cuando se incorporen al mundo del trabajo ya conozcan sus obligaciones y asuman rutinariamente unos hábitos de trabajo seguros.

Parece obvio que los centros educativos deben ser el marco idóneo para este fin, en el sentido que lo deben ser tanto con respecto al contenido de los programas formativos como con respecto a la organización y estructuración de los propios centros, que deben responder a una estricta práctica permanente y a una política orientada a la cultura preventiva en su sentido más general. De este modo, la materia de la autoprotección debe tener en los centros educativos una doble aplicación: la propia de su implementación a cada uno de ellos y el desarrollo de la cultura “preventiva”. Es importante que en cualquier entorno (edificio, recinto, etc.) donde haya personas, las normas de seguridad se cumplan de la manera más estricta posible; muy especialmente los aspectos de la seguridad que tienen que ver directamente con el bienestar y la seguridad de los niños y jóvenes. Por este motivo, tenemos muy claro que los centros educativos deben convertirse en espacios donde la seguridad represente una prioridad máxima.

La seguridad de los centros educativos debe ser contemplada desde un enfoque integral que incluya, no sólo los aspectos relacionados con las condiciones materiales de los edificios escolares, sino también aquellos otros aspectos que de una forma u otra pueden tener repercusión directa o indirecta en la seguridad de todas aquellas personas que desarrollan sus actividades en el interior del centro (alumnos, dirección, educadores, personal no docente, personal de servicios diversos, etc.). Bajo este enfoque global se ha realizado el presente proyecto, examinando los diversos requisitos mínimos que deben reunir los centros para ser susceptibles de prestar el servicio educativo en sus diferentes niveles.

 

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Suplemento Temático: Formación y Seguridad

 


Fuente: Centre de Recerca en Governança del Risc (Universitat Autònoma de Barcelona
Fecha: Mayo 2011

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