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Álvaro Uribe, ex presidente de Colombia, habla sobre el camino de la seguridad política y económica en América Latina


Corrupción política, enfrentamientos violentos con narcotraficantes, secuestros brutales y asesinatos. Esa es la realidad sombría que durante mucho tiempo se ha asociado con Colombia. Hoy en día, después de décadas de agitación, el país comienza a ser reconocido en la arena internacional como una nación estable desde el punto de vista político y económico. Ha sido una batalla en varios frentes, lanzada y vencida, en gran medida, durante los ocho años de mandato de Álvaro Uribe. Como parte de la serie de charlas sobre Liderazgo en el reciente Congreso de Wharton sobre América Latina, Uribe describió los elementos importantes de la democracia y dijo que la inversión privada es esencial para la resolución de problemas sociales a largo plazo.

La seguridad, dijo Uribe, es fundamental para la democracia. Uribe, que fue presidente de Colombia de 2002 a 2010, dijo que los líderes políticos de América Latina creían que la seguridad llegaría con la disminución de la pobreza, educándose los pobres y sanándose otros problemas sociales. "Yo dije a mis compatriotas colombianos: 'No podemos prosperar, no tendremos inversiones si continuamos siendo un país con un nivel elevado de inseguridad", recordó Uribe en una charla titulada: "América Latina: La nueva tierra de la oportunidad".

La campaña de Uribe para su primer mandato se apoyó en una plataforma de fuerte oposición al crimen y a la corrupción. Antes de conquistar la presidencia, él ya tenía la reputación de ser un combatiente feroz del crimen desde los cargos de alcalde y concejal de Medellín, su ciudad natal, que ocupó con anterioridad en el Gobierno. La segunda mayor ciudad de Colombia, Medellín se hizo famosa en los años 80 y 90 por ser un refugio muy peligroso para los traficantes de drogas. El padre de Uribe, criador de ganado, fue secuestrado y asesinado por guerrilleros de la Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). Uribe también fue gobernador del departamento de Antioquia, cuya capital es Medellín, de 1995 a 1997. Cuando gobernó el Estado, introdujo reformas en la salud y en la educación junto con programas para reducir el crimen y la corrupción.

Durante la presidencia de Uribe, la tasa de homicidios de Colombia cayó un 70 % y los secuestros, un 84 %. Al mismo tiempo, el PIB creció, pasando del 1,8 % a un 4,4 % al año, y la tasa de inflación, que rondaba el 7 % al año, descendió hasta situarse en una media del 2,25 %.

Progresistas o retrógrados

América Latina disfruta actualmente de una nueva era de crecimiento, dijo Uribe, pero la región enfrenta aún desafíos en lo que concierne a la creación y a la preservación de Gobiernos democráticos que soporten inversiones privadas sostenibles. Uribe añadió que ya no se puede pensar en los países de la región como políticamente de derechas o de izquierdas. Tiene más sentido pensar en los gobiernos locales como progresistas o retrógrados, ya que los países situados en cualquier cuadrante del espectro político muestran los principales rasgos de las democracias como, por ejemplo, elecciones abiertas, pero pueden fallar en otros aspectos. Durante el proceso electoral, pueden manejar los medios, suprimir los partidos de la oposición y restringir otras actividades cotidianas de una sociedad libre, factores que son esenciales para una democracia progresista y para lo que llamó de "libertades".

En la charla pronunciada en Wharton, Uribe dijo: "En cierto sentido, estamos siendo engañados en algunos países latinoamericanos porque sus líderes dicen: 'Respetamos el estado de derecho. Tenemos elecciones permanentes. 'Sin embargo, hay que dejar claro que democracia es algo más que elecciones". Además de elecciones abiertas en un ambiente de estímulo a la libertad de prensa y a la oposición, otro factor esencial para la edificación de una democracia progresista es la seguridad, dice Uribe. En el pasado, dijo, los dictadores latinoamericanos decían que para que hubiera seguridad en un país, era preciso resolver de entrada sus problemas sociales, en general a un coste humano elevado. Uribe recuerda una charla a la que asistió recientemente, pronunciada por un miembro del Gobierno del presidente venezolano Hugo Chávez: "Esa persona me vino con el viejo argumento de que es preciso resolver antes que nada todos los problemas sociales del país para que haya seguridad", dijo Uribe a la audiencia de Wharton. "Eso era lo que muchos decían en mi país. Pero, con el paso de los años, percibí que aunque las personas justificaran la violencia y la atribuyeran a los problemas sociales, la violencia sólo empeoraba las cosas".

Para aliviar la pobreza y otros problemas sociales, dijo Uribe, América Latina necesita estimular la inversión privada, una hazaña imposible en países violentos y dominados por el crimen. Uno de los logros más importantes de su Gobierno fue usar el poder del Estado para combatir la actividad criminal, dijo. Con el respaldo de EEUU, Uribe llegó a un acuerdo con los comandos paramilitares reduciendo su acción en el país. "Hoy, en Colombia, aún se ven guerrilleros involucrados con el narcotráfico", admitió. "Pero ya no se ve al Estado sin el monopolio de la fuerza para aplicarla a los criminales".

Frenos y contrapesos

Los precios récords de las materias primas hoy en día, como es el caso del petróleo, han impactado profundamente no sólo a Colombia, sino, para bien o para mal, a toda la región. Él mencionó específicamente Venezuela, que ha estado usando el petróleo del país para subsidiar programas para los pobres a costa de la empresa privada. A largo plazo, dijo Uribe, esa estrategia no se sostendrá. Él añadió también que el nivel de vida en Venezuela ya está cayendo.

Algunos líderes latinoamericanos evitan hacer prioritaria la seguridad, porque temen por su propia seguridad, dice Uribe. Mientras, los ciudadanos desconfían de líderes que se preocupan excesivamente por la seguridad temiendo el surgimiento de una dictadura que se agarre al poder por medio de una estrategia militar o incluso policial. El propio Uribe fue criticado por grupos de derechos humanos por haber apoyado de forma abierta tácticas agresivas cuando intentaba reducir el nivel de violencia y de criminalidad en el país. Él también fue criticado a finales de 2009, cuando buscó, en vano, cambiar la constitución del país, de modo que pudiera presentarse de nuevo a un tercer mandato consecutivo a la presidencia. En la Universidad de Georgetown, donde Uribe dio clases como profesor invitado el año pasado, los activistas lanzaron una campaña contra él titulada "¡Adiós, Uribe!"

Respecto al futuro, Uribe subrayó la importancia de contar con instituciones independientes para que la democracia tenga éxito. Él dijo que las democracias progresistas proporcionan seguridad a las personas por medio de un sistema de frenos y contrapesos aplicados al poder. En algunos países, resaltó, es difícil medir el nivel de independencia de los órganos públicos. Él dijo, por ejemplo, que el Gobierno de Bolivia, bajo la presidencia de Evo Morales, tiene elecciones libres y afirma tener una Corte Suprema de Justicia independiente. Pero, Uribe dijo que las autoridades bolivianas ya han señalado que no tienen, en realidad, libertad de discrepar con el presidente.

Nicaragua es otro ejemplo de la confusión en la separación de los poderes políticos. "Aparentemente, en aquel país, hay un brazo ejecutivo independiente, pero hay una especie de amiguismo entre el ejecutivo y la justicia", dijo Uribe. "Hay una gran diferencia entre lo que se ve y la realidad". Él dijo que el caso de Nicaragua no es único, otros países de la región parecen tener instituciones independientes y, sin embargo, esconden "conexiones muy sutiles" con el Gobierno, lo que da margen a una red de clientelismo.

¿Lo que es mío es suyo?

El ex presidente dijo que otra forma de saber si una democracia es progresista o retrógrada consiste en evaluar el nivel de participación en el Gobierno. Uribe dijo que la comunidad empresarial está cada vez más preocupada por la posibilidad de que el Gobierno de Venezuela continúe expropiando las empresas y sus activos. Él dijo que algunos ejecutivos se resisten a llamar la atención sobre lo que ha está ocurriendo con sus empresas, exponiendo públicamente sus recelos, lo que es lamentable. Uribe aconseja la adopción de forma urgente de una táctica diferente. "La única manera de defender los derechos de los inversores privados es mediante la participación, haciendo reivindicaciones", dijo. Uribe hizo referencia a una metáfora usada por el presidente americano John F. Kennedy en su discurso de posesión en 1961. Kennedy advirtió a los EEUU y sus aliados de que no deberían tratar de razonar y dar las manos a las potencias comunistas de la época. "En el pasado, aquellos que, de forma insensata, obtuvieron el poder montados en el dorso del tigre acabaron engullidos por él", dijo. Con eso en mente, es importante hablar contra los Gobiernos que puedan expropiar la propiedad o desincentivarla, cualesquiera que sean las repercusiones. "Es mejor ser cazado por el tigre que ser víctima de él", dijo. "Es preciso levantar la voz contra esos dictadores en vez de quedarse callado".

La seguridad física no es solo importante para la democracia. La seguridad propiciada por las inversiones también es un requisito, dijo Uribe. Eso incluye la "seguridad jurídica", de manera que el sector privado se sienta más confiado de que las inversiones a largo plazo no se verán perjudicadas por normas inesperadas y arbitrarias impuestas por el Gobierno. Respecto a la seguridad política, "nadie va a invertir en un país en que, por la mañana, el sujeto tenga que pensar: '¿Quién será el presidente hoy?' Es preciso que haya señales claras de credibilidad para que el sector privado sienta que hay seguridad política".

Encontrar la mezcla acertada

Uribe enfatizó que en el contexto actual de expansión de los mercados de las materias primas, la próxima generación de latinoamericanos necesita encontrar una nueva manera de integrar las economías basadas en materias primas en las economías basadas en el conocimiento. "No es una cosa u otra, sino: ¿cómo podemos trabajar con las dos cosas?", dijo Uribe. Para descubrir la respuesta, América Latina necesita una "revolución en la educación". Él observó que la inversión en investigación y desarrollo en la región continúa siendo baja, aunque haya un programa en Colombia que adjudique un 10% de los royalties obtenidos por el Gobierno en la minería a la promoción de la investigación y del desarrollo".

El ex presidente también aconsejó a los países de América Latina que eviten el surgimiento de un abismo entre grandes y pequeñas empresas, porque ambas deben estar vinculadas. "Hay una correlación entre ellas", dijo. "Mientras más inversiones haya en las grandes empresas, más oportunidades habrá para las pequeñas y microempresas". Colombia, añadió, ha desarrollado proyectos en asociación con bancos y organizaciones no gubernamentales para incentivar el microcrédito. "Necesitamos instituciones que estén comprometidas con programas de educación para la microempresa. Necesitamos instituciones en el sector público y privado que las supervisen", dijo.

Un problema que persiste en las economías latinoamericanas, prosiguió Uribe, es el roce entre patrones y sindicatos. En Colombia, los vínculos entre la guerrilla y algunos trabajadores constituyen focos de tensión. "En algunos sectores, hay odio hacia los patrones, y estos no confían en los empleados", dijo Uribe. Él dijo que su Gobierno intentó mejorar la cooperación entre trabajadores y empresas. Durante un discurso en España el año pasado, Uribe dijo que, por primera vez en 20 años, desde 2010, Colombia no fue incluida en la lista de países de la Organización Internacional del Trabajo en que hay violaciones [laborales].

En general, Uribe dijo ser más optimista respecto al futuro de América Latina que hace cinco años. En México, a pesar de los problemas con el narcotráfico, Uribe dijo que no vislumbra ningún cambio hacia una política de carácter más socialista en el país en las próximas elecciones nacionales marcadas para 2012. Las políticas del tipo "chavista", contrarias a las empresas, no tienen por que esparcirse por la mayor parte de los países. Él observó que el presidente de Ecuador, Rafael Correa, ha hecho discursos en que expresa políticas de corte chavista, pero no ha puesto ninguna de ellas en práctica después de cuatro años más en el poder. Incluso el presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, no ha llevado adelante ninguna política de expropiación de activos de las empresas. Uribe dijo que los líderes de empresas en aquel país creen que Ortega teme que haya una reacción política. Pero, el optimismo de Uribe no se extiende a todos los países. "Bolivia es un caso aparte", dijo.

Una lección que aprendió en el pasado, dijo Uribe, es que los Gobiernos exitosos son aquellos que responden a los anhelos del pueblo. Al analizar la caída del Muro de Berlín, o la transición de China de un régimen comunitario a una sociedad más centrada en los negocios, los historiadores, dijo Uribe, "reconocerán que en todos esos casos las personas se rebelaron contra los antiguos regímenes porque se dieron cuenta de lo crueles que eran".

 


Fuente: wharton.universia.net
Fecha: 04/05/11

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