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Seguridad Colectiva y Defensa Nacional.

 

 Expertos

Rafael Vidal Delgado

Coronel de Artillería(R)
Diplomado de Estado Mayor
Doctor en Historia por la Universidad de Granada

Diplomado y profesor del Master Ejecutivo en Dirección de Seguridad Global (MEDSEG)
Diplomado y profesor principal del Master Ejecutivo en Dirección de Sistemas de Emergencia (MEDSEM)
Asesor de Planificación Estratégica de Belt Ibérica, S.A.

BELT IBÉRICA S.A.
rvidal@belt.es

Hace un año éramos campeones del mundo


Hace un año nos proclamamos campeones del mundo del deporte rey: el fútbol. Con tal motivo escribí una columna en este mismo Portal con el título “La seguridad de ser campeones del mundo” y una semana más tarde, otra con “Orgullo de ser español”. A lo largo de mi vida, que ya empieza a ser larga, nunca he visto tanta unanimidad, tanta alegría, tanto orgullo de pertenecer a la nación española, de pertenecer a España, que acababa de ganar la final contra Holanda.

Ninguno de los partidos del equipo nacional lo vi en el sillón de mi casa, sino que lo hice en diversas cafeterías, en las cuales, personas de distintas condición social y con total desconocimiento unas de otras, vitoreábamos, gritábamos, nos levantábamos e incluso nos abrazábamos cada vez que nos daban nuestros jugadores una alegría: un gol, una buena jugada y como no en las victorias sucesivas y en la final.

En aquellos momentos todo se había olvidado: la crisis económica parecía quedar atemperada y todos los españoles pensábamos –ilusos que somos- que el campeonato del mundo sería un buen acicate para la clase política, para que aprendiera del trabajo en equipo, de mirar por el bien de la colectividad y no por el sus siglas ideológicas, de bajar en definitiva de los pedestales en los que se encuentran y conocer los problemas del pueblo que tienen que administrar.

Hoy, un año más tarde, nos queda el sabor agridulce de aquel sueño, repetido, aunque con menor intensidad, por otros éxitos deportivos, aunque cada día que pasa la moral de los ciudadanos españoles, a causa de las noticias económicas y políticas, se resquebraja más y más.

Paro y más paro. De cuando en cuando festejan la noticia de que “el paro ha disminuido en diez mil personas”, como si fuera la situación cambiante de una caída al vacío por otra de elevación a la normalidad. El problema de España, hace un año y ahora no es económico ni social, es de “credibilidad” en las instituciones y en los que las regentan.

Acabo de proclamarse un candidato de uno de los partidos mayoritarios para presidente del gobierno, contándose numerosas alabanzas al Presidente actual, de su misma afiliación política. Se resalta su valor, su saber estar, su personalidad, su conocimiento de la situación española, en definitiva de conocer perfectamente el oficio de presidente del gobierno, sin darse cuenta que no son alabanzas, sino reproches, porque ha aprendido a ser presidente, a base de palos, malas decisiones y terribles experiencias. Los españoles no queremos que aprendan el oficio de presidente, desde la presidencia, sino que cuando se acceda a ella, lo conozca y entre directamente en “eficacia” como decimos los “artilleros”.

No hay que ser un experto en nada, para conocer, por mucho que lo maquillen, cual es la situación española: más de cinco millones de parados (aunque oficialmente solamente sobrepasan los cuatro); sueldos cada vez más bajos, de tal manera que un mileurista ya es un potentado; informes económicos internacionales que nos auguran tiempos peores; las primas de riesgos de nuestros préstamos por las nubes; los tipos de interés de los bonos del tesoro casi imposibles de asumir; falta total de iniciativa empresarial, es decir sin “emprendedores”; incapacidad de pago de las deudas hipotecarias por parte de muchos ciudadanos; y un largo etcétera cuya reflexión llega a la amargura.

Pero lo anterior solo es en el sector económico, en el social hay: crispación; manipulación permanente de la opinión pública; el tema de los “indignados”, cuya génesis parece que se encuentra en un partido político o al menos una facción del mismo; el regreso del “miedo” a las calles y a la población del País Vasco y otras cuestiones que sería prolijo relatar. Pero hay más, si nos adentramos en el campo político, en el cual se observa y se manifiesta al exterior, una situación de corrupción que al producirse en distintos puntos del territorio español y en distintos partidos, parece que está generalizada; unas fuerzas centrífugas, el nacionalismo separatista puro y duro, que con la aquiescencia de muchos políticos, y con los coqueteos para conseguir la mayoría en votaciones determinadas, no cabe la menor duda, que a este paso, terminará por materializarse; declaraciones políticas insensatas en temas de política exterior y en las misiones internacionales militares, por las cuales se podrían producir, Dios no lo quiera, un reguero de sangre, no asumible por la sociedad española; … Termino con puntos suspensivos porque los males de la Patria son muchos.

Hablar en esta época de “patria” es un contrasentido y de forma inmediata te tachan de “facha”, de “retrógrado”, de “agorero”, de ser “políticamente incorrecto”, y de “trasladar inquietudes insanas a la sociedad”.

No voy a caer en comparar esta situación con la de principios del siglo XIX, cuando el alcalde de Móstoles, declaró la guerra a los franceses porque la “patria estaba en peligro”, pero desde luego estamos en una situación preocupante, necesitada de un golpe de timón que enderece la nave del Estado, es decir España, y le fije el rumbo adecuado.

Nuestra crisis no es económica, porque hay mucho dinero oculto; no es política, aunque nos haya defraudado su clase; no es social, aunque existan unas minorías que acaparan todo el poder, en lo que se ha venido en llamar la “dictadura de las minorías”, no, nuestra crisis es de “credibilidad”, de no tener esperanza en las decisiones políticas y en no tener la certeza de que los administradores quieren por encima de todo la bondad para los administrados.

España, un año después de proclamarse campeona del mundo; Fernando Alonso nos ha proporcionado la alegría del gran premio de Gran Bretaña y la eliminatoria de la Copa Davis, en el momento de terminar estas líneas, parece que se decantará para nuestro país. Estamos rodeados de éxitos deportivos, y la inmensa mayoría de los españoles, los buenos españoles, quieren que constituyamos un gran equipo, un equipo de cuarenta millones de personas, estando seguros, que lo mismo que supinos vencer a todos nuestros rivales, sabremos vencer los obstáculos que se han puesto en nuestro camino y al final “ganaremos el futuro” y dejaremos una España a nuestros hijos y nietos, de la que se sentirán orgullosos.

Noticia relacionada: El presidente del Comité Olímpico Español (COE) afirma que militares y deportistas defienden los mismos valores éticos (08.07.11)

 

 

Especial: Campeones del mundo

 


Fuente: Belt Ibérica
Fecha: 11/07/11

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