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Seguridad Pública y Protección Civil.
Seguridad Colectiva y Defensa Nacional.

 

 Expertos

Luis Feliú Bernárdez

General de Brigada de Artillería
Diplomado de Estado Mayor

Terrorismo global y cooperación internacional


 

Artículo cedido por la  Revista:

 


La amenaza es global, por ello la búsqueda de la solución debe ser también global y afrontada por la comunidad internacional. La necesidad de una globalización de la solidaridad ante un atentado terrorista es base de la requerida coordinación y cooperación internacionales en la lucha contra el terrorismo.


 

El ataque terrorista al World Trade Center se podría considerar como punto de partida de la actual guerra/conflicto contra el terrorismo y representa para los EEUU lo que supuso el ataque japonés sobre la base aeronaval norteamericana de Pearl Harbour que provocó el inicio de su participación en la Segunda Guerra Mundial. El ataque a las Torres Gemelas, sin duda desmesurado, cruel, trágico, además fue emitido por todas las cadenas de televisión del mundo. La visión de las acciones de un conflicto a través de los medios de comunicación social es lo que hace esencialmente diferente la actual guerra/conflicto contra el terrorismo.

Por otro lado, los ataques terroristas en Madrid, Londres, Estambul, Bombay, Bali y el reciente en Moscú describen, junto al de Nueva York, el escenario de la amenaza actual en el que vivimos. Es obvio que la amenaza no se centra en un país concreto sino que es, sin lugar a dudas, global y por lo tanto necesita de una «aproximación global a su solución», teniendo en cuenta que en algunos casos la guerra se desarrolla en los blogs, en las cadenas de televisión, en las redes sociales, y el objetivo de esa guerra es la percepción que suscita en cualquier audiencia: nacional, local o internacional. Triunfar en la lucha por ganarse la percepción de las audiencias debería ser uno de los objetivos básicos y para ello la «cooperación internacional» es vital.

Esa mencionada aproximación global requiere en primer lugar algo que, por obvio, parece desconocido: la «globalización de la solidaridad», es decir, una amenaza o ataque contra un país debería ser reconocido como un ataque a la comunidad internacionalidad que debería responder coordinada y adecuadamente. Pero: ¿a qué nos referimos con la comunidad internacional? ¿Queremos señalar a la que componen aquellos países que basan sus relaciones internas e internacionales en el respeto a los derechos humanos, al imperio de la ley y a la libertad individual? Si eso fuera cierto, ¿a qué quedaría reducida esa comunidad internacional?, ¿sería suficiente para la aproximación que se reclama?

Como descubre el lector, nos encontramos nada más empezar con un dilema. El ser o no ser de la comunidad internacional y, en cualquier caso, la necesidad de esa solidaridad entre las naciones que buscan paz, estabilidad y progreso.

Por otro lado, a la hora de hablar del imperio de la ley nos referimos también al imperio de la ley internacional, o dicho de otra forma, del conjunto de acuerdos y convenios internacionales que bajo el paraguas de la ONU regulan las relaciones entre países. El problema es cómo acomodar esa ley internacional con la ley islámica, también internacional. ¿Tienen ambas los mismos fines y objetivos? ¿Es precisa la mutua aceptación entre ambas leyes? ¿Hay una falta de entendimiento y diálogo entre la llamada comunidad internacional y la así llamada comunidad islámica internacional?

Quizás, la falta de entendimiento y de diálogo entre los países occidentales y musulmanes sea el principal problema, hoy en día, en la aproximación a la solución del terrorismo. La falta de entendimiento y de diálogo unida a las percepciones erróneas, los malos recuerdos, y la dolorosa memoria del pasado establecen el complejo escenario actual.

La combinación entre percepción errónea y memoria dolorosa es la base principal del radicalismo islámico y este del terrorismo. Si debemos ir al origen de este último para combatirlo, quizás deberíamos luchar en lo posible contra esa combinación, es decir, contra las «falsas percepciones actuales» que se transforman en «falsas realidades actuales»; en la ecuación formada por la memoria dolorosa del pasado y las percepciones erróneas, solamente podemos actuar sobre estas últimas.

Percepciones, normalmente erróneas, son la base, como he indicado, del combinado que abona al terrorismo; percepciones que llegan a convertirse en realidades. La lucha contra las percepciones erróneas es la clave de las actuales operaciones de «Influencia». Estas tienen como finalidad «persuadir» de las percepciones correctas. Pero persuadir «no es controlar», la persuasión debe basarse en la «credibilidad y transparencia» y estos conceptos habrían de liderar la interacción entre ambas comunidades, occidental e islámica, e incluso entre los CG involucrados en operaciones de seguridad o COIN y las poblaciones afectadas.

Otro aspecto esencial en la persuasión es asumir que en el escenario operativo actual algunas acciones tácticas tienen normalmente implicaciones estratégicas. No solo nos referimos a las bajas civiles, sino a las detenciones ilegales, ataques indiscriminados o de respuesta escalonada, sospechas de torturas o destrucción de infraestructuras sin ninguna reparación ni compensación. Todas ellas son acciones que pueden crear potenciales terroristas y de hecho los crean.

Cambiar la mentalidad, la percepción no solo de las poblaciones sino incluso de los terroristas es una de las mejores medidas preventivas contra el terrorismo. Eliminar terroristas por la fuerza letal genera más terroristas, esa es la lección más generalizada en la actualidad en los diferentes teatros. Quizás eliminar las percepciones erróneas podría ser una aproximación no utilizada hasta ahora en operaciones.

¿Cómo cambiar las percepciones? Probablemente si hiciéramos un esfuerzo por entender la cultura, aquello que nos diferencia; si prestáramos atención al fondo de los mensajes que se nos envían; si evitáramos la falta de coordinación internacional; si usáramos la comunidad de intereses entre las naciones; si prescindiéramos de la estructura jerarquizada, compartimentada y vertical de las actuales estructuras de mando de alto nivel y empleáramos de verdad una única aproximación cívico-militar, lejos de las actuales estructuras paralelas, quizás conseguiríamos avances más consolidados. La «interacción cívico-militar y el intercambio transparente de información» son aspectos esenciales en este compromiso. En resumen, si hacemos las cosas de forma distinta y no intentamos hacer mejor lo mismo que hasta ahora venimos haciendo, quizás encontraríamos la clave del éxito.

Entender claramente la amenaza, analizar el medio en que se mueve y crece, y proporcionar soluciones representa un claro desafío para la comunidad internacional. Para entender y analizar esa amenaza se necesita mejorar la capacidad de «escuchar», de saber escuchar a nivel estratégico. Comprender la cultura, a la población, su modo de vida; entender al adversario, las causas profundas del conflicto, evitando la intimidación son las bases de ese «escuchar a nivel estratégico».

Esta aproximación al problema debería ser la base de la tan mencionada y poco desarrollada comprehensive and integrated approach, en la que expertos militares, civiles, académicos, etc deberían cooperar. Sin embargo, esta aproximación «cívico-militar» se ha de desarrollar en un escenario de seguridad suficiente, establecido y mantenido por las fuerzas militares; son estas las que deben proporcionar el escenario donde los demás actores habrán de desempeñar su papel.

En ese escenario de seguridad suficiente, mantenido por las fuerzas militares, es vital el papel de la Inteligencia. Tan esencial es, que no hay espacio ni protagonismo para un esfuerzo aislado de la inteligencia militar, en verdad la fusión de la Inteligencia militar y civil reduciendo los niveles de clasificación son pasos que tener en cuenta. Las actuales redes «aisladas» de inteligencia constituyen la receta perfecta para un completo fracaso. La Inteligencia y la lucha contra las percepciones erróneas, es decir, las operaciones de Influencia deben cooperar estrechamente. Sin embargo, integración y coordinación de Inteligencia son palabras olvidadas en las operaciones actuales. Es precisa una estrategia global de Inteligencia tanto nacional como internacional.

Los centros civiles y militares de fusión de Inteligencia han de compartir sus productos y cooperar activamente. La nueva aproximación a la Inteligencia debería cambiar de una estrategia La amenaza es global, por ello la búsqueda de la solución debe ser también global y afrontada por la comunidad internacional. La necesidad de una globalización de la solidaridad ante un atentado terrorista es base de la requerida coordinación y cooperación internacionales en la lucha contra el terrorismo.

La falta de entendimiento y de diálogo, unida a las percepciones erróneas, los malos recuerdos y la dolorosa memoria del pasado establecen el complejo escenario actual en las relaciones entre los países occidentales y musulmanes. La combinación entre percepción errónea y memoria dolorosa es la base principal del radicalismo islámico.

La lucha contra las percepciones erróneas es la clave de las actuales «operaciones de Influencia» que tienen como finalidad «persuadir» de las percepciones correctas. Persuadir «no es controlar», la persuasión debe basarse en la «credibilidad y transparencia», conceptos que deberían liderar la interacción entre ambas comunidades occidental e islámica.

Es preciso evitar la estructura jerarquizada, compartimentada y vertical de las actuales estructuras de mando y de Inteligencia, y utilizar realmente una única aproximación cívico-militar evitando las actuales estructuras paralelas. La «interacción cívico-militar y el intercambio transparente de información» son aspectos esenciales en este compromiso. Hacer mejor lo mismo que hasta ahora en lugar de hacer las cosas de forma distinta es la vía segura hacia la derrota.

Saber escuchar a nivel estratégico. Entender la cultura, la población, su modo de vida; entender al adversario, las causas profundas del conflicto, evitando la intimidación y mandando los mensajes adecuados con la narrativa precisa son las bases del «escuchar estratégico».

Las actuales redes «aisladas» de Inteligencia constituyen la receta perfecta para un completo fracaso en las operaciones. La Inteligencia y la lucha contra las percepciones erróneas, es decir, las operaciones de Influencia deben cooperar estrechamente. Una sin otra no puede aportar soluciones creíbles.

Es precisa una estrategia global de Inteligencia tanto nacional como internacional. Los centros civiles y militares de fusión de Inteligencia deben compartir sus productos y cooperar activamente. Parecería que el papel de las unidades militares se antoja desdibujado en esta aproximación. Nada más lejos de la realidad, estas deben mantener un escenario estable y seguro, dentro de la realidad posible, para poder desarrollar la estrategia propuesta.

 

 

Especial: 11-S. Operación global contra el terrorismo: El análisis de los profesionales

 


Fuente: Revista Ejército nº 833
Fecha: Septiembre 2010

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