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Seguridad de la Información y Protección de Datos.
Seguridad Pública y Protección Civil.

 

 Expertos

Daniel Baena


Comandante de la Guardia Civil

Internet, menores, padres y guardias civiles


¿Cómo han modificado las nuevas tecnologías los delitos privados? Cuando se inicia una investigación, hay que dibujar unas líneas generales sobre las que, presumiblemente, puede discurrir. ¿Afecta el contexto de Internet al diseño general de una operación? Centrando la atención en determinados tipos de delitos contra las personas en el entorno de Internet, este artículo quiere servir como reflexión que permita a los guardias civiles abordar, sin complejos, este tipo de investigaciones.


 

Propondré una hipótesis de partida. Definiré un simple marco teórico, desde un plano ideal, recalcando ya, que en la vida real no existen formas puras sino tendencias que derivan hacia un concepto u otro. A continuación, usando las herramientas de la investigación cualitativa, intentaré verificar la hipótesis basándome en un caso real investigado por mi Unidad. Para terminar, unas conclusiones que inviten a profundizar en el estudio sobre la investigación en entornos virtuales.

 

Mi planteamiento inicial nace de nuestra experiencia policial en la Unidad de Policía Judicial de la Zona de Cataluña. Sirve para cualquier tipo de delito cometido en el marco de las nuevas tecnologías. Partiré de que en el espacio virtual creado por las nuevas tecnologías se reproducen las mismas relaciones que en el espacio físico. La vida social de una persona se produce en ambos espacios. No son estancos. La frecuencia de relaciones sociales en uno u otro espacio depende de diversos factores: la edad, la formación y los valores, entre otros. Por lo tanto, la vida social de unas personas se produce preferentemente en el espacio virtual, las de otras en el físico; pero las relaciones sociales en ambos espacios son las mismas. Mismas relaciones, afectivas, profesionales y de ocio, mismas motivaciones para el inicio, mantenimiento y finalización de las relaciones, mismos estímulos materiales, de poder o sexuales. Y mismos delitos.

 

No hay nada nuevo en las relaciones sociales.  Ha irrumpido un nuevo espacio de desarrollo gracias a las nuevas tecnologías. Un espacio intuitivo, atractivo, veloz gracias a las redes sociales, y sin controles, donde los jóvenes tienden a desarrollar más sus relaciones sociales. Y donde los mayores buscan, en la mayoría de los casos, complementariedad a sus relaciones en el espacio físico. El desarrollo de las nuevas tecnologías, no ha separado sectores por edad de población, pero ha subrayado la diferencia. Ha surgido el peligro de la brecha tecnológica en el seno de las familias. Emerge el peligro de que los más jóvenes se desarrollen en el espacio virtual sin las garantías y protección que los mayores ofrecen en el espacio físico.

 

Ahora determinaré varios conceptos, y delitos más frecuentes. Con ciberbulling o ciberacoso me refiero al acoso entre iguales en el entorno de las nuevas tecnologías, incluyendo chantaje, vejaciones e insultos de niños a otros niños. Con grooming, acoso ejercido por un adulto. Se refiere a acciones realizadas deliberadamente para establecer una relación de control emocional sobre un menor con el fin de preparar el terreno para el abuso sexual. En el espacio físico, el acoso entre iguales se puede producir en el patio de un colegio. El abuso sexual de menores en el espacio físico precisando, también, control sobre el menor por parte del adulto.

 

Modus operandi

 

En estas actividades se aprecian, entre otros, delitos de amenazas, coacciones, injurias y calumnias para el ciberbulling. Para el grooming: exhibicionismo, difusión de contenidos pornográficos y corrupción de menores. Puesto que en el espacio virtual el control físico no es posible; la clave de bóveda para la comisión de delitos en este entorno es la confianza. Por ejemplo, el modus operandi en grooming consiste en generar confianza; conseguido un entorno desinhibido provocar actos íntimos cuya publicidad pueda generar sensación de  perjuicio a la víctima; grabar los actos; solicitar más actos u otros de contenido pornográfico; en caso de negativa, doblegar la voluntad de la víctima mostrándole el material que se posee y posibilidad e difundirlo.

 

Sobre el caso real de una investigación en el espacio virtual, buscaré contenidos de las relaciones sociales que derivan en delitos, que sean iguales a relaciones desarrolladas en el espacio físico. La operación la llamamos TUENVIR porque los delitos se estaban cometiendo en la red social Tuenti. Se detecta que perfiles de cuentas de Tuenti estaban siendo utilizados por alguien distinto al usuario. Es decir, alguien se hacía pasar por otra persona para realizar actos en Internet; como los atracadores de bancos que se caracterizan con ropas, postizos o incluso máscaras para ocultar su identidad bajo otra. Detectamos el delito cuando se toma declaración a los afectados. En algunos casos, el que se hacía pasar por el usuario insultaba a los amigos de éste, en un principio sólo por diversión. El ofendido al extrañarse de la actitud de su amigo se ponía en contacto con él y se descubría la suplantación. Aunque no sucedió en este caso, la situación entraña riesgo por el potencial delictivo que tiene. Por ejemplo, se podía pedir dinero a familiares aprovechando la confianza. Este caso sería algo parecido al pshising.

 

Estuvieron afectadas unas 355 cuentas Tuenti en 1010 ocasiones. La investigación empieza el 16 de junio de 2010 y finaliza el 16 de octubre de 2010. Identificamos a 50 víctimas, al resto no se las localizó (más adelante diré porque).

 

Para el uso de la cuenta, se utiliza un virus que se difundía a través de los perfiles. Una vez instalado, se tiene total acceso de Tuenti. En el espacio físico se precisa acceder a través de puertas, o ventanas a domicilios para obtener el botín del robo, pero en lugar de virus se utilizan ganzúas o llaves falsas.

 

Identificadas las cuentas de usuarios y víctimas empezamos a tomarles declaración a aquellos que atendieron a nuestro requerimiento. La mayoría eran menores, por lo tanto, manifestaban en presencia de los padres. Casi todos decían que no se habían bajado el virus, (Cuantas pequeñas estafas en el espacio físico no se denuncian por no reconocer que se ha sido víctima de un engaño), ¿Por qué? El virus era un programa para ver películas pornográficas en Internet gratis y por eso, los menores, ante la presencia de los padres, no querían reconocerlo. Y por esta razón, tampoco acudieron todos los afectados. Motivación sexual en el espacio virtual igual que la motivación sexual en el espacio físico para determinadas actividades.

 

El delincuente también accedía con el perfil de una de las víctimas a foros de encriptación de virus, la conexión se producía desde IP que no le delatara. Cuando logramos desencriptar el virus, detectamos la IP a la que el troyano envía la información, y nos pone en la pista definitiva para la identificación y posterior detención del delincuente. Y aquí es cuando en la investigación se une, siempre hay un punto de conexión, espacio virtual y espacio físico. Aplicando técnicas policiales llegamos hasta el presunto delincuente. No nos cuadraba que aquella persona correspondiera al perfil de Tuenti que accedía a esos foros especializados y que programaba el virus para hacerlo más infalible a los antivirus. Nos dimos cuenta de que, también, el perfil que utilizaba para esto era de una de las víctimas. En el espacio físico, para determinados delitos, se utilizan “hombres de paja”, personas cuya identidad es utilizada (de forma voluntaria o no) para ocultar las actividades ilícitas de otras. O las “mulas”, personas cuya identidad es utilizada para pequeñas transacciones económicas o para potar droga garantizando el anonimato de los componentes de la organización.

 

Con esto, identificamos y detenemos al autor de los hechos. Se trataba de un soldado profesional, de entre 25-30 años, soltero, que vivía con los padres en situación de baja porque había sufrido un infarto de corazón. Casi todas las víctimas eran de otra ciudad distinta a la de residencia del detenido. Se le imputaron los delitos de descubrimiento y revelación de secretos, daños (en sistemas informáticos) y otros que pueda añadir la Autoridad Judicial del estudio de la diligencias previas.

 

Espacio virtual

 

Pero no hay delito sin móvil. El detenido quería fastidiar, divertirse… Una especie de ciberbulling con trazas de grooming al estar las identidades suplantadas por un mayor de edad. En definitiva, una motivación de dominación, de poder, como las del espacio físico, pero en el virtual. Reconoce el detenido y verificamos, que no utilizó datos personales y de cuentas bancarias aunque podía haberlo hecho, tenía total acceso a todo el contenido del ordenador por el troyano. Con el virus, utilizó hábilmente una herramienta como las ganzúas para abrir puertas en el espacio físico que dejaba abiertas, entrando y saliendo con total impunidad (¿qué pasa con la intimidad?). Pero su verdadera finalidad era perfeccionar y evolucionar el virus, encriptarlo y difundirlo a través de los perfiles de Tuenti. Cuando algún antivirus lo detectaba, estudiaba el motivo y lo modificaba. Todo esto, además de utilizar a los usuarios como portadores del cirus, como las “mulas” a las que ya me he referido.

 

Con éste y otros casos, hay evidencia empírica para afirmar que las nuevas tecnologías han creado un espacio virtual en el que, en esencia, las relaciones sociales operan igual que en el espacio físico. Han conseguido un efecto catalizador y una ausencia de protección de los menores por la brecha tecnológica. Propongo seguir las recomendaciones difundidas por distintos organismos dirigidas a menores por la brecha tecnológica. Propongo seguir las recomendaciones difundidas por distintos organismos dirigidas a menores, padres, tutores e instituciones oficiales (seguridad, denunciar, involucrarse, ordenadores en zonas comunes, establecer horarios, uso responsable de cámaras Web, cuidad con el uso de imágenes, supervisión, autoprotección). Todo, sin dejar de entender el fenómeno como relación social, con sus condicionantes intergeneracionales (contraposición adolescente/padres). Creo que una educación para la responsabilidad en el uso de las nuevas tecnologías es más eficiente que una prohibición. Internet no tiene fronteras, una persona sí: sus valores. Creo más en la confianza que en el control. Muchas veces, son los propios menores los que quieren que se instalen en sus equipos programas de control parental, para intentar saltárselos. Buscan el reto, el placer de lo prohibido y este ímpetu, precisamente, es lo que les hace más vulnerables. Con el paso del tiempo, la importancia del espacio virtual crecerá con respecto al físico, la sensación subjetiva de seguridad dependerá de más valores interiorizados que de vehículos de policía patrullando. Pero siempre, entre ambos espacios, existirá una relación de interdependencia, y ahí estará la Guardia Civil.

Suplemento Temático: Formación y Seguridad

 


Fuente: Revista Guardia Civil
Fecha: Agosto 2011

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