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Seguridad de la Información y Protección de Datos.
Seguridad Colectiva y Defensa Nacional.

 

 Expertos

James Nava

Novelista, asesor militar y de inteligencia
Inversor financiero hispano-americano


Espionaje chino en Estados Unidos


Una de las razones que explican el rápido auge de China, tanto a nivel tecnológico como económico, nada tiene que ver con su capacidad de trabajo y competitividad, sino con las redes espionaje que mantienen desde hace años en todo el mundo, pero con especial énfasis en Estados Unidos, donde promueven operaciones de espionaje muy activas que afectan al ámbito militar, científico y empresarial.

El caso de Glenn Duffie Shriver, de 29 años, sin antecedentes penales y un estadounidense típico que enseñaba inglés en el extranjero, captado como espía por los chinos, merced a una estrategia de acercamiento amistosa, ha vuelto a poner de relieve el alcance de la infiltración china en Estados Unidos.

Glen Shriver recibió 70.000 dólares de individuos que él sabía que eran espías chinos con el objetivo de que intentara conseguir un empleo en alguna dependencia del gobierno, primero en el Departamento de Estado y después en la CIA. Shriver, arrestado a mediados de 2010, se declaró culpable de confabulación para pasar información de defensa nacional y ya cumple cuatro años de cárcel.

Este caso de espionaje nos recuerda que las redes de espionaje de China son de las más activas y se encuentran en la base de importantes capturas de información confidencial y secretos de carácter militar, empresarial y tecnológico, que les han permitido impulsar y consolidar grandes avances en estos terrenos en competencia desleal.

Los servicios de inteligencia estadounidenses, que siguen la actividad de muchas de estas redes de espionaje, llevan tiempo verificando que los chinos se han convertido en la práctica en un poderoso foco de espionaje, hasta el punto de que muchas de sus estrategias y crecimiento de estos años, se debe en gran medida a sus éxitos en este campo. China paga bien estos servicios y abarca todos los ámbitos para recopilar toda la información posible.

Glen Shriver forma parte de las al menos 57 personas enjuiciadas en tribunales federales de Estados Unidos desde 2008 acusadas de espiar para China e intentar pasar información secreta, tecnología de vanguardia o secretos comerciales a agentes, entidades que reciben financiamiento estatal, particulares o empresas de China, según datos del Departamento de Justicia. De los acusados, nueve están esperando juicio, dos están considerados fugitivos y el resto fueron declarados culpables aunque no han recibido sentencia.

Es sorprendente que la mayoría de estos juicios apenas han recibido atención de los medios de comunicación o el público, teniendo en cuenta la gravedad y extensión de los delitos y que en muchos casos sí ha habido traspaso de información secreta.

Desde hace años el contraespionaje estadounidense ha constatado el incremento de la amenaza del espionaje procedente de China, que se ha convertido en una de sus grandes bazas para competir en un mundo de enormes avances tecnológicos y estrategias comerciales que precisan de buenos resultados económicos. La prosperidad china de los últimos años se asienta en gran parte en estas redes de espionaje, de las que se nutre de avances occidentales y en especial estadounidenses, y sin las cuales el gigante chino no podría competir como lo hace.

Los éxitos del contraespionaje estadounidense para destapar estas redes chinas, no sólo ha puesto en el punto de mira el elevado nivel de actividad chino en esta área sino también el giro que han realizado en muchas de sus tácticas y las operaciones que están llevando a cabo, cada vez más complejas y atrevidas.

Uno de esos cambios estratégicos afecta al reclutamiento de espías que no son chinos y un incremento muy elevado de “espías empresariales”, motivados únicamente por dinero.
A fecha actual, la amenaza del espionaje chino se ha convertido en una amenaza implacable y de enorme impacto, con un nivel de actividad como nunca antes, en el que confluye un espionaje de carácter oficial y otro privado, con amplias lagunas en medio que hacen de estas redes verdaderas amenazas no ya solo a la seguridad nacional sino también a la competitividad de las empresas y la innovación tecnológica.

Sus espías son hoy ciudadanos aparentemente normales, profesores, abogados, empleados en organismos federales, ingenieros, empresarios que exportan productos autorizados pero que también envían al exterior tecnología restringida, y científicos que venden secretos de investigación…Todos ellos ciudadanos que se dejan tentar por el poder corruptor del dinero fácil que les ofrecen los chinos.

Un espionaje que igual facilita información al gobierno chino que a sus empresas privadas o estatales, y que responde a una estrategia perfectamente orquestada para que la potencia china modernice sus fuerzas armadas e incremente su poder económico hasta hacerse decisivos a nivel mundial.

Por ejemplo, enormes cantidades de dinero chino sirven para financiar empresas privadas que puedan desarrollar equipos tecnológicos para China, la mayoría de las veces obtenidos a partir de componentes, programas o piezas obtenidas de forma ilegal de fabricantes estadounidenses. Esto afecta en especial a material militar de vanguardia, como circuitos integrados para sistemas de radar, amplificadores de alta potencia para radares de advertencia oportuna, sistemas antimisiles y tecnología para visión nocturna, entre otros.

En el ámbito comercial, el espionaje chino también está haciendo un daño enorme, al llevarse secretos de empresas punteras como Boeing, Motorola y Dow, entre otras muchas. Incluso este espionaje ha alcanzado información sustraída sobre el transbordador espacial e información técnica sobre las capacidades de los submarinos nucleares de la armada estadounidense. Por ejemplo, la compañía Chitron fue creada por el que fuera profesor chino Zhen Zhou “Alex” Wu, una simple fachada para facilitar las exportaciones de tecnología militar de fabricantes estadounidenses a institutos de China relacionados con el sector militar.

Wu cumple prisión después de que se le sentenciara en enero pasado a ocho años de cárcel por asociación delictiva para exportar tecnología restringida de manera ilegal.

Es solo la punta del iceberg del trasfondo del espionaje chino en Estados Unidos y en todo el mundo, que requiere de nosotros una estrategia nueva y potenciar al máximo el contraespionaje en este ámbito.

 

 


Fuente: jamesnava.com
Fecha: 20/09/11

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