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Seguridad Corporativa y Protección del Patrimonio.
Dirección y Gestión de la Seguridad Global.

 

 Expertos

Rafael Vidal Delgado

Coronel de Artillería(R)
Diplomado de Estado Mayor
Doctor en Historia por la Universidad de Granada

Diplomado y profesor del Master Ejecutivo en Dirección de Seguridad Global (MEDSEG)
Diplomado y profesor principal del Master Ejecutivo en Dirección de Sistemas de Emergencia (MEDSEM)
Asesor de Planificación Estratégica de Belt Ibérica, S.A.

BELT IBÉRICA S.A.
rvidal@belt.es

El liderazgo del Director de Seguridad, según los benedictinos


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El pasado 8 de octubre de 2011, dentro de los actos anejos a la Asamblea General de PROTECTURI (Asociación para la Protección del Patrimonio Histórico), se desarrollaron en uno de los salones de la abadía de Monserrat, las ponencias, mesas redondas y debates correspondientes a dicho día, siendo uno de los conferenciantes, el prior de la abadía, padre Ignassi Fossa, cuya ponencia versó sobre Seguridad y Religión según la Regla de San Benito.

Sorprendidos quedamos y este autor el primero, del conocimiento sobre la vida actual y la visión de la seguridad desde un punto de vista religioso. Expuso ante el auditorio unas magistrales lecciones sobre el liderazgo, que verdaderamente merecen, aunque sean a través de una pobre pluma, ser difundidas, con la desgracia que algunas de sus puntualizaciones serán imposibles plasmarlas.

¿Qué es un líder? ¿Es lo mismo capacidad de liderazgo? ¿El líder nace o se hace? Y muchas más preguntas que dada la complejidad y la responsabilidad de un director de seguridad, deben tener respuesta, porque nuestra profesión se va asemejando cada vez más a los miembros de las Fuerzas Armadas o Fuerzas y Cuerpos de Seguridad.

Cuando me encontraba en activo, oía desgraciadamente y en más de una ocasión, sobre el comportamiento de un determinado compañero de armas: “tiene un carácter muy militar”, cuando en realidad era una persona despótica y distante. Este comentario surgía de algún civil, y mi interior me impulsaba a decir: “ese tío no es muy militar, ese tío es un cabrón”. Hoy gracias a Dios los componentes de los ejércitos han bebido de las Reales Ordenanzas, cuyo título IV está dedica íntegramente al ejercicio del mando, y en el cual se declara que la “disciplina”, es decir la obediencia de los subalternos se consigue con el convencimiento y con el razonamiento, comprensión y aceptación de lo que se ordena, añadiéndose lealtad y confianza mutua, debiéndose evitar que el “subordinado obedezca únicamente por el temor al castigo”.

A lo largo de mi dedicación a la Seguridad, he podido comprobar que directores de departamentos, jefes de equipo, coordinadores, etc. dejaban mucho que desear en su comportamiento y trato con los vigilantes, auxiliares, administrativos y demás personas vinculadas a la protección en una organización, oyendo a algunos comentarios, sobre la necesidad de obedecer sin rechistar, “porque tiene un genio”. Para más “INRI”, en nuestro sector de trabajo, los departamentos de seguridad, pertenecen a la institución, mientras que el resto del personal corresponde a empresas contratadas, pareciendo que algunos de los primeros, quieren mantener una distancia con los segundos, que creen conseguir con un carácter desabrido y hosco.

En el mes de septiembre elaboré una serie de columnas, relacionadas con las Infraestructuras Críticas, con referencia expresa al Director de Seguridad, pretendiendo, tras la experiencia con el prior de los benedictinos de Monserrat, efectuar algo similar, con objeto de reflejar los pilares básicos sobre los que se sustenta el liderazgo, según ellos; posteriormente reflexionaremos sobre “El liderazgo al estilo de los jesuitas”, estupendo libro escrito por un ex−jesuita y exitoso hombre de negocios, Chris Lowney; para terminar con la introducción de esas enseñanzas sobre liderazgo a nuestra profesión de director de seguridad.

Hay que reseñar que en la nueva formación de los directores de seguridad se recoge con diez horas la “dirección de equipos humanos”, que evidentemente se basa en el liderazgo y en la capacidad de liderar al equipo que conforma la seguridad y protección, precisamente para que el conjunto sea más eficaz y eficiente. En los Master Ejecutivos de Dirección de Seguridad Global y de Sistemas de Emergencias, que desde hace años realiza BELT IBÉRICA, S.A., con una Universidad, se incide de forma importante en este aspecto del liderazgo.

Nuestra consultora siempre ha querido “liderar intelectualmente el sector de la seguridad”, creemos que nuestra aportación ha sido, es y espero que seguirá siéndolo, de gran importancia. Como muestra de todo ello, allá por el año 1995, se publicó en el número 663 de la revista “Ejército” un documento titulado “Interacción empresa-ejército”, tratándose entre otros puntos sobre el liderazgo, enunciándose que el “jefe” siempre deberá tener presente:

  • No ser portador de nervios y ansiedades.
  • La eficacia no siempre coincide con la agresividad.
  • El título de jefe no da derecho a quemar personas.
  • No se debe convertir nuestra esfera de mando en un cielo ni en un infierno.

El padre Fossa nos decía que el comportamiento de la persona (como líder lo añade este autor), se basaba en tres pilares:

  • Humanidad.
  • “Discretio”.
  • Realismo (el padre Fossa le añadía el adjetivo de “evangélico”).

Aparte de lo anterior y como responsabilidad de la comunidad benedictina, la convivencia se basaba en mantener en el colectivo una “tensión armónica, positiva y enriquecedora” y establecer y respetar una adecuada “división del trabajo”, barajándose escenarios en donde se reúne toda la comunidad, con otros con una actividad totalmente individualista.

En realidad una organización de seguridad se parece, más de lo que creemos a una comunidad benedictina, intercalándose actividades en la que todos participan, como las reuniones previas al iniciarse la jornada o ante los relevos, con situaciones en donde el de “seguridad” se encuentra solo en su trabajo, debiendo recurrir para desarrollarlo correctamente, en un conocimiento total en la misión encomendada y en una unidad doctrinal, moral y procedimental con el departamento y con el director de seguridad.

La humanidad en el que lidera es fundamental. La humanidad le aleja del despotismo y del distanciamiento y tiene mucho más que ver con las cualidades intelectuales y conocimientos profesionales del líder. El déspota “teme” que le pregunten sobre la misión a cumplir y no basa sus decisiones en asentados razonamientos, ello impide alcanzar el convencimiento en el que tiene que ejecutar la orden, la cual la realiza de forma desmotivada y con una cierta dosis de vulnerabilidad con respecto a su cumplimiento.

La humanidad es atender a todos sus interlocutores, tal como ellos quisieran ser atendidos. Si tiene una cita a un hora determinada, debe cumplirla y a dicha hora. Hacer esperar a una persona demuestra menosprecio por ella o por su problema, lo que provoca una reacción negativa en el demandante.

Humanidad es afabilidad, que no tiene que conllevar “compadreo”, al revés, si llegas a caer en ello, no lo es. Humanidad es crear un escenario de confianza y sinergia, sabiendo mantenerse cada uno en su posición. Como decía Ortega, no es bajar sino subir al interlocutor a nuestro nivel.

La “Discretio”, no puede simplemente traducirse por discreción, sino que hay que recurrir a su concepto latino, que podemos extraer del libro de José Antonio Trigueros: “Conceptos fundamentales de la poética teórica de Dante Alighieri”, publicado por la Universidad de Murcia en 1992, en el cual se define la “discretio” por ser un efecto de la razón, al juzgar las cosas con un sentido moral y religioso. Tres características presuponen el que tiene al discretio como atributo de liderazgo:

a)     La capacidad de elegir bien y separar lo superfluo del problema.
b)     Disponer de la suficiente prudencia para no precipitarse, pero tampoco demorarse.
c)     Tener un juicio ponderado y ecuánime, no dejándose llevar por las emociones del momento.

Por supuesto discretio también es “discreción” en el sentido castellano de la palabra, que tal como expone María Moliner, es la cualidad del discreto, aplicado a las personas y, correspondientemente, a sus palabras, conducta, etc., dotado de tacto para hacer o decir lo que es conveniente y no causar molestia o disgusto a otros, y además, al que no divulga lo que interesa mantener reservado.

En el mismo diccionario se consiga que el comportamiento del discreto es el de aquella persona que reúne las condiciones de: acierto, circunspección, medida, mesura, moderación, parquedad, parsimonia, ponderación, prudencia, pulso y reserva.

Por último, el tercer pilar en donde se sustenta el liderazgo benedictino es en el “realismo”, que habría que “trasladar” el realismo evangélico de la religión católica a su homónimo en seguridad, siendo el hecho relativamente fácil.

El concepto de realismo surge en contraposición al “idealismo” filosófico de Platón, el cual fija la existencia de los objetos en el pensamiento. El Director de Seguridad debe ser realista, es decir que debe ver y juzgar las cosas tal como son, sin desfigurarlas con la imaginación o el deseo.

El realismo es un esfuerzo mental de la persona que debe intentar eliminar cualquier subjetividad en su decisión y actuación.

Veos pues que para los benedictinos, al menos para el prior de la abadía de Monserrat, las tres cualidades de un buen líder, en definitiva de un buen Director de Seguridad son: la humanidad, la “discretio” y el realismo, con las cuales debe saber guiar al grupo de hombres y mujeres que se encuentran bajo su tutela por el camino adecuado para alcanzar la meta, materializada en la finalidad del proyecto.

Con sorpresa veremos en las siguientes columnas, las diferencias sustanciales que existe en el perfil de los líderes, de acuerdo con otras concepciones.

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Fuente: Belt Ibérica
Fecha: 31/10/11

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