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Seguridad Corporativa y Protección del Patrimonio.
Dirección y Gestión de la Seguridad Global.

 

 Expertos

Rafael Vidal Delgado

Coronel de Artillería(R)
Diplomado de Estado Mayor
Doctor en Historia por la Universidad de Granada

Diplomado y profesor del Master Ejecutivo en Dirección de Seguridad Global (MEDSEG)
Diplomado y profesor principal del Master Ejecutivo en Dirección de Sistemas de Emergencia (MEDSEM)
Asesor de Planificación Estratégica de Belt Ibérica, S.A.

BELT IBÉRICA S.A.
rvidal@belt.es

El liderazgo del Director de Seguridad, según los jesuitas (II): forja de los líderes


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Hay un párrafo de Chris Lowney, en el libro “El liderazgo al estilo de los jesuitas” (pág. 26), que debiera estar en un recuadro en todos los lugares en donde se gestionan recursos humanos y por supuesto grabarlo cada uno en su memoria:

“El liderazgo no es un oficio ni una función que uno desempeña en el trabajo y luego deja a un lado cuando regresa a su casa a descansar y disfrutar de la vida real. Más bien el liderazgo es la vida real del líder”.

Es curioso que haya personas que gestionan a otras, que cambian drásticamente su personalidad del trabajo a casa o al ocio. En el primero son adustos y distantes, como si temieran perder el “halo del poder”, mientras en su vida privada son extrovertidos, alegres y cercanos.

No se hace uno obedecer a través de la autoridad y mando que le ha proporcionado un nombramiento, porque en dicha situación tiene todas las papeletas para fracasar en su faceta de liderar con éxito a una colectividad que tiene un fin común. Sin embargo, aquel que lo hace con una “autoritas”, no solo por un nombramiento, sino también por el “saber estar”, por el conocimiento de la situación, por la capacidad que le reconocen los demás de sortear las dificultades y gobernar la nave colectiva para alcanzar el objetivo marcado, tiene todas las probabilidades de ser un buen líder.

En el mundo en que nos movemos, el que ejerce un liderazgo debe serlo por sus conocimientos, por sus cualidades morales e intelectuales y por su carácter, de tal manera que no tiene que reafirmar su poder con ningún papel ni nombramiento, porque todos reconocen en él, al líder nato que les corresponde.

Esta capacidad de liderazgo no empieza y termina en los directores de seguridad, sino que también alcanza al vigilante aislado, al policía y al bombero, es decir a todos aquellos que ante una situación de emergencia, deben guiar a un colectivo desorientado, que busca un líder que los saque del atolladero. Por ello el vigilante también debe disponer de altas cualidades morales e intelectuales y grandes dosis de psicología social.

Los jesuitas sustentaron el liderazgo sobre cuatro pilares:

  1. Conocimiento de sí mismo.
  2. Ingenio.
  3. Amor.
  4. Heroísmo. 

Expuesto de esta forma puede parecer un sin sentido, pero si reflexionamos sobre los mismos, radica en que hay que conocerse profundamente para saber cuáles son las posibilidades y capacidades de cada uno. El segundo pilar estriba que aunque tengamos nuestras normas, reglamentos, procedimientos, reglas, etc., las situaciones que se producen no son fijas, sino cambiantes, nunca una situación es igual a otro, es como decía Heráclito: “todo fluye y nada permanece y ningún momento es igual al anterior”, por lo que el ingenio, la innovación, la capacidad de regenerarse mentalmente, es lo que diferencia a un líder de otro que solo reacciona ante lo que le han enseñado.

 

El tercer pilar, aunque cristianamente se denomine “amor” o “caridad”, podríamos traducirlo en ver la realidad con una actitud positiva, transmitiendo a los demás esa forma de verla.

 

Por último el “heroísmo”, alguna vez he escrito sobre lo que he denominado el “heroísmo civil”. El que es un líder, el que debe guiar a una colectividad hacia un objetivo, no puede establecer pautas de ahora sí y después descanso, sino que en los momentos difíciles debe anteponer sus opciones personales a las necesidades de esa colectividad que tiene que atender. Hace años, un jefe de un cuerpo de bomberos de España, me comentaba al poco de tomar posesión de su cargo, que la moral del cuerpo era tan baja, que en caso de un terremoto, los bomberos abandonarían su puesto, atenderían a su familia y después de ponerlas a salvo regresarían a su misión específica. En la actualidad no pensaría de esa forma ese jefe, porque ha sabido transmitir a todos sus colaboradores ese heroísmo civil del que tan necesitado está la sociedad.

 

En la orden Jesuítica no hay líderes individuales, es probable que haya “líder de líderes”, porque en realidad Ignacio de Loyola creó la Orden para que todos lo fueran. Pero ¿Qué hace un líder?

 

A veces se considera que el tiempo juega una baza importante en el liderazgo, porque el líder tiene que demostrar que lo es. No funciona de esta forma el sistema. El líder traza un rumbo, que puede ser instantáneo, como puede ocurrir ante una tragedia, en donde el conocimiento inmediato de la situación y el tomar la decisión acertada para guiar al grupo, demuestra que el tiempo puede consistir en un segundo o meses y años.

 

El vigilante de seguridad, ante un incendio, una emergencia de cualquier índole, hará un rápido estudio del entorno, del riesgo, de los medios que dispone y toma una decisión, con tanta firmeza, con tanto liderazgo que consigue que el colectivo que tiene bajo su protección le siga. Pero si esa misma persona, ante la misma situación se encuentra sorprendido por ella, le oprime y no sabe reaccionar, cuando toma una decisión, la misma será contestada por cualquiera del grupo.

 

Si al mismo tiempo que “traza el rumbo”, consigue que todos se alineen con su presencia y decisión y es capaz de motivar e inspirar confianza, estamos ante un líder.

 

El líder no es el que crea inquietudes y que se le obedece por el miedo al mando, sino todo lo contrario.

 

Muchas más cosas se podrían enumerar sobre el liderazgo, pero quedémonos con una idea fuerza, el “liderazgo no es un acto, es una forma de vivir”, y los profesionales de la seguridad, al igual que los de las fuerzas y cuerpos de seguridad y de las fuerzas armadas, tenemos que pensar y actuar de esta forma, porque en caso contrario mejor nos dedicamos a otro oficio.

 

 

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Fuente: Belt Ibérica
Fecha: 13/12/11

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