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Seguridad Colectiva y Defensa Nacional.

 

 Expertos

Enrique Silvela Díaz-Criado

Teniente Coronel. Artillería DEM.


Pensar o proceder


Artículo cedido por la Revista:


Este artículo quiere abrir un debate entre dos estilos de actuación militar: un enfoque conceptual, pensar, y un enfoque procedimental, proceder. Este sigue procedimientos estándar en todas las situaciones para agilizar el proceso de decisión y unificar criterios. El conceptual se basa en la reflexión sobre cada situación, partiendo de una formación general para tomar la decisión más adecuada al entorno.


La guerra de los capitanes

En su último discurso en la Academia Militar de West Point1 —entre otras muchas cosas, todas ellas de gran interés— el Secretario de Defensa norteamericano Robert Gates denominó el conflicto de Iraq como la «guerra de los capitanes», respaldando un término que ya es coloquialmente empleado en el Ejército de Tierra de Estados Unidos. Gates atribuye esta apelación a una idea en particular: los ofi ciales de los primeros empleos se han encontrado con frecuencia creciente en situaciones en las que el cumplimiento de su deber ha reclamado decisiones de cada vez mayor transcendencia y complejidad. Todo indica que, a corto y medio plazo, esta tendencia se consolidará.

Esta tendencia merece un análisis más detallado. Si los capitanes están tomando decisiones de trascendencia y complejidad creciente, ¿quiere esto decir que antes no era así? Sin restar un ápice de importancia a su papel en combate, es evidente que se ha producido un cambio notable en el entorno operativo.

El cometido de capitanes y oficiales subalternos en operaciones, e incluso el de oficiales superiores en muchos casos, en toda la segunda mitad del siglo XX, ha abrigado un carácter eminentemente procedimental. Los ejércitos más avanzados de la segunda mitad del siglo XX, especialmente con la aplicación de la teoría de sistemas, se habían convertido en poderosas maquinarias de precisión en que cada pieza aportaba la función bien definida —especializada— que le correspondiera con el mayor grado de perfección posible2. Se esperaba de cada oficial que, apoyado en el procedimiento, fuera capaz de aplicarlo en las difíciles situaciones del combate a base de valor, abnegación y liderazgo.

El combate del siglo XXI ha cambiado este escenario, de forma sutil pero lo suficientemente significativa como para que sea conveniente repensar la vigencia de este carácter procedimental. Las situaciones en el nivel táctico que se han planteado a los oficiales en Afganistán e Iraq —al igual que, quizá con menor severidad, en los Balcanes y en otros lugares— han exigido decisiones en un amplio campo de responsabilidades con una trascendencia política y social que no estaba prevista en su formación básica.

Muchas de las decisiones propias de estos escenarios pertenecen al dominio del sentido común más que al del adiestramiento especializado. Por ello, muchos oficiales, al poner en práctica el procedimiento aprendido sin espíritu crítico, se han encontrado con dificultades imprevistas o han provocado reacciones y consecuencias no deseadas. Se podría argumentar que los procedimientos diseñados eran erróneos; una solución sería concebirlos de nuevo. Sin embargo, otros oficiales han sido capaces de improvisar soluciones no previstas a los nuevos problemas, que se han visto coronadas por el éxito. En muchos casos no es posible deducir un patrón procedimental aplicable a los aciertos más allá de la intuición, sensibilidad y sentido común de los mandos intermedios. Por tanto, en lugar de un nuevo procedimiento, un buen camino para el éxito puede ser reforzar esta intuición y sensibilidad con nuevos conocimientos y experiencias que faciliten la aplicación del sentido común, conservando el automatismo solo donde siga siendo imprescindible.

Dos enfoques complementarios

Este camino requiere un cambio en el peso relativo de dos factores que están siempre presentes en la preparación de los oficiales: pensar o proceder; es decir, formación básica general que capacite al individuo para analizar de forma independiente cada situación en función de factores diversos; o bien, un adiestramiento especializado que facilite una reacción automática que se anticipe al ciclo de decisión del adversario potencial. Todo ello en el buen entendimiento de que las actividades de pensar y de proceder no son excluyentes, sino complementarias. La identificación de dos factores está orientada a la proporción en que ambos se emplean en las actividades militares habituales y, por consiguiente, a dos enfoques en la preparación de los oficiales: conceptual o procedimental.

Es utópico considerar que se pueden lograr los dos a la vez con el mismo grado de perfección. Las reacciones automatizadas, que requieren un adiestramiento constante y repetitivo, reducen el tiempo necesario para recopilar, analizar y valorar todos los factores que hay presentes en una situación compleja. De igual forma, por rápido que sea el pensamiento, no es posible aplicar una reacción inmediata si se quiere valorar un número suficiente de factores para tomar una decisión acertada en situaciones no previstas. Es de esperar que, en el entorno operativo contemporáneo, la variedad de posibles situaciones y de los caracteres personales que se van a encontrar implicados impidan la generalización de procedimientos igualmente válidos en todas ellas. Por otra parte, la formación orientada a la actuación en combate ha creado, con el tiempo, un estilo de mando y de actuación militar en todos los órdenes, no solo en el operativo, con el mismo carácter procedimental. Como colofón, por tanto, la distinción entre los dos enfoques no es solo aplicable a las operaciones, sino que resulta de utilidad en todas las actividades militares, tanto administrativas a todos los niveles como en operaciones.

En qué consiste pensar, en qué consiste proceder

El enfoque procedimental, como su propio nombre indica, está orientado al aprendizaje de procedimientos que permiten actuar en cada circunstancia, sin cuestionarlos, aun con cierta flexibilidad, dentro de unos parámetros dados. En la enseñanza se refleja en un aprendizaje basado en la práctica repetida, un solo manual para cada materia, un punto de vista único sobre una realidad compleja que simplifica la acción. Los oficiales aprenden qué ideas, conceptos y definiciones deben aplicar, qué deben pensar. El proceso importa más que el resultado, aun siendo ambos importantes.

En el adiestramiento, el enfoque procedimental se caracteriza por la elaboración y aplicación de una norma operativa para cada ocasión, con el detalle de cada posible situación y excepción. Esto se traslada a la exigencia posterior de una aplicación estricta sin desviarse de la norma, sin tolerancia hacia el error. Ante la falta de resultados mesurables y la necesidad de evaluar tanto el procedimiento como el personal que lo aplica, se acaba midiendo la fidelidad al método, penalizando la iniciativa y la creatividad, que queda en manos de unos pocos elegidos que diseñan la doctrina futura en condiciones casi de laboratorio.

El enfoque conceptual, en cambio, se orienta al aprendizaje de conceptos básicos que formen el pensamiento lógico, enriquecido con variedad de lecturas y experiencias que permitan un conocimiento heurístico de la realidad con la que deberá interactuar un individuo. Los oficiales aprenden cómo deben pensar, cómo utilizar las herramientas que la lógica y la experiencia ponen a su disposición. Las ideas y conceptos se estudian desde varios puntos de vista, sin memorizar, para entender su origen. Las definiciones y herramientas básicas se emplean con espíritu crítico.

En el adiestramiento, se aplica cierta tolerancia hacia el error para estimular la iniciativa y la imaginación. Se evalúan competencias y capacidades, no fidelidad a un procedimiento único. Se valoran tanto el resultado como la audacia y la creatividad, en una decidida apuesta de confianza en que los resultados llegarán con estos estímulos. El éxito en el entorno operativo contemporáneo, tan cambiante, no viene por la aplicación de procedimientos predefinidos sino de la mano del sentido común, la iniciativa, la adaptabilidad y la creatividad. Es un enfoque de pensamiento, que precede a la acción.

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Suplemento Temático: Los nuevos retos del Director de Seguridad

 


Fuente: Revista Ejército nº 846
Fecha: Septiembre 2011

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