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Dirección y Gestión de la Seguridad Global.

 

 Expertos

Rafael Vidal Delgado

Coronel de Artillería(R)
Diplomado de Estado Mayor
Doctor en Historia por la Universidad de Granada

Diplomado y profesor del Master Ejecutivo en Dirección de Seguridad Global (MEDSEG)
Diplomado y profesor principal del Master Ejecutivo en Dirección de Sistemas de Emergencia (MEDSEM)
Asesor de Planificación Estratégica de Belt Ibérica, S.A.

BELT IBÉRICA S.A.
rvidal@belt.es

"Mi ética de funcionario no me permite … Inseguridad en la Administración"


Cuarenta años de servicios castrenses en activo (equiparado a funcionario de la Administración); diez años compaginando los servicios militares con proyectos civiles; y otros diez años involucrado en la actividad privada, es curriculum suficiente para poder hablar con propiedad del tema objeto de la presente columna.

En situaciones de crisis como la que atraviesa España y la Unión Europea, constantemente se reclama, tanto desde los poderes públicos, como de los líderes políticos y organizaciones prestigiosas del mundo empresarial, que los jóvenes se impregnen del espíritu empresarial, y para ello no hay más que entrar en alguna página web, más o menos oficial, y vemos algunos de esos jóvenes emprendedores, mostrando las claves de su éxito, anunciando algunos que han llegado a ser “millonarios” antes de cumplir los treinta años.

 

Sin embargo la realidad es mucho menos placentera que la presentación institucional, porque el espíritu emprendedor se lo está “cargando” la propia Administración.

 

Empresas incipientes, con su bagaje de: altura intelectual y profesional, un local de trabajo, unos ordenadores y muchos proyectos en la cabeza, iniciando su andadura gracias a alguna subvención oficial (unos poco miles de euros que le permite la implantación) y el apoyo económico de su familia, que para empezar no es poco.

 

Tras visualizar el mercado, se presentan a concursos públicos y ofertan a empresas privadas. Si son adjudicatarios de los primeros, su perdición está servida. Comienzan su trabajo y de acuerdo con los pliegos de prescripciones van presentando sus facturas y…, pasan los meses y meses, sin que exista una respuesta.

 

Es más fácil conocer la trazabilidad de una merluza pescada en el Índico y que llega al mercado nacional, que hacer lo mismo con una factura que entra en la Administración. Pero el emprendedor no se desanima y comienza su caminar administrativo: primero accede a donde entregó la factura y comprueba que le dieron trámite un mes después; acude al siguiente paso y observa que entró en una fecha, fue devuelta al destino original porque le faltaba una formalidad y regresa, y tras ello otro mes de espera, hasta que pasa al trámite siguiente; y así sucesivamente. Al final llega al punto donde solamente falta que le den el “páguese”, pero allí se encuentra que hay una norma interior que indica que las facturas deben “esperar” un mes antes de ser pagadas, intervalo que se prolonga por dos o tres meses. Total que después de siete u ocho meses de haber presentado su factura el emprendedor aun no ha cobrado nada y tiene que subsistir todo ese tiempo sin ningún ingreso.

 

¿Quién quiere ser emprendedor con estos “arreos”?

 

Cuando un emprendedor, de buenas maneras, porque a las malas no consigue nada, reclama, el funcionario le enseña una “columna de papeles”, supuestamente facturas, y cuando le indica: “mire es que no puedo subsistir”, le contestan que “su ética de funcionario le impide hacer pasar su factura por delante de las demás”, pero su ética no le ha impedido demorar y demorar sin fundamento de ningún tipo, los trámites administrativos.

 

La Administración Pública Española se ha convertido en la mayor losa que jamás ha tenido una economía. Su eficiencia es nula y su eficacia mínima, porque además ese joven emprendedor que presentó sus facturas hace ocho meses, ha tenido que pagar el IVA (la promesa de abonarlo cuando se cobre aun no he llegado), con lo cual aparte de subsistir, se ha endeudado, no con los bancos, que no le dan crédito, sino con sus familiares.

 

En los últimos días he intentado ayudar a ese joven emprendedor, por supuesto con resultados nulos, primero en una agencia de la Junta de Andalucía y segundo en una Universidad andaluza.

 

Las AA.PP. se saltan a la “torera” el Real Decreto Legislativo 3/2011, de 14 de noviembre, por el que se aprueba el texto refundido de la Ley de Contratos del Sector Público, en donde se expresa con claridad los requisitos exigidos para contratar, entre ellos la existencia de crédito y su retención, y por supuesto la Ley 30/1992, de 26 de noviembre, de Régimen Jurídico de las Administraciones Públicas y del Procedimiento Administrativo Común, que recoge los tiempos de los actos administrativos.

 

A lo largo de mi trayectoria profesional he podido comprobar la honestidad y laboriosidad de la inmensa mayoría de los funcionarios, entonces ¿qué ocurre en España?, ¿de quién es la culpa?

 

La realidad es que si no se da un vuelco a esta forma de operar la Administración. Si el flujo económico no es acorde con la legislación vigente. Si no se piden responsabilidades administrativas a los falten a la normativa. Si no hacemos algo, España ahondará en la inseguridad y la única esperanza de recuperación, a través del espíritu emprendedor, se irá al garete y todo ello a causa de la nula eficiencia de la Administración.

Suplemento Temático: Los nuevos retos del Director de Seguridad

 


Fuente: Belt Ibérica
Fecha: 2012-11-26

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