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Dirección y Gestión de la Seguridad Global.

 

 Expertos

Rafael Vidal Delgado

Coronel de Artillería(R)
Diplomado de Estado Mayor
Doctor en Historia por la Universidad de Granada

Diplomado y profesor del Master Ejecutivo en Dirección de Seguridad Global (MEDSEG)
Diplomado y profesor principal del Master Ejecutivo en Dirección de Sistemas de Emergencia (MEDSEM)
Asesor de Planificación Estratégica de Belt Ibérica, S.A.

BELT IBÉRICA S.A.
rvidal@belt.es

El liderazgo del Director de Seguridad según los jesuitas (III): el Papa Francisco


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En los meses de noviembre y diciembre de 2011 publiqué en este mismo portal de los profesionales de la seguridad, varios artículos en donde transfería las prácticas de liderazgo de diversas órdenes religiosas a las cualidades que debían disponer un director de seguridad o cualquier otro profesional que tenía a su cargo a un colectivo de personas, como podría ser un miembro de las Fuerzas Armadas, un funcionario de una Administración Pública y desde luego un político.

 

Las columnas tuvieran un aceptable éxito, siendo muestra de ello las miles de visitas en el portal www.belt.es, donde se publicaron originalmente y a otras web que las “colgaron”, viendo con satisfacción que en algunos casos habían sido traducidas a otros idiomas.

 

La proclamación del cardenal Jorge Mario Bergoglio a Papa de la Iglesia Católica con el nombre de Francisco ha recordado a algunos internautas aquellas columnas y me han instado a escribir una tercera sobre el hecho que el líder de los católicos, la referencia espiritual de los cristianos y referencia moral para el resto de los mortales, sea por primera vez un jesuita.

 

La presencia del nuevo Papa en la ventana del Palacio Vaticano ha conmocionado a todos. Su vestimenta papal, su silencio inicial, sus primeras palabras, su gesto de cortesía religioso para su antecesor, su petición a los fieles y en definitiva su personalidad, estaba demostrando al orbe que un nuevo líder, un nuevo orden y una nueva forma de ejercer el liderazgo de la Iglesia, se iniciaba.

 

Sus visitas del día siguiente y su forma de actuar, mezclando atención a los medios, espiritualidad y humildad venía a corroborar lo de la noche anterior.

 

Pero esa forma de actuar del Papa Francisco, aparte de tener su propia personalidad, una gran personalidad diría yo, lo está haciendo con el más claro exponente jesuítico, porque Ignacio de Loyola no fundó la Orden de Jesús para orar dentro de un convento, sino para estar fuera de sus muros, para ir por el mundo enseñando la Palabra de Dios. Además esta predicación de la Palabra, más con el ejemplo que con el verbo, no iba acompañada únicamente de piedad, sino de unos conocimientos científicos muy superiores a la generalidad de los hombres del siglo XVI, sorprendiéndonos, aún hoy en día, lo adelantado que en algunas investigaciones, fundamentalmente sociológicas, se encuentran sacerdotes jesuitas.

 

El Papa Francisco es el genuino miembro de la Orden, al menos la percepción general que tenemos de ellos. Venido del mundo de la ciencia y del trabajo y que se establece en la realidad de las gentes para enseñarles y mostrarles el camino.

 

Evidentemente, el laicismo y relativismo moral que quieren algunos implantar en el orbe, no sabemos con qué motivo, han reconocido en el nuevo Papa un nuevo y formidable enemigo, de tal manera que inmediatamente han iniciado una campaña mediática de desprestigio hacia su persona, intentando de forma infructuosa que su liderazgo no sea reconocido.

 

El Papa Francisco viene a combatir, primero para erradicar los males de la Iglesia, luego para enderezar el rumbo de la nave y por ultimo para ser un guía espiritual, no solo para los católicos sino para todas las gentes de buena voluntad. Los primero sobrecogidos son los propios cardenales y los altos prelados de la curia romana, porque han elegido al designado por el Espíritu Santo, sabiendo que con su elección muchas cosas cambiarán en la Iglesia.

 

Juan Pablo II habló de la “esperanza” con sus primera palabras a los fieles con el grito: “no tengáis miedo” de proclamar vuestra fe. Esta proclama era en cierto modo similar a la frase que el nuevo Papa, siendo cardenal, en sus ejercicios espirituales al clero español, les decía: “nadie puede emprender una lucha si de antemano no confía plenamente en el triunfo”. En realidad los dos son mensajes de liderazgo, porque el líder tiene que estar convencido de lo que hace y por supuesto confiado plenamente de que alcanzará el objetivo que se ha marcado.

 

El diario La Razón está editando en diversas entregas, los textos inéditos de los ejercicios espirituales a los que anteriormente se han hecho mención, retengamos una frase de liderazgo, recogida del propio Loyola, y recalcada por el cardenal Bergoglio a sus hermanos obispos al señalar el trabajo apostólico que debían realizar: “quiero, deseo y es mi determinación deliberada”.

 

El estilo del liderazgo jesuita es “conocerse a sí mismo” a través de los ejercicios espirituales, comprender las capacidades de cada uno y a partir de ellas demostrar de forma plena que se puede triunfar y alcanzar los objetivos.

 

A los ejercen o quieren ejercer funciones de liderazgo, tienen mucho que aprender de San Ignacio de Loyola y por ende de este Papa Francisco.

 

El teniente general Cayetano Miró Valls, compañero de promoción de estado mayor, excelente persona y mejor amigo, me ha recordado, cosa que agradezco, que el primer jefe de estudios (primer profesor se denominaba entonces), en el primer centro científico español: el Real Colegio de Artillería (1764), fue el sacerdote jesuita don Antonio Eximeno, a él, junto con al Papa Bergoglio, haremos mención en una próximo columna, incidiendo en el liderazgo militar.

 

Ignacio de Loyola predicó la humildad entre los miembros de la Orden, debiendo sobresalir únicamente para Ad maoirem Dei gloriam. Cuentan que en el cónclave de 2005, el cardenal Jorge Bergoglio disponía de la capacidad de veto para la elección de Benedicto XVI, “retirándose” de la contienda al considerar que el más idóneo a Joseph Aloisius Ratzinger. Siete años más tarde ha considerado para la mayor gloria de Dios, se exige el sacrificio de su persona, es la forma más clara del liderazgo: ejercerlo plenamente cuando es absolutamente necesario.


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Fuente: Rafael Vidal
Fecha: 2013-03-19

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