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Dirección y Gestión de la Seguridad Global.

 

 Expertos

Rafael Vidal Delgado

Coronel de Artillería(R)
Diplomado de Estado Mayor
Doctor en Historia por la Universidad de Granada

Diplomado y profesor del Master Ejecutivo en Dirección de Seguridad Global (MEDSEG)
Diplomado y profesor principal del Master Ejecutivo en Dirección de Sistemas de Emergencia (MEDSEM)
Asesor de Planificación Estratégica de Belt Ibérica, S.A.

BELT IBÉRICA S.A.
rvidal@belt.es

El liderazgo del Director de Seguridad, según los jesuitas (IV): La formación de los líderes


 

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No hay dos sin tres, ni tres sin cuatro y tras la elección de un Papa jesuita, me recordaron que el primer jefe de estudio del Real Colegio de Artillería fue un sacerdote jesuita, el padre don Antonio Eximeno, ilustre matemático, filósofo, pensador y por si no fuera poco afamado músico, protagonista de la Ilustración española y del declive de nuestra nación, falleciendo el 9 de junio de 1808, acelerando, seguramente su muerte, la perfidia francesa en Madrid.

No era inusual, tal como expuse en la primera columna de la presente serie, la existencia de profesores sacerdotes en las primeras academias militares españolas, por lo que no debe extrañarnos que el rey Carlos III, encargara la gestión técnica de los estudios a un jesuita.

Por pertenecer a la 258 promoción de Artillería y teniendo en cuenta que en la actualidad estará egresando de Segovia la 300, no me resisto a exponer de forma breve la importancia del Real Colegio de Artillería en el panorama científico y técnico español.

La artillería era el “arma real”, de posesión exclusiva por los Reyes Católicos, transformando la organización castrense española de un ejército medieval a otro moderno, muy parecido al que en la actualidad se encuentra en la naciones occidentales.

La fabricación de cañones, pólvoras y proyectiles exigía unas técnicas de fundición y de alquimia, aparte de organización, que exigía fueran enseñadas y aprendidas en centros específicos de formación.

La enseñanza humanística medieval y moderna se asentaba en la Universidad, pero el conocimiento científico se encontraba disperso y sin reconocimiento oficial. Los RR.CC., Don Fernando y Doña Isabel propiciaron que la técnica para la guerra fuera impartida y a su vez practicada en centros determinados y por ello crearon una serie de fábricas de artillería, correspondiendo a la ciudad de Málaga una de las primeras, teniendo el alto honor de artillar a las flotas españolas que se enseñorearon del Mediterráneo durante los siglos XVI y XVII. Fue en cierto modo la primera forma de industrializar una zona del territorio nacional. Sobre el tema de la artillería y Málaga, el Real Club Mediterráneo y el Foro para la Paz en el Mediterráneo (del que forma parte Belt Ibérica, S.A.) organizarán una serie de actos en los meses de octubre, noviembre y diciembre del presente año.

Tras sucesivas “escuelas de matemáticas” en donde se impartían los conocimientos necesarios sobre artillería y fortificación, Carlos III fundó en 1764 el Real Colegio de Artillería, asentado en Segovia en su Alcázar. Sin lugar a dudas este centro es el más antiguo de Europa y tal vez del mundo, en su faceta de formación científica. La situación castrense actual parece preconizar la refundición de toda la formación militar en un solo centro de enseñanza, con lo cual, la Academia de Artillería, si desapareciera, dejaría de ser el referente internacional como centro científico.

Para los interesados en la historia de la enseñanza científica en España le aconsejo la consulta del Memorial de Artillería (siglos XIX y XX); al ilustre militar Adolfo Carrasco y Sayz con su “Breve noticia histórica del Colegio de Artillería y estado de la Academia de dicha Arma en España a principios de 1873”; al general Jorge Vigón con su “Historia de la Artillería Española” (1947); la obra de don pedro Antonio Pérez-Ruiz de “Biografía del Colegio-Academia de Artillería de Segovia” (1960) y por supuesto la aportación más modesta de este autor sobre “La fundición de Artillería en Málaga. Una importante industria malagueña entre los siglos XV al XVII”, publicada en la revista nº XVIII, “Péndulo”.

Pero no se pretende glosar el conocimiento impartido desde Segovia, sino la “impronta” que los padres jesuitas supieron dar al Real Colegio, de tal forma que no solamente capacitó a varias generaciones de militares artilleros a ser grandes científicos, sino a ser verdaderos líderes. Ejemplos de ellos, tenemos a los capitanes Daoiz y Velarde, héroes del “Dos de mayo de 1808”; al general Elorza, impulsor de los altos hornos en España; al general Díaz Ordóñez, ingeniero proyectista, caído heroicamente en la guerra de África y otros muchos que supieron, porque lo aprendieron, compaginar perfectamente el saber científico con la capacidad de liderazgo.


Padre Antonio Eximeno S.J.

El padre Eximeno pronunció la lección inaugural del curso de 1764, titulándola “Oración sobre la necesidad de la teoría para desempeñar en la práctica el servicio de S.M.”, verdadero tratado de liderazgo y de formación de líderes. Significativas fueron las palabras finales de su discurso: “Por lo que a mi toca, para desempeñar esta obligación que me impone le religión, la patria, y la que S.M. se ha dignado imponerme de profesor primario de esta real Academia, no perdonaré trabajo ni vigilia alguna; moriré gustoso empuñando la pluma para enseñar a mis discípulos a morir con la espada en la mano.

La primera vez que leí, hace más de cuarenta años, la lección del padre Eximeno, me impactó y muy enormemente el “epitafio” del discurso.

El filósofo jesuita inicia su disertación -tenemos que imaginarla, en el mes de mayo segoviano, en el patio de armas del Alcázar, formada la compañía de cadetes y colmados los soportales de laureados generales y oficiales, curtidos en las mil batallas que dirimieron las tropas españolas en el siglo XVIII-, con un recordatorio del declamador (“sofista”) Formión, cuando delante del general Aníbal, quiso hablar del arte de la guerra. Sin embargo don Antonio se atrevió a hablar, porque su tesis trataba de la incidencia de la teoría en la práctica.

Dentro del ámbito de la seguridad privada, es como si un veterano director de seguridad desdeñara las palabras que un ilustre letrado está señalando como regla de conducta del primero, dando con ello validez a la formación teórica que se convierte en práctica.

Significativas son sus palabras dirigidas a los futuros generales, palabras que pueden transferirse perfectamente a lo que debe ser un líder, no digamos un director de seguridad o director técnico ante emergencias. Leámosla con atención: “Su capacidad debe ser inmensa, su corazón mayor aún que su capacidad; la fortificación y artillería las debe no solo poseer sino dominar; su golpe de ojo debe ser vasto y penetrante; de una ojeada debe comprender las fuerzas del enemigo, y penetrar hasta el espíritu que las mueve; de un golpe debe decidir el plan de ataque o defensa relativo a todas las circunstancias suyas y ajenas, según las cuales en un lance debe ser un sagaz Aníbal, en otro un circunspecto Julio (se refiere a Julio César), en otro un intrépido Federico (se refiere a Federico de Prusia, “el Grande”), en otro un detenido Daun (se refiere al conde Leopoldo José von Daun que fue un general austríaco, organizador de su ejército y el único que derrotó a Federico el Grande). Su corazón no debe entregarse a ningún afecto, y los debe sentir todos, compasivo con la miseria de la tropa, severo en su disciplina, indulgente con el vencido, firme con el obstinado, con un ojo debe mirar sereno los montones de cadáveres, con otro debe mirar con ternura correr la sangre de su nación, y con entrambos tranquilo la crisis de la acción, en que le va no menos que la fortuna de su patria y la gloria inmortal de su nombre. Yo no acierto, vuelvo a decir, a desenvolver esta gran idea; solo aprendo en confuso que un General debe ser un gran matemático, un grande histórico, un gran político, una gran filósofo, un héroe”.

 

Los militares lo tienen fácil al leer y se identifican plenamente con el párrafo, en lo concerniente al liderazgo, pero igual sentido tiene para todos aquellos que quieran y necesiten serlo. Las reglas a asumir, serían: alta moralidad y espíritu de sacrificio; conocimientos técnicos para la misión a cumplir; sagacidad y golpe de vista para darse cuenta de la verdadera situación; actuar en consonancia con los hechos acaecidos, en el espacio y con los medios disponibles; firmeza cuando toma su decisión; severo en el mando pero no despótico; tranquilo ante el peligro y transmitiendo la tranquilidad de que domina la situación y la puede superar; y sin “achicarse” ante la tragedia, porque su misión radica en salvar a los que aún no son parte del montón de cadáveres.

Trescientas promociones de oficiales, egresados de la Academia de Segovia, han bebido de las enseñanzas del padre Eximeno. Tal vez sus palabras parezcan caducas, pero sus expresiones y lo que es más importante, los conceptos que propaga, son imperecederos y merecedores de ser conocido por todos los que tiene que ser ejercer tareas de liderazgo.

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Fuente: Rafael Vidal
Fecha: 2013-03-22

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