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Seguridad Colectiva y Defensa Nacional.
Dirección y Gestión de la Seguridad Global.

 

 Expertos

Rafael Vidal Delgado

Coronel de Artillería(R)
Diplomado de Estado Mayor
Doctor en Historia por la Universidad de Granada

Diplomado y profesor del Master Ejecutivo en Dirección de Seguridad Global (MEDSEG)
Diplomado y profesor principal del Master Ejecutivo en Dirección de Sistemas de Emergencia (MEDSEM)
Asesor de Planificación Estratégica de Belt Ibérica, S.A.

BELT IBÉRICA S.A.
rvidal@belt.es

España sin líderes


Cuando una nación, como es el caso de España, entra en crisis, hacen faltan líderes para sacarla adelante. Si no emergen los “líderes buenos”, saldrán a relucir los malos y nos aparecerán, los “Hitler”, los “Mussolini” o los “Giuseppe Piero Grillo, alias Beppe Grillo”, sin querer con ello asemejar el tercero a los otros dos, pues los primeros fueron “malignos” y el tercero “inútil”.

Pero aunque parezca contradictorio con la introducción no se hablará del liderazgo político, que de por sí y desgraciadamente es malo, pero ¡ojo!, en el panorama ideológico español hay que decir, que todos lo son, porque ninguno genera la confianza suficiente para tranquilizar a los españoles de que dominan la situación social, política y económica, y que el trance por el que pasamos será solo pasajero, y con plazo de finalización. En la actualidad no pueden existir líderes fiables, porque su único objetivo es ganar las elecciones para seguir “alimentando” a sus correligionarios del partido.

Vamos a hablar de los otros líderes, los que con su buen hacer, con su capacidad de conducción de individuos, con su estilo de mando, organización y motivación, hacen productivas a las empresas españolas. Se dice en muchas ocasiones que no se rinde más porque se cobra poco dinero, siendo esa afirmación una falacia, solo aceptable para los que están desmotivados. Si nos adentramos en el mundo castrense, del que procedo, nos podemos encontrar con dos unidades militares, de la misma estructura orgánica, los mismos medios materiales, la misma doctrina y los mismos procedimientos y sin embargo una tiene más capacidad de combate que otra.

No es solamente este acervo del mundo militar, sino que podría aplicarse a otros colectivos jerarquizados e igualmente “con reducido sueldo”. No hay más que hablar con jefes de distintos cuerpos de bomberos y nos dirán las brigadas que son más capaces que otras, teniendo ambas los mismos medios materiales y los mismos efectivos, esto es debido al “mando” que tiene cada una, es decir su “líder”.

En los últimos meses me he entrevistado con numerosos profesionales, elegidos cuidadosamente por su comportamiento en los estudios universitarios y por su trayectoria en el trabajo, pues bien en la inmensa mayoría de los casos y desde hace alrededor de un año, se encuentran desmotivados: ¿Por el miedo a perder el trabajo?, ni mucho menos, sino por la actitud de su jefe ante la crisis.

Para observar que la muestra empleada, a pesar de que no reúna las características sociológicas debida, no soy sociólogo, tiene una determinada fiabilidad: he entablado conversación con empleados públicos, de los grupos “A”, “B”, “C” y “D”, en distintos sectores de las Administraciones Pública; con empresas que trabajan para la Administración Pública; con empresas de servicios y con empresas de mantenimiento y fabricación, y curiosamente en todos los casos me he encontrado con resultados casi idénticos.

El liderazgo falla en los altos niveles, exigiéndose alcanzar unos objetivos, que no vamos a decir inalcanzables, porque no lo serán, sino porque se dan a unos jefes subordinados, con los que se tiene relación directa y su vez ellos con las líneas de producción, de una forma sintética, sin añadirles algunas recomendaciones que hagan a esos mandos asumir sus nuevos roles, ayudándolos a conseguir que sus subordinados alcancen las metas productivas necesarias para poder cumplir con los objetivos fijados.

De forma casi unánime, todos los entrevistados me han asegurado que sus jefes han modificado drásticamente, en los dos últimos años su forma de ser. Hace muchos años, en la revista “Ejército” en un documento que sobre la interacción entre industria y ejército, al tratar sobre el mando, indicaba, que el “jefe nunca debe ser portador de miedos e inquietudes”, y ahora resulta que, con la crisis, hemos inoculado a todos los “mandos” ese virus malvado. El jefe cuando llega al despacho su afán es gritar, clamar por la pereza de sus empleados, quejarse de sus faltas y del poco tiempo que dedican a su trabajo, y un sinfín de cuestiones, que origina que el empleado y trabajador llegue a tener “pavor” a su jefe y que desea para trabajar a gusto que esté de viaje o tenga alguna gestión que hacer en el exterior.

El jefe que tenemos toma decisiones y la última es la más urgente para él, exigiendo a uno o más subordinados que se pongan directamente sobre ese trabajo. Cuando lo terminan y lo entregan, se acuerda el jefe que les asignó un trabajo hace horas y entonces les bronquea por no tenerlo terminado.

El jefe se ha convertido en un “maleducado”, gritando y despreciando a todos sus subordinados, pudiendo comprobar que ingenieros “bragados en el trabajo de muchos años”, hayan llorado en la soledad de su despacho ante los improperios de su jefe, efectuados ante la pasmosa mirada de otros compañeros. He tenido conocimientos de casos que, posteriormente al escándalo, el jefe se ha dado cuenta de su error y ha ido al despacho del “abroncado” para indicarle, simplemente que se había equivocado, aunque exigiéndole el silencio por postura. Al día siguiente vuelve la “bronca”.




El "odio" del empleado hacia su jefe, se transforma en
violencia agresiva en sus sueños


España no tiene líderes y desgraciadamente es así. Mientras los altos directivos de las AA.PP. y de las grandes corporaciones, no asuman su liderazgo y obliguen a sus subordinados directos que lo hagan también y, en caso contrario, se debe prescindir de sus servicios, no saldremos de la situación agónica en que nos encontramos.

El buen líder, no es el directivo benévolo y sin carácter, ese es el clásico “poyaboba”. El buen líder es aquel que crea confianza, puede que sea duro en el trabajo, eso es lo de menos, lo que todos tienen que saber es que domina perfectamente la situación y que cuando se produce un problema es la “última ratio” para solucionarlo. Es aquel que exige, porque también se exige a sí mismo, pero si se produce un error en su área de responsabilidad, no se escuda en el mal hacer de un subordinado, sino que éstos saben que su jefe, con lo duro que es, les protege, asume la equivocación y asegura a su superior que se han tomado las medidas pertinentes para que no vuelva a ocurrir.

El jefe debe “motivar”, no con dinero, que todos saben que hay poco, sino con una palabra de aliento, con un reconocimiento expreso por un trabajo bien hecho, por la evitación de crispación en la oficina o taller, por conocer por el nombre y apellidos a todos sus subordinados directos, por conocer sus problemas y preguntarles de cuando en cuando por ello, por solicitar la opinión de sus subordinados cuando se presenta un problema, aunque la decisión sea en último caso suya, por reprender a quién deba hacerlo, pero sin humillación ante los demás, por ser capaz de marcar unos objetivos y que todo el colectivo los asuma y considere suyos, etc., etc. etc. Muchas más cosas se podría decir de estos líderes. El problema es que nos los tenemos y los que teníamos la Administración y las corporaciones los han eliminado con una serie de demandas absurdas.

Las grandes empresas se proyectan hacia el exterior y eso les salva, pero la pequeña y mediana empresa, a no ser que se vuelque el concepto que tienen de liderazgo, en uno o dos años decrecerá su productividad, generándose más paro y más frustración.

Nos quedan los jóvenes emprendedores, los autónomos y “microempresas” surgidas al calor de la crisis y que pretenden establecerse en “nichos” de mercado. Ellos tienen que ser sus propios líderes, no importa que su empresa tenga un solo empleado: él. Ellos se tienen que marcar sus objetivos, motivarse y alcanzarlos adecuadamente, y cuando la marcha del negocio vaya en aumento, que es seguro, puedan contratar a un ayudante, a los que deben de imbuir de ese mismo espíritu de liderazgo, subordinado al suyo. Hay un estudio de la Unión Europea que dice que si todos los autónomos pudieran contratar a un empleado, se eliminaría el paro.

España necesita líderes, actualmente los que “mandan” no reúnen los requisitos necesarios, pero los que verdaderamente pueden salvar a la nación, los jóvenes emprendedores, las medidas macroeconómicas fijadas por la Administración, han convertido a esos miles de entusiastas en la llamada “generación perdida”.

Es probable que muchos de los que hoy día son “jefes”, al leer estas líneas, no se sientan identificados. La autocomplacencia es otro de sus grandes defectos. Espero que nos demos cuenta del error que estamos cometiendo.

 

 

Especial: Campeones del mundo

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Fuente: Rafael Vidal Delgado
Fecha: 2013-05-11

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