Ver Suplemento Temático...


Dirección y Gestión de la Seguridad Global.

 

 Expertos

Rafael Vidal Delgado

Coronel de Artillería(R)
Diplomado de Estado Mayor
Doctor en Historia por la Universidad de Granada

Diplomado y profesor del Master Ejecutivo en Dirección de Seguridad Global (MEDSEG)
Diplomado y profesor principal del Master Ejecutivo en Dirección de Sistemas de Emergencia (MEDSEM)
Asesor de Planificación Estratégica de Belt Ibérica, S.A.

BELT IBÉRICA S.A.
rvidal@belt.es

El arte de mandar y obedecer: Seguridad de España





Ha llegado a mis manos el texto del discurso de fin de curso del general director de la Academia de Artillería, Alfredo Sanz y Calabria. El remitente me dice en “asunto” la palabra “discurso”, en realidad los militares, cuando estamos en una formación y tenemos que hablar a las tropas, lo llamamos “alocución” y si es al finalizar un curso, “lección de fin de curso”.

De forma original, el general director, lanza sobre los futuros oficiales y suboficiales, una idea fuerza, “que se pregunten porqué están en ese momento recibiendo sus despachos que les acreditan para liderar hombres y mujeres dentro del ámbito de las Fuerzas Armadas”, deja la respuesta a la reflexión de cada uno, pero recomienda, que si su respuesta no es servir a la Patria y a sus ciudadanos, si su pretensión es disponer de una profesión que le vaya a asegurar su vida y no una vocación permanente, lo mejor es que abandonen el Ejército y con el bagaje intelectual obtenido en las academias militares se busquen otra profesión, que a buen seguro encontrarán.

El general Sanz Calabria, alienta a sus hasta ahora subordinados alumnos a “divertirse” con lo que hacen. Tal vez emplea ese verbo en reflexivo, en un afán de hacerlo más comprensivo para las mentes escuchantes de la formación en el final de junio segoviano, cuando lo que ha transmitido es que a lo largo de toda la vida militar y en cualquier circunstancia, miren al futuro con alegría y esperanza. No hay nada peor para la moral de los subordinados que ver a su “mando” taciturno y preocupado, eso les augura una incertidumbre y que su teniente o sargento no “domina” la situación, pudiendo recaer un daño en su tropa.

La “lealtad”, la gran virtud cardinal de la milicia, ha sido mencionada por el general director. En un no muy lejano artículo, escribí que la lealtad es como la sangre que corre por las venas de un soldado, de tal manera que el desleal no merece llevar ese timbre de gloria, no solamente en nuestro Ejército, sino en ningún otro.

Los jóvenes oficiales y suboficiales se enfrentarán dentro de pocos días a “saber mandar”, que da título al presente artículo. Mandar no es ser un déspota y ordenar que los subordinados hagan lo que tienen que hacer “porque lo digo yo”. A veces en la tergiversación de la palabra, ante un hecho de este tipo, se suele definir a la persona que lo hace “como muy militar”, y aunque sea grosera la expresión, en oficial o suboficiales no lo es, sino que es un “hijo puta”.

Nuestras sucesivas reales ordenanzas y los numerosos tratados que se han escrito y que deben ser biblioteca de consulta de los jóvenes que egresan de las academias militares, tratan profusamente el mando. Tras más de cuarenta años en el servicio, por motivos de edad ya caducos, mandar es conseguir que todos los subordinados hagan suyas, desde el primer momento, las consignas incluidas en la orden, primero por ser comprendidas por todos y segundo por la “autoritas” moral del que las emite. El coronel Jorge Vigón, en aquel inolvidable libro “Estampa de capitanes”, que sirve para todos los empleos del ejército, en su introducción y como idea fuerza, define el mandar como “preparar el alma de las tropa (podríamos sustituirlo por subordinados), y dar, luego, las órdenes en forma tal que se obtenga una ejecución tan pronta, tan inteligente y tan completa como sea posible”.

El teniente y el sargento deben ser “líderes”. Mucho se podría decir sobre ello y sobre los distintos tipos de liderazgo, pero parece conveniente, que los jóvenes egresados, aparte de lo que expresan las ordenanzas, tengan en cuenta lo recogido por la Revista Ejército, en su número 829 del año 2010.

Enhorabuena, jóvenes teniente y sargentos por vuestras nuevas responsabilidades. Os aseguro que no son ni serán fáciles, porque como ha dicho vuestro general, en ocasiones el mandar implica un enorme riesgo, no solamente para el que manda sino también para el que debe obedecer, implica el sacrificio de lo más sagrado, pasar de la vida a la muerte.

Espero que la última lección de vuestra general, sea un bagaje moral que os puede servir en los primeros tiempos de vuestra misión.


Dr. Rafael Vidal
14 de julio de 2013

 


El general director de la Academia de Artillería de Segovia,
Alfredo Sanz y Calabria/ R.Blanco


Excelentísimas e Ilustrísimas Autoridades, señoras  señores, Artilleros:

Hace 32 años me encontraba en formación donde hoy se sitúa la quinta Batería. Hacía un calor similar al de hoy y me abrumaban múltiples sensaciones.

Por una parte la alegría de finalizar mis estudios y la expectación propia de un nuevo destino; por otra, el profundo dolor por el fallecimiento reciente, en acto de servicio, de dos compañeros muy queridos, que también deberían haber recibido sus estrellas de teniente ese mismo verano.

Pero entre medias de aquellos sentimientos encontrados se abría paso una pregunta: ¿Cómo he llegado yo aquí?

No, la pregunta no hacía referencia a lo obvio: para finalizar la carrera tuve que hacer acopio –como todos los que han estudiado en esta casa, antes, entonces y ahora- de dedicación y esfuerzo; sino a algo más íntimo, mucho más profundo.

¿Cómo he llegado yo aquí?

Es cierto que procedo de una familia de militares, pero ni mi padre ni mis abuelos me impulsaron de manera explícita a abrazar la carrera de las armas, más bien todo lo contrario; y, sin embargo, un día del año 1976 –también hacía mucho calor- me presentaba en el Acuartelamiento de los Leones zaragozano a hacer las pruebas de ingreso.

¿Vocación?

No sé bien lo que es eso.  Cuando pienso sobre ello y me pregunto porqué he dedicado mi vida a la defensa de España me vienen a la mente múltiples razones.

Algunas son de carácter idealista: supongo que estar dispuesto a dar tu vida por valores como la libertad, la justicia o la paz pueden ser una justificación.

Otras son de carácter material: a fin de cuentas el oficio de militar tiene sus riesgos, pero no deja de ser un trabajo seguro en los tiempos que corren, aun cuando el salario no siempre es equivalente al esfuerzo que se nos exige, si lo comparamos con otros ámbitos.

Finalmente, hay razones que no lo son: simplemente se es militar porque un día se inició este camino y la costumbre te mantiene en el mismo, sin necesidad de planteamientos más profundos.

Sin embargo, y siguiendo a Pascal cuando decía “el corazón tiene razones que la razón no entiende”, creo que lo que aquí importa no es lo que diga la cabeza, sino lo que sale de lo más profundo de cada uno de nosotros.

¿Qué hago yo aquí?

Mis tenientes, mis sargentos: espero que todos ustedes se hayan hecho esta pregunta alguna vez en su vida; y si así no ha sido, nunca es tarde para empezar. A lo largo del tiempo que han pasado en esta Academia hemos procurado fomentar en ustedes el espíritu crítico y la búsqueda del rigor intelectual. Si quieren ser buenos jefes comiencen por ser críticos y rigurosos con ustedes mismos.

No sé…, supongo que cada uno encontrará una respuesta diferente y, con toda seguridad, si se hacen esa misma pregunta más de una vez en su vida, todas las respuestas serán distintas pero, muy posiblemente, tendrán todas un nexo común, algo que las unifica y las iguala, algo que les proporciona sentido; y ese algo es el amor.

Amor al oficio; amor a las tropas; amor, por encima de todo, a España.

Sí, puede haber quien se sorprenda al escuchar la palabra España en un discurso oficial, pero es que nosotros, los militares, si perdemos el referente de la comunidad a la que servimos y cuyos valores defendemos, nos convertimos en mercenarios.

España, siempre tan cuestionada.  No les preocupe.  España no es lo que dicen los medios de comunicación; ni los políticos, tampoco lo que dicen las encuestas.  España es lo que cada uno de los españoles llevamos en el corazón.  Una vez más, España no se puede entender desde la razón –por  más que ha habido quien lo ha intentado-, sino desde el conocimiento profundo de sus gentes, de su realidad social, de sus intereses, sus virtudes y sus defectos.

Conozcan España, porque no se puede amar lo que no se conoce.  Sufran con ella y alégrense con ella, porque de ese roce nacerá la pasión suficiente para llenar sus vidas; y les aseguro que, en los años que tienen por delante, tendrán crisis y habrán de preguntarse más de una vez ¿qué hago yo aquí? O ¿cómo he llegado hasta aquí?

Cuando eso ocurra, miren en su corazón, y si allí no encuentran amor, váyanse, cuelguen el uniforme y dedíquense a otra cosa, porque los sacrificios y penalidades, y el rigor de la vida castrense sólo pueden abordarse desde el amor.

Apasiónense con su profesión.  Pocas hay tan bellas como la de ser militar.  El trato continuo con la gente, el arte del bien mandar y del mejor obedecer, la lealtad por encima de todo, la disposición permanente a entregar la vida por los demás… hacen de nuestro trabajo una experiencia única; de manera que disfruten y diviértanse.

Como diría San Agustín, trabajen cada día como si lo que hacen fuera a durar para siempre, pero disfruten cada día como si fuera el último de su vida.  O, si quieren una versión un poco más moderna, recuerden al maestro Yoda diciéndole a Luke Skywalker: hazlo o no lo hagas, pero no lo intentes.

Y sean agradecidos.

Agradezcan a sus compañeros el valor de su amistad.  Tengan en cuenta que la vida  es muy larga y tiene muchos recovecos.  En los próximos años tendrán momentos espléndidos, pero también algunos muy duros.  Prepárense para cuando eso suceda manteniendo la red que han tejido en estos años de Academia y háganla crecer.  Su promoción será vital en su futuro.  Recuerden que nuestro oficio, al final, supone matar o morir; o lo que es peor: mandar a alguien a matar o morir.  Y, en líneas generales, no se mata o se muere por las grandes ideas.  Se mata o se muere por cosas mucho más cercanas y que se resumen en eso que llamamos cohesión.

Sean agradecidos.  Agradezcan a sus profesores sus esfuerzos y desvelos; atrévanse a llamarles “maestros” cuando así los consideren.  En el fondo, son ustedes unos afortunados, porque tienen un magnífico cuadro de profesores.  En la reciente evaluación externa, la Academia en su conjunto ha obtenido un resultado “destacable” en todas las áreas; y camina con paso firme hacia su certificación de calidad ¿creen que eso hubiera sido posible sin el compromiso y la dedicación de sus profesores? 

Pero no sólo de ellos: todos los miembros de esta Academia han estado a su servicio: investigando, generando doctrina, sirviendo los simuladores, atendiendo sus necesidades más básicas: dormir, comer, etc. Y las más elevadas: ahí están los museos y la biblioteca.  O su formación moral, que no se puede entender sin el concurso decidido de la Secretaría del Arma.

Agradezcan a sus subordinados la oportunidad que les dan para que les guíen, porque cuando se es un buen jefe se aprende más de los subordinados que de los superiores, así que escúchenles.  

Pero, sobre todo, aprendan a decir gracias.

Den las gracias a esta ciudad de Segovia, que hoy les hace hijos de ella.  Tal vez ustedes no se den cuenta todavía, pero llevan en su sangre una semilla que les hará volver de cuando en cuando por esta Academia y esta ciudad, a veces tan fría y, sin embargo, tan profundamente querida por todos los hijos del Real Colegio.

Porque eso es lo que son todos ustedes: los hijos del Real Colegio, los herederos de 250 años de historia, los dueños de un presente fascinante y los artífices de un futuro que queda en sus manos.

Esa es su responsabilidad, y están sobradamente preparados para ella.  Sólo falta que la aborden desde el amor y la ilusión, y que corran los riesgos que se esperan de su edad.

Háganlo y diviértanse al hacerlo.  Y, de vez en cuando, pregúntense

¿Cómo he llegado hasta aquí?

Gracias a todos por su atención.

Suplemento Temático: Los nuevos retos del Director de Seguridad

 


Fuente: Rafael Vidal Delgado
Fecha: 2013-07-14

   Mas artículos de Rafael Vidal Delgado       Otros Expertos   

Este experto ha sido visto por 2293 personas.