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Seguridad Colectiva y Defensa Nacional.

 

 Expertos

Rafael Vidal Delgado

Coronel de Artillería(R)
Diplomado de Estado Mayor
Doctor en Historia por la Universidad de Granada

Diplomado y profesor del Master Ejecutivo en Dirección de Seguridad Global (MEDSEG)
Diplomado y profesor principal del Master Ejecutivo en Dirección de Sistemas de Emergencia (MEDSEM)
Asesor de Planificación Estratégica de Belt Ibérica, S.A.

BELT IBÉRICA S.A.
rvidal@belt.es

Un juego peligroso


Años 1938 y 2013, sesenta y cinco años de intervalo entre las dos fechas. 1918 y 1991, veinte y veintidós años separan las finalizaciones del 1ª Guerra Mundial y la 3ª Mundial o Guerra Fría.

En 1918 Alemania, potencia hegemónica en Centroeuropa, quedó cercenada por la fuerza de las armas. En 1991, la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) redujo su territorio en millones de kilómetros cuadrados al ser derrotada en el campo de las nuevas tecnologías, de la economía y de la política. Fue una forma de derrota, aunque no lo fuera estrictamente por la fuerza militar.

El general francés Aylleret, fallecido en 1968 en un accidente de aviación, escribió “El arte de la guerra y la técnica”, traducido al español por coronel Juan Priego López y publicado por ediciones Ejército en 1954. Este libro, apenas un folleto, se puede encontrar en los libros de segunda mano por menos de 9 €, pero en él se encierra gran parte de la estrategia que provocó la derrota del Pacto de Varsovia en 1991.

Recoge conceptos como la “maniobra de la investigación y de los estudios”, diferenciándola de la maniobra estratégica de concepción clásica y de la maniobra industrial de la producción de guerra, preludio de la que sería la “Iniciativa de Defensa Estratégica” o más conocida como la “guerra de las galaxias”, que ocasionó la derrota de la URSS y sus satélites por la imposibilidad de seguir el ritmo de los adelantos técnicos.

Contemplar el mundo de 1918 y el de 1945, presenta similitudes con el mapa resultante de finales de la década de los noventa, multiplicándose en cada una de esas fechas el número de estados independientes hasta convertir el planeta en un espacio de muy difícil control.

A partir de 1991 los estados independientes se multiplican y siguen haciéndolo a impulsos de un nacionalismo exacerbado que parece no tener fin. Europa se rompe en mil pedazos, pero también se producen hechos similares, aunque con menor intensidad, en otros continentes. Parece absurda la postura de la Unión Europea ante este problema que afecta a algunos países miembros, pero la explicación de esa pusilanimidad podría ser que si queda en Europa un solo país “grande”, los demás se convertirán en sus “vasallos”.

La derrota germana de 1918 (II Reich) dejó tocada el alma de la población, no necesitando más que un supuesto mesías: Hitler, para exaltar la pasión por la raza aria y la necesidad de que la misma fuera la hegemónica en el mundo, al menos en Europa. El dictador inició, a pesar de que era con una concepción republicana el llamado III Reich, o tercer imperio, siendo el primero históricamente el Imperio Romano Germánico de Otón I, hace más de mil años.

Con una propaganda sibilina fue creando en los países limítrofes, que habían pertenecido a los imperios alemán o austriaco, un sentimiento de “regreso” a la patria germánica, al tronco común de todos los arios y de esta forma mediante un referéndum absorbió Austria y a base de movimientos desestabilizadores, de “quintascolumnas” y de unidades “invisibles” del ejército alemán se fue anexionando a los sudetes y un sinfín de territorios en donde la población aria era supuestamente mayoría.

Las democracias occidentales hartas de la guerra del 1914, querían alejar de sus mentes cualquier tipo de confrontación armada y buscaban en la negociación política la forma de frenar las apetencias de Hitler.

En 1991 el sentimiento imperial ruso, el sentimiento que la raza sometió al mayor imperio homogéneo que ha conocido la historia, abarcando desde el Pacífico hasta el Báltico, se vio de pronto disminuido, perdiendo todas las repúblicas islámicas (las llamadas “tanes”), las caucásicas, las bálticas y colindantes con el oeste y con los países del “Telón de acero”. Setenta años de convivencia, con una etnia hegemónica: la rusa y con grandes desplazamientos poblacionales provocados por las purgas soviéticas, hicieron que ciudadanos rusos se expandieran por todas las repúblicas federadas, no existiendo ninguna que no tuviera en su interior una minoría significativa.

En las dos figuras que se muestran a continuación, pueden verse los años de “convivencia” con Rusia y el tanto por ciento de población rusa en cada uno de los países conquistados en los siglos XIX y XX.

La península de Crimea guarda gran similitud con la Austria de 1938, cuyas poblaciones eran totalmente rusas y alemanas y con una simple votación y un amago militar, pasaron a formar parte de Alemania y Rusia, con la protesta insignificante de las potencias occidentales. Las explicaciones de que Crimea fue “cedida” despóticamente y contra natura a Ucrania por Nikita Jrushchov, no deja de ser una excusa pueril, porque de igual manera habría que reivindicar los territorios que a lo largo de la historia han pertenecido a un estado y que por circunstancias diversas han pasado a la soberanía de otro, como por ejemplo “Prusia Oriental”.

Putin sigue ahora la segunda fase de la estrategia de la “alcachofa” o del “salami” de Hitler, apoyando a las minorías que quieren regresar a la “madre patria”, orquestando una estupenda campaña de marketing, mediante las ideas fuerzas de que Donets y otros territorios no merecen que se produzca un enfrentamiento con la Alianza Atlántica.

Cuando Ucrania quede mutilada y pierda sus territorios orientales, el jerarca ruso, posará sus ojos sobre Bielorrusia, en realidad también rusos y posteriormente sobre los territorios de minorías en las repúblicas bálticas y así sucesivamente, sobre la base de presión militar y chantaje de gas, petróleo y mercados de productos alimenticios, irá poco a poco restituyendo el imperio ruso, aunque también tenga forma de república.

Además Putin, en esta confrontación con Occidente tiene dos aliados, el primero la república China, que reclama “seguridad energética” para abastecer su pujante desarrollo, teniendo en Rusia un proveedor extraordinario, sin necesidad de surcar los procelosos mar Rojo, golfo de Adén, océano Índico y mar de China, “infestados de piratas” (sic), que exigen, aparte del pago por la energía una cuota adicional para su protección marítima. Sin embargo la unión entre las dos potencias es continental y los oleoductos y gaseoductos pueden paliar esa dependencia china. Por contrapartida proporciona sus excedentes alimentarios y material de equipo diverso. Es decir entre los dos colosos conforman un mercado de más de mil quinientos millones de personas capaces de ser autárquicos, incluso en la más alta tecnología.

Otro de los aliados estratégicos rusos son los islamistas, aunque más que aliados, se podría decir que “les dejan hacer contra occidente”, siempre que no ataña dentro de sus fronteras. Las repúblicas islámicas, tanto las que forman parte de la Federación Rusa, como las que conformaron la Comunidad de Estados Independientes, han sufrido o pasado muchos cientos de años bajo la hégira, primero zarista y luego soviética, por lo que están acostumbrados a convivir con la etnia rusa, a pesar de que han existido momentos de tensión y guerra como el reciente conflicto de Chechenia.

Sin embargo Occidente ha sufrido los zarpazos del terrorismo islámico, pero su comportamiento con respecto a ellos ha sido el que “esperaba la ciudadanía democrática”, comprensible y benigno, que si para el occidental era justo, para el islamista era signo de debilidad extrema, de tal manera que el terrorismo de esta naturaleza es más proclive a actuar en las naciones occidentales que en Rusia o China, en donde las represalias por tales hechos llegan a vulnerar los supuestos derechos humanos que defienden los occidentales.

La verdad es que nos encontramos en un callejón sin salida. Las democracias occidentales están mediatizadas por sus elecciones, de tal manera que en los meses previos a las mismas, incluso en dicho año, la debilidad política del estado que se encuentra en fase preelectoral o electoral es extrema. El caso norteamericano es paradigmático en este sentido. El presidente Obama se muestra reacio a aplicar terapias firmes y consistentes, porque teme las repercusiones que en las urnas tendrán las mismas para el candidato demócrata que intente sustituirlo.

Igual ocurre en otros países europeos o de democracias consolidadas.

Sin embargo en los antiguos países comunistas la situación es totalmente contraria: contra más firmeza se presente, mayor cantidad de votos se obtendrán en las elecciones. Es decir el reelegido presidente Putin (de presidente a primer ministro y luego de nuevo a presidente), es apreciado por sus compatriotas, gracias a su firmeza y a la defensa a ultranza que hace de la Madre Rusia y de sus tradiciones, totalmente lo contrario a lo que ocurre en Occidente.

Existe otra similitud entre los acontecimientos en la década de los treinta del siglo pasado, en la llamada década de los dictadores, y en el inicio del siglo XXI, siendo la política de no injerencia: Hitler declaraba la no injerencia en otras naciones soberanas, a no ser que fuera para salvaguardar la vida e integridad de ciudadanos alemanes. Putin actúa de forma muy parecida, declara la no injerencia, pero ayuda a los rusos que viven en otros territorios. En el momento en que se escribe esta columna, se ha difundido la aprobación de una “tregua permanente” en el conflicto del este de Ucrania, pero un portavoz del gobierno ruso, ha declarado que no puede confirmar tal tregua al no ser parte integrante del conflicto, según el principio de no injerencia.

CONCLUSIONES

La historia no es una mera narración de acontecimientos pasados, aunque se analicen sus causas y sus efectos, no queda con ello justificada su base científica. La historia tiene un componente pedagógico que los historiadores tienen la obligación de potenciar, de esta forma no solo se conocen los acontecimientos pasados y sus efectos, sino que debe efectuarse una análisis prospectivos, con objeto de ante situaciones actuales, similares a las pasadas, se deben extraer los aciertos y errores, aplicando los primeros y buscando nuevas fórmulas para que los efectos indeseados no se produzcan.

En la historia política no suele emplearse este análisis de inteligencia, reconstruyendo el pasado y creando un escenario futurido prospectivo, tal vez porque los políticos no creen en la historia, sino que se mueven en intervalos de tiempo muy cortos, marcado por las legislaturas y las elecciones.

En la historia militar o mejor de las “operaciones militares”, como me gusta denominarla, el proceso es totalmente contrario, siguiéndose fielmente el método científico “Crítica”, definido por el tratadista prusiano, general Carl Philipp Gottlieb von Clausewitz.

Arnold J. Toynbee, en su voluminosa obra “Estudio de la Historia”, del que gracias a Dios se editó un resumen en varios tomos, relaciona las civilizaciones que han poblado la tierra, las que desaparecieron, las que tuvieron descendencias y las actuales, figurando entre ellas la “Cristiana Occidental” y la “Cristiana Ortodoxa”, dividida ésta a su vez en dos ramas: griega y rusa.

Por su parte el profesor Samuel Phillips Huntington, en su artículo The Clash of Civilizations?, publicado en la revista Foreign Affairs, hizo saltar las alarmas sobre la futura guerra de las civilizaciones, manteniendo el mismo criterio que Toynbee respecto a las civilizaciones cristianas y cayendo en el mismo error con respecto a las islámicas: arábica e iránica.

El mundo musulmán, más que en diferencias étnicas, se ha decantado por las religiosas, y de esta forma las facciones sunnitas y chiítas, son la que se enfrentan entre sí y a su vez son enemigas del Occidente Cristiano. De forma muy general se podría identificar a la religión sunnita con la civilización arábica y la chiíta con la iránica, demostrándose la primera mucho más virulenta y la que mayor odio genera contra la civilización occidental.

En este sentido, Rusia se encuentra protegida de las “iras” yihadistas y de otras facciones sunnitas, por las repúblicas islámicas iraníes que la aíslan en el flanco sur, todo consiste en mantener buenas relaciones con Irán y sus aliados, entre ellos la Siria de Hafez al Assab.

China protege a su vez el flanco este de Rusia, y puede llegar a formar una alianza estratégica. China tiene en su interior problemas religiosos similares a los de Rusia, por lo que el intercambio de información puede ser beneficiosa para ambos, teniendo en común que sus pobladores son turcomanos, de difícil radicalización religiosa o chiíta, esta última de relativamente fácil convivencia.

¿Qué puede ocurrir para Europa, Estados Unidos y demás aliados occidentales? ¿Estamos abocados a una situación como la que desembocó en la II Guerra Mundial? ¿Está en peligro la civilización Cristiana Occidental? ¿Cuáles son nuestros enemigos internos y externos? ¿Estamos aplicando terapias comunes en los países que formamos parte de esa civilización? Demasiados interrogantes, necesitados cada uno de ellos de un desarrollo pormenorizado.

 


Fuente: Rafael Vidal
Fecha: 2014-09-03

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