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Seguridad Colectiva y Defensa Nacional.

 

 Expertos

Rafael Vidal Delgado

Coronel de Artillería(R)
Diplomado de Estado Mayor
Doctor en Historia por la Universidad de Granada

Diplomado y profesor del Master Ejecutivo en Dirección de Seguridad Global (MEDSEG)
Diplomado y profesor principal del Master Ejecutivo en Dirección de Sistemas de Emergencia (MEDSEM)
Asesor de Planificación Estratégica de Belt Ibérica, S.A.

BELT IBÉRICA S.A.
rvidal@belt.es

Cataluña: ¿el calvario de España? y ¿qué hacemos con los otros?


“Abrigamos la persuasión íntima de que todas las causas de la miserable suerte que aflige a nuestra pobre España, pueden referirse a una: ¡La ignorancia! De ella nacen, por un lado, el fanatismo y la intolerancia; por otro la perversidad y el engaño” (1). Así escribía en su prólogo, al que titula “Nuestro propósito”, el autor de estas líneas, diputado a Cortes ordinarias y constituyentes por Navarra.

“… el lento suicidio de un pueblo que engañado por gárrulo sofistas, hacen espantosa liquidación de su pasado, escarnece en cada momento las sombras de sus progenitores y reniega de cuanto en la Historia los hizo grandes” (2).

 

Citas como las anteriores, escritas por eminentes historiadores, pensadores y filósofos, se pueden relacionar a cientos, por no decir miles, desde la unificación política de los reinos en tiempos de Isabel I de Castilla y Fernando de Aragón (II de Aragón y V de Castilla).

 

En febrero de 1810, en la peor crisis existencial de España (aunque no se denominara políticamente de esta manera), se inician las Cortes de Cádiz, las cuales aprueban se promulga en nombre del Rey la Constitución de 1812, la cual en el discurso preliminar del texto se expresa “Constitución para la Nación española”, para referirse en su artículo 1 que “La Nación española es la reunión de todos los españoles de ambos hemisferios”, y en su artículo 10, recoge que “El territorio español comprende en la Península con sus posesiones e islas adyacentes, …, Cataluña, …”. Sería tedioso relacionar los procuradores a cortes participantes, todos ellos designados, de acuerdo con las peculiaridades de sus territorios y todos aceptaron de forma unánime este texto, tal vez el más claro de toda la historia constitucional española.

 

Vivimos en España una situación que no es nueva, ya existieron situaciones similares con Felipe IV, Felipe V, 1ª República, Alfonso XII, 2ª República y Felipe VI, parece como si los caprichos de la historia, quisiera que los monarcas “felipes” sean los que superen las mayores dificultades.

 

Los historiadores y cualquier ciudadano, con un poco de conocimiento de la historia de España, se encuentra estupefacto ante la “ignorancia” y el “engaño”, al que sus homónimos catalanes presentan la historia de su región/comunidad/nacionalidad o nación, como la quieran llamar. ¿Cómo no se les cae la cara de vergüenza al saber que están mintiendo?, y “mentir” es no decir la verdad con el único propósito de engañar.

 

Si nos referimos a los políticos catalanes que han promovido un acto de “sublevación contra la soberanía nacional”, de acuerdo con nuestras leyes es un delito de “alta traición”, que es la cometida contra la soberanía, la seguridad o la independencia del Estado. Puede parecer muy fuerte la expresión y es probable que haya que atemperarla con determinadas atenuantes, pero desde luego la actitud de bastantes de los gobernantes de Cataluña, dan pie a que la Fiscalía General del Estado, inicie una causa contra ellos, porque en caso contrario no seríamos un “estado de derecho”. ¿Qué ocurre si un ciudadano se declara insumiso y no paga los impuestos que le corresponden?, vemos natural que lo juzguen y lo metan en la cárcel. ¿Qué es lo que ha hecho el gobierno de la Generalidad de Cataluña?: declararse insumisa de las leyes españolas, entre ellas la más importante, la Constitución de 1978, no solamente contra ella, sino hasta con la interpretación que de la letra ha hecho el Tribunal Constitucional.

 

Fernando VII, primeramente apodado como “el Deseado” y posteriormente como “Felón”, es un poco el paradigma absurdo de algunos líderes políticos y de algunas corrientes ideológicas que en el mar revuelto de la crisis de valores que padecemos se mueven en la sociedad como peces en el agua, devorando a cuantos “animales” pequeños y bienintencionados viven en el mismo, hasta que se hacen grandes y omnipotentes, imponiendo su perversa ideología, pasando a convertirse de “deseado” a “felón”.

 

Fernando VII impuso durante la década ominosa la dictadura de la idea absolutista, de tal manera que cualquier disidencia era causa de traición. Vemos en la actualidad a determinados individuos “vendiendo” sus ideas, tomando como referencias a naciones que empezaron de la misma forma, como Cuba y Venezuela, y que con el paso de los años, sus líderes solamente pueden gobernar por el terror, declarando traidor y juzgándolo como tal a los que se les oponen. ¿Esto es lo que queremos para España y los españoles?

 

Los comandantes Castro y Chávez iban a “liberar” a los ciudadanos de la corrupción y tiranía de la clase imperante, prometiendo una vida idílica, cincuenta y casi treinta años más tarde la población pasa hambre, los mercados están desabastecidos, nadie quiere invertir, el capital abandona el territorio y un cúmulo total de males, mientras ellos se perpetúan como nuevas dinastías tiránicas.

 

Mientras tanto, los partidos nacionales, siguen con sus trifulcas absurdas, sin reconocer cuáles son los verdaderos problemas de estado, porque al fin y a la postre, lo único que desean es el poder, pero no para “servir” a los ciudadanos, sino a su propios afiliados.

 

España está enferma, su mal no es económico, es social y moral, y mientras no se pongan los pilares en que se basa la convivencia de la nación española y que los mismos queden asentados como cimientos fijos y profundos, nuestra vida en común seguirá siendo como hasta ahora: un caos.


 

NOTAS

 

(1)  OLAVE DÍEZ, Serafín. Reseña histórica y anales comparativo de las Constituciones Forales de Navarra, Aragón, Cataluña y Valencia. Madrid, 1875.

(2)  MENÉNDEZ PELAYO, Marcelino. Dos palabras sobre el centenario de Balmes, 11 sep. 1910 en los Ensayos de Crítica filosófica”. 1918.

 


Fuente: Rafael Vidal
Fecha: 2014-11-20

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