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Seguridad Colectiva y Defensa Nacional.

 

 Expertos

Luis Feliu Bernárdez


General de Brigada
Ejército de Tierra

Características de los líderes del siglo XXI


Artículo cedido por la Revista:


Es probable que se haya escrito mucho sobre las cualidades que debe poseer un buen jefe, líder, director o comandante de unidad. Los expertos en el «coaching» de dirección explican a sus alumnos las numerosas cualidades personales y con relación al grupo, a la colectividad que debe atesorar un buen «jefe». Sin embargo, no creo que se deba encasillar a un líder en una lista de cualidades, en un catálogo, ni incrustarlo en un marco limitado. Para unos la lista será incompleta, para otros demasiado exhaustiva y para los demás cada año se descubre otra cualidad necesaria en el siempre cambiante escenario global u otra que ya no es necesaria, incluso el marco de referencia es cambiante.

Es por ello que deberíamos ver más allá y analizar algo más que un catálogo de cualidades buscando valores más permanentes, no me atrevería a decir inmutables. En esa lista de cualidades no se destacan lo que para mí son realmente esos «valores» esenciales que debería atesorar un buen jefe, un buen líder. En mi opinión, después de casi cuarenta años de servicio, esos valores serían la Ética, la Ejemplaridad, la Generosidad y el Sentido Común. Lo cierto y verdad es que de entre ellas la que debería ser más valorada es la Ética. La ética y el liderazgo, la ética y el ejercicio del mando y la dirección, la ética en el uso de la autoridad conferida, la ética en fin en la toma de decisiones. Estos aspectos de la ética deberían ser estudiados en escuelas, universidades y academias. El liderazgo sin valores y principios no tiene autoridad moral para ser ejercido, por ello la Ética se sitúa como el valor principal en mi particular lista.

Empezaré por referirme a la Ética como la capacidad del ser humano de valorar sus decisiones libres como buenas o malas, correctas o reprobables, de acuerdo con un conjunto de reglas, valores, principios o ideales que, en nuestro caso, compartimos con los de las sociedades democráticas. En nuestros días es muy popular ver la inclusión de un código ético en las grandes empresas para regular la toma de decisiones y la forma de actuar de su personal. Es posible que, en algunos casos, sea más una campaña de imagen que un profundo convencimiento de su exigencia, pero de cualquier modo es una referencia. Ese código ético pretende, principalmente, inculcar en los miembros del grupo, equipo, empresa, unidad, el valor de que en el ejercicio de la responsabilidad no vale todo, que por encima de todo hay que hacer lo correcto, no lo conveniente, que el fin no justifica los medios y además, como decía el código de los caballeros medievales, que hay que decir siempre la verdad aunque te cueste la vida, en nuestros días cambiemos la vida por el honor, o si me permiten recuperar una palabra en desuso, el «decoro» que no es sino el honor y respeto que se debe a una persona por sus hechos.

Las Fuerzas Armadas tienen, desde tiempo de Carlos III, las Reales Ordenanzas como código ético y de conducta, y han venido siendo actualizadas adecuadamente. Sin embargo, es difícil articular la ética, la ejemplaridad, la generosidad, y no digamos el sentido común, en un código de conducta. Esos valores, que no cualidades, no son fáciles de aprender si no se tienen en el acervo moral personal, pero deberían ser exigibles. En mi opinión, aquel que considera que el fin justifica los medios, que es preciso hacer lo conveniente y no lo justo, que no dice la verdad o que difícilmente sabe escuchar, valorar y considerar las opiniones de los demás, por muy diferentes que sean de las suyas, no puede ser un buen líder en la actualidad y desde luego en el futuro.

Antes de proseguir, parémonos por un momento en las citadas listas o catálogo de «cualidades personales» de un jefe, en las que coinciden la mayoría de los expertos en selección de personal o formación de directivos; permítanme destacar de la lista la Lealtad con los fines, valores y principios de la entidad, la Determinación en conseguir el objetivo final propuesto, la Perseverancia o tesón en mantener el compromiso personal, el Coraje, o valor para asumir riesgos, la Aptitud teórica y experiencia práctica, o capacitación, la Actitud, empatía y creatividad y por último, la Inteligencia emocional. Sin embargo, yo creo que estas cualidades personales son exigibles, hoy en día, a cualquiera que trabaje en un equipo en cualquier empresa pública o privada, organismo o institución y que tenga alguna responsabilidad por mínima que sea. Es decir son exigibles al jefe al igual que para cualquier otro miembro del grupo o equipo, por lo que no son propias o exclusivas del líder, ni sirven por si solas para seleccionarlo.

Para los expertos en selección de personal, las cualidades personales citadas no son suficientes y aparece otra lista de cualidades que parece son exigibles en el jefe en su interacción con el grupo; yo destacaría el Trabajo en equipo, la Adaptación, o no tener temor al cambio, flexibilidad, adaptabilidad, el Sentido de la Oportunidad, o aprovechar el momento para actuar en la dirección adecuada, la Comunicación interpersonal, interna y externa y la Prioridad en el objetivo final sorteando objetivos menores o sin importancia que bloquean o impidan la progresión. Al igual que en las cualidades personales, todas estas cualidades de grupo no afectan solo a los líderes sino que deberían encontrarse en todos los miembros del grupo o equipo y en ese ámbito es donde deben desarrollarse. Son cualidades del grupo no solo del líder.

Las cualidades personales y las cualidades de grupo que he mencionado parecen, como dije, un catálogo y quizá son demasiado exigentes para personas normales que por distintas circunstancias han llegado a posiciones de dirección de un equipo, unidad u organización. Yo creo que pretender buscar a líderes o jefes que reúnan todas estas cualidades no es sensato, de poco sirve el catálogo de cualidades para ello. Es posible que determinados individuos tengan algunas y que incluso puedan adquirir otras con el tiempo, pero lo importante es que en el equipo, en el grupo se puedan encontrar todas o la mayoría. Insisto, todas esas cualidades hay que encontrarlas no solo en el líder, sino en el equipo, grupo o unidad. La «suma de todas las cualidades del equipo incluido el líder» es lo que tiene potencial. Es la suma de todos lo que produce valor añadido, la adición se convierte entonces en multiplicación, por eso es tan importante la selección de personal en todos los niveles. Por consiguiente, una de las primeras misiones del líder es descubrir en que cualidades destaca su personal, conocer a su equipo, a su unidad y una vez que estén identificadas y valoradas, saber coordinarlas, hacer que funcionen como un mecanismo bien engrasado colocando a cada cual en el puesto donde mejor provecho se saque a sus cualidades.

Dejando a un lado la lista o catálogo de cualidades que deben poseer todos los individuos y el grupo o colectividad, fijémonos en cómo debería actuar el líder. Vemos que el líder es dinámico, el líder se comunica, se interrelaciona, influye, estimula, impulsa, hace converger los esfuerzos individuales en el objetivo a alcanzar. Pero estos son cometidos, no cualidades ni menos valores, que el líder debe asumir y ejercer en su forma de dirección. Son cometidos que están incluidos en la «job description» del jefe y es por tanto la forma normal de su trabajo. Esta forma si se puede aprender, ejercitar.

Sorprendentemente, la mimesis en la naturaleza nos proporciona un ejemplo claro de líder en el pájaro guía de una bandada que vuela en una dirección determinada. Para «hacer que el equipo, el grupo funcione», el jefe solo tiene que actuar como ese «pájaro líder de la bandada» que aporta el «saber hacia dónde se va y el camino que hay que tomar», eso proporciona confianza al equipo, a la unidad. A esa cualidad única y esencial, es decir, saber el objetivo a alcanzar y llevar a todos por el camino correcto, yo la uniría a los valores que establecía al principio del texto: Ética, Ejemplaridad, Generosidad y Sentido Común.

En definitiva, tener claro cuál es el objetivo, cómo alcanzarlo mediante acciones adecuadas y actuar en el camino con ética, ejemplaridad, generosidad y sentido común en la toma de decisiones es, para mí, lo deseable y exigible en un buen líder, el equipo aportará lo demás. Sin embargo, teniendo en cuenta que la ética, la ejemplaridad, la generosidad y el sentido común no se pueden enseñar, pues son valores que se tienen o no y que detectar a los potenciales y verdaderos «pájaros líder», es decir a los que tienen capacidad de liderazgo, no es nada fácil, nos encontramos con la clave de bóveda de la arquitectura de selección de los líderes de cualquier organización. Quizá por eso, los encargados de selección de personal o los jefes de unidad prefieren disponer de un catálogo de cualidades personales objetivas que puedan ser evaluadas. Es más sencillo desde luego y quizá necesario, pero para mí no es en absoluto suficiente.

En resumen, el líder, el jefe que acredita los valores que me he permitido sugerir como esenciales: Ética, Ejemplaridad, Generosidad y Sentido Común y a esto le une capacidades como la de Liderazgo, Análisis y Rapidez en la toma de decisiones en un escenario de incertidumbre, de cambio permanente y de constante adaptación será, definitivamente, el líder que requieren las unidades, estructuras y organismos del siglo XXI. Los procesos para seleccionarlos deberían ser establecidos de forma adecuada y lo primero y principal es que aquellos que deban seleccionar, en primer lugar los jefes de unidad, equipo o grupo, deberían tener estos valores y capacidades, si no parece difícil llegar a identificarlos.

Sin embargo, ahí no termina todo para el jefe. Las nuevas tecnologías han aumentado la capacidad de control mediante el intercambio inmediato de información, lo cual es muy positivo, pero por otro lado y debido al gran volumen de intercambio también se puede fomentar la superficialidad en el análisis y hasta la confusión en la toma de decisiones. Además, la comunicación vía email, twit o whatsapp ha sustituido en muchos casos el diálogo y la comunicación interpersonal en el proceso de toma de decisiones. Muchos líderes están sobrecargados de información y eso les puede distraer y no profundizar en lo realmente importante. Separar el grano de la paja pasa a ser un cometido fundamental y a veces casi imposible. Además, la dispersión, la falta de concentración en lo relevante puede minar la adecuación de la decisión, la fuerza del pensamiento y la idea definitiva y esto le puede suceder a cualquier miembro del equipo y naturalmente al jefe. La capacidad de análisis y el sentido común es clave en ese escenario.

En efecto, en ese escenario de incertidumbre y cambio continuo, que es lo habitual en la toma de decisiones para el líder en el siglo XXI, se cuenta con todas las tecnologías de información, de comunicación, de análisis, de prospectivas, de modelos matemáticos para la toma de decisiones, incluso de sistemas de inteligencia artificial cada día más sofisticados.

Sin embargo, toda esa tecnología no podrá sustituir nunca a los valores que he citado para alcanzar sin desviarse el Objetivo o Fin mediante un acendrado amor a la responsabilidad y capacidad de decisión.

Para finalizar, estoy convencido que los líderes, los jefes de unidad en este siglo XXI deberían ser seleccionados en virtud de «los Valores» de Ética, Ejemplaridad, Sentido Común y Generosidad y «las Capacidades» de Liderazgo, de Análisis y de Toma de Decisiones. Ambos representan lo que yo llamaría la «cultura del líder». En cuanto a las jóvenes generaciones, quizá las más preparadas y capacitadas de la historia, pero probablemente las menos cultas, soy consciente que es un reto seleccionar a los mejores en virtud de los valores indicados. Como parte de la capacitación o de la aptitud para desempeñar un determinado puesto, la preparación técnica, táctica, militar, científica, humanística, filosófica, histórica y la instrucción y adiestramiento representan la condición necesaria, pero no suficiente para un buen jefe, un buen líder. Sin atesorar los valores y adquirir las capacidades esenciales que he mencionado, en definitiva, sin tener en el acerbo personal la «cultura del líder» no se puede llegar a ser un buen jefe en este convulso siglo XXI que apenas acaba de mostrar sus peores facetas.

Suplemento Temático: Los nuevos retos del Director de Seguridad

 


Fuente: Revista Ejército
Fecha: 2015

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